HALF_BANNER_DULCERO

¡Cuidado con la angina de pecho!

Una emoción muy fuerte, un esfuerzo extraordinario, un cambio repentino de clima y ¡hasta una pesadilla!, pueden ser la causa de angina de pecho o angor, enfermedad que altera el buen funcionamiento del corazón.

En términos generales, la angina de pecho es un dolor torácico transitorio o una sensación de presión que se produce cuando el músculo cardiaco no recibe suficiente oxígeno. Recordemos que las necesidades que tiene el corazón de este elemento dependen del esfuerzo que debe realizar (es decir, la rapidez con que late y la fuerza de cada latido), ya que tanto los esfuerzos como las emociones aumentan la actividad del órgano cardiaco y es por ello que necesita más oxígeno. Ahora bien, cuando las arterias se hacen más estrechas o existe una obstrucción que impide el aumento del flujo de sangre al músculo cardiaco para satisfacer la mayor necesidad de oxígeno, se puede producir isquemia y, en consecuencia, dolor.

Cabe destacar que el padecimiento que nos compete se clasifica de la siguiente manera:

Variante. Es provocada por un espasmo (vibración) de las grandes arterias coronarias que recorren la superficie del corazón. Se llama variante porque se caracteriza por la aparición de dolor en reposo, no con el esfuerzo, y por la existencia de ciertos cambios en el electrocardiograma (ECG) en el curso del episodio de angina.

Inestable. Debido a que las características de la angina en cada persona son por lo general constantes, cualquier cambio es importante (como un dolor más fuerte, ataques más frecuentes o que se producen con menor esfuerzo físico o durante el reposo). Estos cambios en los síntomas reflejan una rápida progresión de la enfermedad debido a un aumento de la obstrucción de una arteria coronaria o por la formación de un coágulo. Por eso el riesgo de sufrir un infarto es elevado.

Orígenes
La angina de pecho es considerada una más de las enfermedades de las arterias coronarias (las responsables de llevar la mayor carga de sangre al corazón), en la que resulta común que haya acumulación de depósitos de grasa en las células que las revisten, y, en consecuencia, obstrucción del flujo del vital líquido. En otros casos, la irrigación sanguínea puede verse afectada por una anomalía de la válvula aórtica, o bien, por un espasmo arterial, es decir, el estrechamiento repentino de una arteria.

¿Cómo se diagnostica?
Se realiza a partir de la descripción de los síntomas por parte del paciente, ya que entre las crisis e incluso durante ellas, la exploración física o el ECG pueden ser poco relevantes o incluso normales. Durante una crisis la frecuencia cardiaca puede aumentar ligeramente, la presión arterial puede elevarse y el médico puede auscultar un cambio característico del latido cardiaco con un fonendoscopio. Habitualmente, pueden detectarse cambios en el ECG, pero éste puede ser normal entre los episodios, incluso en una persona con una enfermedad grave de las arterias coronarias. Cuando los síntomas son típicos, el diagnóstico suele ser fácil. El tipo de dolor, su ubicación y su relación con el esfuerzo, las comidas, el clima y otros factores facilitan el diagnóstico. No obstante, algunas pruebas pueden ayudar a determinar la gravedad de la isquemia (falta de oxigenación) y la presencia y extensión de una enfermedad de las arterias coronarias.

La prueba de esfuerzo, en la que el paciente camina sobre una cinta móvil mientras se registra el ECG, permite la evaluación de la gravedad de la enfermedad de las arterias coronarias y de la capacidad del corazón para responder a la isquemia. Los resultados también pueden ser de ayuda para determinar la necesidad de una arteriografía coronaria o de una operación quirúrgica.

El ecocardiograma de esfuerzo es una prueba en la que se obtienen imágenes del corazón por reflexión de ultrasonidos. La prueba es inocua y muestra el tamaño del corazón, los movimientos del músculo cardiaco, el flujo de sangre a través de las válvulas cardiacas y su funcionamiento. Los ecocardiogramas se obtienen en reposo y tras un ejercicio de máximo esfuerzo. Cuando existe isquemia, se observa que el movimiento de bombeo de la pared del ventrículo izquierdo es anormal.

Mucho cuidado
Los médicos especialistas en enfermedades del corazón (cardiólogos) señalan que el hipertiroidismo (trabajo excesivo de la glándula tiroides), la anemia o la diabetes son enfermedades reconocidas como promotoras de angina de pecho, por lo que es muy importante realizar exploración médica periódica y análisis de sangre para determinar la concentración de lípidos (grasa) en quienes sufren los padecimientos antes indicados, así como tomar radiografías de tórax y electrocardiogramas, en reposo y después de esfuerzo. Estas medidas preventivas deberán complementarse con la disminución de otros factores de riesgo, como son la presión arte-rial elevada (hipertensión arterial), altos niveles de colesterol (hipercolesterolemia) y tabaquismo, entre otros.

Tratamiento

Si la angina de pecho no es grave puede ser tratada (previa consulta médica) con fármacos que evitan que los vasos sanguíneos se contraigan (como betabloqueadores, nitratos y antagonistas del calcio) y otros reconocidos como antiplaquetarios (un ejemplo es el ácido acetilsalicílico), que contrarrestan el avance de los problemas coronarios. Procedimientos como el marcapasos o la angioplastia (cirugía en que se busca destapar las arterias obstruidas) pueden ser útiles en caso que el paciente no responda satisfactoriamente al tratamiento farmacológico.

 Recibe gratis más notas como ésta a tu correo electrónico.

¿Qué opinas de esta nota?

comments powered by Disqus
BANNERS-navidad_001
BOX_BANNER_CAKE_POPS
GUARDAPOLVO