Dales a tus hijos la confianza para triunfar en la vida

Tú puedes ser la mejor porrista de tu hijo, que continuamente le brinde seguridad y confianza… Y ten la certeza de que el niño que tiene como lema de vida “YO PUEDO” será un adulto feliz.

Los padres somos los encargados de darles seguridad y confianza a los niños, y de enseñarlos a andar de manera segura por la vida, a pesar de los errores, los fracasos y las críticas que puedan enfrentar. Sólo con amor, disciplina y haciéndoles notar tanto sus fortalezas como debilidades podemos lograrlo. Lo demás dependerá de ellos mismos.

Bebés que aprenden seguridad

Aun cuando tu hijo sea muy pequeño puedes enseñarle que puede aprender muchas cosas y realizarlas sin riesgo. Esto hará que vaya adquiriendo confianza, primero en las personas que lo rodean y, más adelante, en sí mismo.


 

• Cuida que siempre esté seco, abrigado y alimentado: a tu bebé le da seguridad toda la comodidad que puedas darle. También trata de atender a sus peticiones sin tardanza, de manera que en su mente se grabe el mensaje de que sus necesidades son importantes.

• Establece rutinas en su vida, para que pueda predecir lo que va a suceder. Así, él siente que su vida está organizada.

• Ponle límites claros y consistentes. Para que tenga un desarrollo sano, el bebé necesita saber que hay cosas que sí puede hacer y otras que no le son permitidas, como golpear con enojo. Indícale el camino por donde debe transitar y le estarás dando armas para la vida.

• Muéstrale tu confianza en él: deja que haga por sí solo, o por lo menos que intente hacer, actividades que le brinden autosuficiencia. Anímalo a que alcance su sonaja, que se ponga de pie, que se baje de un sillón o que coma solo de su plato. En estos casos, vigílalo de cerca, para evitar accidentes que además de lastimarlo, dañarían su confianza en sí mismo.

Los “súper niños” de dos y tres años

A esta edad  los niños están muy entusiasmados desarrollando sus habilidades físicas, intelectuales, sociales y de lenguaje. Ellos piensan que son “súper niños”, hasta que problemas como una caída, un helado que se derritió o un niño no quiere compartir juguetes con ellos los hace darse cuenta de su realidad. Es entonces cuando papá y mamá pueden dar apoyo y seguridad. 

• Muéstrale confianza en sus habilidades, por ejemplo, preguntándole: “¿Qué crees que puedas hacer para que Mariana te preste su peluche?” o diciéndole “Te ayudo a intentar de nuevo subirte al columpio y después tú podrás hacerlo solo”. Lo mejor que puedes comunicarle es: “Tú puedes resolverlo”. No creas que es demasiado pequeño para reflexionar y tomar decisiones. A esta edad es capaz de resolver la mayor parte de sus problemas, a su nivel. Déjalo y no trates de resolver todo por él, porque le harás un daño.

• Recuerda que para él es importante explorar el mundo que lo rodea, por lo que debes proporcionarle un lugar seguro en donde pueda jugar. Tu hijo está descubriendo su cuerpo y lo que puede hacer con él: le gusta subir, bajar, saltar, trepar, correr, patear la pelota y mojarse. No limites su curiosidad, sólo cuídalo.

• Fomenta que se reúna con otros niños, ya sean primos o hijos de tus amigas: lo ayudarás a desarrollar habilidades sociales. Lo mejor es que se reúnan dos o tres niños (no más porque se puede volver un caos). Reconóceles lo que hagan bien y destaca las capacidades y fortalezas de cada uno: les dará mucha confianza en sí mismos.

De cuatro y cinco años: empiezan a independizarse

A esta edad los niños están en la etapa del “pensamiento mágico”. No te rías de sus miedos, de sus amigos imaginarios ni de sus fantasías: para ellos son totalmente reales. Sin embargo, tampoco los fomentes en demasía. Sólo trata de respetarlos porque muy pronto él o ella separará la fantasía de la realidad. Si tú ayudas a tu hijo a hacerlo suavemente y con respeto, ganará mucha seguridad.

• Deja que se vista y se desvista solo, se bañe con poca ayuda,
se lave los dientes y vaya solo al baño. Es una manera práctica de enseñarle que puede ir haciéndose responsable de sí mismo y que tú crees que lo hace bien. No seas demasiado exigente con las cosas que realice solo: si quiso tender solo su cama, pasa por alto las arrugas que hayan quedado. Vale más reconocer su esfuerzo y su entusiasmo que tener una cama impecable.

• Pídele que coopere en las labores de casa, como poner los cubiertos. También acostúmbralo a recoger sus juguetes y poner su ropa sucia en su lugar. Además, felicítalo cuando tome la iniciativa.

Los niños de primaria necesitan seguridad

Los pequeños de entre seis y 11 años están viviendo muchísimos cambios: ya van a una escuela formal, a diario tienen tarea y están dominando las matemáticas, el inglés y otras materias. También tienen compañeros con los que deben trabajar y maestras que les exigen cierta madurez. Por eso es una etapa muy importante, en la que deben tener la certeza de que pueden cumplir lo que se espera de ellos.

• Deja que realice su tarea escolar con mínima ayuda y que resuelva los problemas que se le presenten. Recuerda que ya no es un bebé y que debes dejar que cometa errores, porque sólo así aprenderá.

• No decidas cuáles pueden ser sus mejores amigos: deja que él escoja y confía en su inteligencia. Sólo debes intervenir si sientes que tu hijo puede estar en un verdadero riesgo.

Para todas las edades

• En todos los casos evita sobreprotegerlo. Resolverle todo a tu hijo y estar “demasiado” presente en su vida no le ayuda en nada: no aprende a manejar la frustración, siente que en la vida no es necesario hacer ningún esfuerzo porque papá o mamá lo hacen por él, piensa que no es digno de confianza y que tiene poca capacidad de hacer cosas importantes. Guarda tus miedos en un cajón y suéltalo poco a poco.

• Deja que hable por sí mismo. Muchos padres tienen la costumbre de contestar cuando se les pregunta algo a sus hijos: si es tu caso, procura cambiar. Por ejemplo, una persona dice: “¿Cómo te llamas?” y tú respondes: “Dile que te llamas Raulito”, o en la consulta del médico, el doctor pregunta al chico cómo es su alimentación, y te adelantas a contestar por él. Esto es nocivo porque, sin darte cuenta, le estás mandando el mensaje “tú no puedes hacerlo”. 

• Ayúdalo a enfrentar riesgos. Hay padres que hacen hasta lo imposible para que sus hijos no pasen tragos amargos, como decepciones o fracasos, sin darse cuenta que estas experiencias ayudan a los niños a tener fortaleza. Lo importante es enseñarles que no importa cuántas veces caigan, siempre pueden levantarse y seguir adelante.

• Elogia los logros de tu hijo. Siempre pon tu mirada en el esfuerzo que él hace, no tanto en el resultado que alcanza. Hazle saber que admiras su forma independiente y responsable de actuar, sin embargo, también ayúdale a tener los pies puestos en la tierra y reconocer que no es perfecto.

• Escúchalo. Aunque creas que lo conoces más que la palma de tu mano, date tiempo para escucharlo, conocer sus inquietudes y sus cambios de personalidad. Con los niños mayorcitos, tu misión es escucharlos, decirles cuáles son las consecuencias de tomar una decisión y dejar que ellos decidan. Si a pesar de haberles advertido las cosas que pueden pasar, deciden hacer algo, ellos tendrán que “cargar” con el resultado bueno o malo… pero siempre podrán  contar contigo.

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