Lo curativo y hermoso de la relación pasajera que se da entre una ruptura y una nueva pareja.

Tras la horrenda ruptura de una relación de pareja importante, la mayoría de las mujeres igualamos el comportamiento de la loba y otras especies: meternos en lo más profundo y seguro de la cueva para echarnos y lamer nuestras heridas de batalla. Pasa un periodo antes de querer salir de ahí, y sé que no me equivoco si afirmo que esa primera salida no se da todavía con ganas de luchar otra batalla de igual ni parecida magnitud.

Tras terminar mi relación de casi una década, yo moré “en la cueva” unos cuatro meses y, además, no concebía otro que no fuera mi exlobo… La primera vez que salí a bailar con mis amigos ni bailé y cuando “me ligaron” espanté al hombre preguntándole que qué esperaba de mí y si me iba “cobrar” de alguna manera ese trago que me ofrecía en su mesa… en fin, ese día supe que aún no estaba lista para salir de caza (sí, con z).

A menos que la ruptura se deba a que tienes otra persona y que estar con él libremente sea parte de tus motivos, no querrás saber de la palabra novio, marido o concubino por un buen tiempo. Es completamente normal si estás atravesando esto por ahora y firmando en piedra que nunca más volverás a enamorarte y cantando la de “yo no nací para amar, nadie nació para mí” … ok hazlo, pero créeme, en algunos meses cambiarás de parecer…

Pero terminado ese periodo de la cueva (que solo tu calendario interno fijará las fechas), un día en el cumpleaños de un amigo, ¡sucedió! Era yo de nuevo riendo y platicando de otras cosas que nada tenían que ver con mi ex, interesada genuinamente en la plática de mis amigas y, entonces, se acercó quien sería mi sustituto de amor.

Y así de pronto un día recuerdas (y renuevas) esa capacidad que tienes para dar y recibir amor en todas las áreas de la vida.

No hubo chispas, canciones, ni mariposas, pero claro que hubo emoción, química y muchas sonrisas. Al correr del tiempo, un aire renovador cubrió mis días: mensajes nuevos preguntando cómo estoy y buscándome para hacer planes, largas llamadas de noche, yo arreglándome más sexy, regalitos para mi casa nueva; arregló mi computadora, fue mi coach laboral, mi carga-cosas pesadas, compartimos botellas de vino, tuve acompañante de los sábados, pareja de baile y karaoke, y para el vacío de los insoportables domingos en la noche. En el inter, también me devolvió un área que queda lastimada y aparentemente moribunda: la sexual. Y así de pronto un día recuerdas (y renuevas) esa capacidad que tienes para dar y recibir amor en todas las áreas de la vida. Excepto, por ahora, una: la relación seria.

La Señorita Parker del libro “Los Hombres (a veces, por desgracia) siempre vuelven le llama a este tipo de pareja, el novio intermedio, y se refiere “a esos novios que se tienen entre un novio de verdad y otro novio de verdad”.  Y además los enaltece como parte de la receta, entre otros varios pasos que corresponden a una misma para la recuperación de tu corazón roto, cuando todavía no estás lista para una relación más definitiva o establecida.

El sustituto de amor, pareja de transición, novio intermedio, free o como quieras llamarle, es esa relación que se cruza en tu camino de recuperación total tras una ruptura dolorosa, esa que llega en un perfect timmimg, quizá no para quedarse definitivamente ni mucho tiempo (aunque conozco excepciones a esta regla), esa persona que te cruza el estrepitoso río, un balsero que te ayuda a llegar al otro lado hasta que, con terreno firme, vuelves a estar lista para otro grande amor.

A mi parecer, esto no lo hace menos amor ni menos pareja, ni vale menos. Tampoco creo que “lo estés utilizando vilmente”, ni eres banal por permitirte vivirla o dejar que te laman heridas que todavía no sanan por completo. Toda interacción humana toma y da, en este caso tú no estás solamente dejándote querer, también estás queriendo y procurando al otro, aunque sea una manera más medida que antes no conocías y créeme, esto también es un aprendizaje valioso para tu vida amorosa.

 

Lo que sí creo que se debe hacer, y quiero hacer hincapié en ello, es que hay que ser franca con la persona en cuestión para que sepa dónde te encuentras parada en este momento de tu vida, si merecen ese acto de sinceridad y claridad para que ninguno se cree falsas expectativas y, además, no termines sintiéndote exigida o presionada. Si aceptan realmente tus cartas sobre la mesa: ¡adelante! Por fortuna, el mío estaba en las mismas, así que yo fui también su balsera.

 

La funcionalidad de estas relaciones intermedias son devolverte a la vida y al amor, renovarte como persona, acompañarte en un periodo difícil y hacerlo no solo más llevadero, sino agradable. De entrada, quitar tu foco de atención en exclusiva de tu ex. Lo vas a comparar al principio, sí, y algunas batallas las ganará el ex y otras éste… pero eso no se lo digas a ninguno de los dos caballeros, guárdalo… o “cuéntaselo a quien más confianza le tengas”.

 

Estas relaciones intermedias suelen terminar cuando alguno de los dos quiere más o quiere menos de lo que hay, cuando se presenta un nuevo novio intermedio, cuando tu ex regresa, ahora sí, con toda la caballeriza o, simplemente, al llegar al otro lado del río. Pero de nuevo, citando a la Señorita Parker:

 

“Permiten desempolvar las armas y probar de nuevo las alas”