Este post va dirigido para aquella amiga que ha soportado alguna relación tóxica, bien sea en pareja, laboral, familiar o hasta de amistad. Realmente en estos casos sabes con total certeza que no te hace ningún bien, pero simplemente no puedes soltar? Al mirar atrás, con la claridad que solo el tiempo y la distancia ofrecen, la pregunta inevitable asalta tu mente: ¿Cómo fue posible que no vieras antes lo que ahora parece tan dolorosamente obvio y evidente?
Por lo general, cuando esto pasa, reconociste el escenario desdel minuto uno, ¿pero por que a esto siempre se le da largas? En un acto de autopreservación mal entendida, tomaste la decisión de no registrar la información, de no darle validez a esa alarma interna. Lo que hiciste fue tapar o reemplazar esa cruda realidad con la construcción de una elaborada fantasía, alimentada por el anhelo profundo de lo que deseas que sea, el sueño insistente de un desenlace ideal, o la necesidad de un «final feliz» que justifique el tiempo y la energía invertidos.

El famoso autoengaño… ¿Te ha pasado? Freepik
Autoengaño: aquí me quedo, ¿pero te hace bien?
Amiga, cuando caes y te mantienes en un estado de negación, tu diálogo interno se llena de justificaciones y excusas que intentan suavizar lo inaceptable. Te repites frases como que “no es para tanto, solo es una mala racha”, que “nadie es perfecto”, o que “todo el mundo tiene algún defecto”.
La esperanza se convierte en tu verdugo silencioso y vuelvo y te repito, este es el peor enemigo de todas nosotras. Realmente te convences de que si haces un poco más de esfuerzo, si tienes una dosis extra de paciencia, si él o ella finalmente «cambia», si tu jefa te reconoce o si tu madre, por fin, «reacciona» y se da cuenta de tu valor, entonces, y solo entonces, las cosas mejorarán. El problema fundamental es que, en la mayoría de estos casos, las cosas no mejoran. Simplemente se estancan en un patrón de sufrimiento repetitivo.
Y mientras sostienes firmemente esa tenue y vana esperanza, mientras te aferras con uñas y dientes al «y si…», te vas apagando lentamente. Tu brillo se reduce, tu energía se agota y tu verdadera esencia queda silenciada bajo el peso de la expectativa no cumplida. La negación, aunque parezca un cálido y confortable refugio momentáneo, es, en esencia, una trampa psicológica devastadora.
Y es aquí donde te observas girando entre tu propio eje, en un callejón sin salidas, obligándote a justificar lo que es objetivamente inaceptable y a entregar tu valiosa energía vital a vínculos o contextos que ya te han mostrado su naturaleza, su incapacidad de cambio o su toxicidad intrínseca.

La fase de la negación es la más completa. Te decimos cómo salir de esto. Foto Freepik
Cuando la situación te supera
Incluso cuando declaras abiertamente que estás exhausta, que la situación te ha superado y que no puedes más, sigues permaneciendo en el mismo lugar, inmovilizada por un miedo más grande. La verdadera dificultad, la que te paraliza, no es admitir que a tu pareja le da absolutamente igual cómo te sientes —algo que ya le has dicho miles de veces—, que tu madre carece de la capacidad de empatía para ver tu dolor, o que tu jefe ya ha decidido, sin importar tu desempeño excepcional, que no te dará esa promoción que tanto mereces.
Aceptar la realidad de estos hechos sería enfrentarse al colapso total de esa fantasía que has construido con tanto esfuerzo y, peor aún, sería renunciar de manera definitiva al anhelado «final feliz» por el que tanto has estado luchando y sacrificando.
A menudo, lo que verdaderamente te retiene en el estancamiento no es una genuina expresión de amor o un firme compromiso real, sino un profundo y visceral miedo a la soledad.
Es el pánico a ver que esa persona jamás podrá darte lo que tan desesperadamente necesitas, a aceptar la realidad de que ese puesto de trabajo nunca evolucionará hacia lo que deseas, y, de forma más dolorosa, a reconocer que estás tocando repetidamente las puertas equivocadas, pidiendo afecto o reconocimiento a quien simplemente no tiene la capacidad o la voluntad de dártelo.
Y a que no sabes, he aqui el graaan error, basicamente se enfoca en el miedo a reconocer que has idealidado o priorizado algo que no existe, solo en tu mente. Si, esto es duro, pero es necesario que lo reconozcas, y para eso, estás en este post.

¿Por cuántas relaciones tóxicas has pasado? Freepik
Miedo a la soledad, dependencia emocional y negación
Y justo debajo de ese miedo paralizante, existe un factor que rara vez se identifica: un beneficio secundario sutil, pero poderoso. Este beneficio radica en no tener que hacerte cargo de ti misma de manera plena. Mientras te quedas, no tienes la obligación de asumir la plena madurez emocional, ni de sostener el vacío que genera la pérdida sin precipitarte a llenarlo con distracciones superficiales, ni mucho menos de tomar las inevitables y dolorosas decisiones difíciles que el cambio requiere. El autoengaño te permite delegar tu responsabilidad.
Desde esta perspectiva, la cruda verdad es que quedarte te resulta más cómodo y menos aterrador, a corto plazo, que la tremenda responsabilidad emocional de tener que irte, de cortar el lazo y de empezar de nuevo. La dependencia emocional no es solo hacia la persona o la situación, sino hacia la narrativa que has creado para protegerte del dolor.

¿Miedo a soltar? Tienes que tener maurez emocional para poder avanzar. Freepik
Empieza a sanar
Sin embargo, en el camino hacia la sanación y el crecimiento personal, no hay nada que cure y libere más profundamente que ver y aceptar la realidad tal como es, sin adornos ni justificaciones. Este proceso requiere despedestalizar a la persona, la relación o la situación que has sobrevalorado. Implica el acto de soltar la fantasía del «final feliz» y aceptar lo que hay, incluso si la verdad es amarga y duele intensamente.
Este dolor de la verdad desnuda, aunque punzante, es paradójicamente infinitamente más liberador que el sufrimiento crónico y estéril de la negación.
Aceptar lo real te obliga a iniciar un necesario duelo. Debes llorar y despedir la historia que soñabas tener y que nunca se materializará, el reconocimiento que esperaste y que no llegó, la familia funcional o la relación perfecta que no fue posible.
Pero, ¿sabes algo? Despues de toda esta tormenta, llega finalmente una recompensa increible, algo que no tiene precio y debes cuidar por encima de todo: TU PAZ INTERIOR. Es justo esa paz inmesa y calmada que solo reside en la certeza de haber enfrentado la realidad y haber elegido, por fin, tu propio bienestar y tu camino hacia la madurez emocional. La sanación comienza cuando el autoengaño termina.
Este tema es un punto de quiebre para muchas de nosotras, ¿por qué?, aún satanizamos el hecho de necesitar ayuda profesional, pensamos en que podemos sola, nos aislamos para no generar choques de comentarios mal sanos, entre muchas otras cosas. Sin embargo, en Kena siempre vamos a promover la salud mental y lo importante y vital que es invertir en ella.

Siempre llega el momento de paz, ¡disfrútalo! Freepik
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