En el complejo mundo de las relaciones modernas, existe una línea invisible que determina nuestra paz mental: los límites. Para la mujer Kena, que equilibra roles de profesional, amiga, pareja y muchas veces cuidadora, la palabra «no» suele cargar con un peso de culpa innecesario. Sin embargo, entender la psicología detrás de los límites suaves vs límites rígidos es la llave maestra para una vida más equilibrada y una salud mental inquebrantable.
Poner límites no es levantar un muro de concreto alrededor de nuestro corazón; es, en realidad, definir dónde termino yo y dónde empiezas tú. La asertividad es la capacidad de comunicar nuestras necesidades de manera clara y respetuosa. Muchas de nosotras hemos crecido bajo la premisa de que «ser buena» significa estar siempre disponible, pero la falta de fronteras claras solo conduce al agotamiento emocional o burnout.
Límites suaves: El peligro de la permeabilidad
Los límites suaves son aquellos que se doblan con demasiada facilidad. Es cuando decimos «sí» a un proyecto adicional en el trabajo aunque estemos saturadas, o cuando permitimos que un familiar haga comentarios fuera de lugar solo por «no crear conflicto».
El problema de mantener límites demasiado porosos es que terminamos sintiéndonos utilizadas o invisibles. La empatía mal entendida se convierte en una puerta abierta para que los demás decidan sobre nuestro tiempo y energía.
No se si te ha pasado, pero a mi me pasó que en un antiguo trabajo me pedía reportes un domingo por la tarde, y yo por miedos me forzaba a sonreír y responderle a sus peticiones, pero en el fondo sentía que mis horas de descando y espacio personal no tenían valor, ¡grave error! Este es el ejemplo de un límite suave que necesita ser forzado.
Límites rígidos: El aislamiento como defensa
En el extremo opuesto encontramos los límites rígidos. Estos aparecen cuando, tras haber sido lastimadas o invadidas, decidimos cerrar todas las puertas. Una mujer con límites rígidos evita la vulnerabilidad a toda costa, se aleja de las personas ante el menor desacuerdo y utiliza el «no» como un escudo defensivo más que como una herramienta de gestión.
Si bien estos límites protegen, también aíslan. La comunicación se vuelve fría y las relaciones pierden la profundidad y la conexión emocional que tanto valoramos.
El equilibrio ideal: Límites sanos y flexibles
La clave del éxito reside en encontrar el punto medio. Un límite sano es aquel que es firme en sus valores pero flexible en su ejecución. Es saber decir: «Te quiero y me importa lo que sientes, pero en este momento no puedo ayudarte con esto».
Cuando comparamos límites suaves vs límites rígidos, notamos que la flexibilidad nos permite ser empáticas sin dejar de ser fieles a nosotras mismas. Es la diferencia entre ser una alfombra sobre la que todos pasan o una fortaleza inalcanzable; lo ideal es ser una casa con puertas y ventanas que tú decides cuándo abrir.
Estrategias prácticas para mejorar tu comunicación asertiva
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Identifica tus zonas de resentimiento. Si sientes enojo después de decir «sí», ahí es donde hace falta un límite.
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Usa frases en primera persona. En lugar de decir «Tú siempre me pides cosas», intenta con «Yo me siento abrumada cuando se me asignan tareas de último minuto».
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La pausa es tu mejor amiga. No respondas de inmediato. Un «Déjame revisarlo y te confirmo» te da espacio para evaluar si realmente quieres o puedes comprometerte.
La familia es, a menudo, el terreno más difícil. Aquí los roles están muy arraigados y romper con la dinámica de «siempre disponible» puede generar resistencia. La clave aquí es la repetición y la calma.
Hacer entender a mi entorno que las reuniones familiares son era el lugar mi el momento para críticas sobre mi vida, fue bastante complicado. Mi frase asertiva fue: «aprecio mucho tu preocupación pero no busco opiniones externas que alteren lo que me hace feliz y realizada en este momento». Fue repetitivo y desagradable pero al final, lo valió. ¡La constancia es lo que valida el límite!
En el trabajo, los límites protegen tu carrera. Una mujer que sabe decir no de manera estratégica es vista como alguien que valora su tiempo y conoce sus prioridades. No se trata de ser negativa, sino de ser eficiente. Al diferenciar límites suaves vs límites rígidos en la oficina, aprendes a delegar y a enfocarte en lo que realmente aporta valor.
El papel de la autocompasión
Aprender a decir no sin perder tu esencia requiere práctica y, sobre todo, mucha autocompasión. Habrá días en los que cedas más de lo debido y otros en los que seas demasiado dura. Lo importante es reconocer que establecer límites es un acto de amor propio, no de egoísmo.
Cuando tú te respetas, enseñas a los demás cómo deben tratarte. Este es el verdadero enfoque de la mujer Kena: líder de su propia vida, empática con los demás, pero protectora feroz de su bienestar.
Tu energía es tu recurso más valioso
Al final del día, tu energía es limitada. Decidir dónde la inviertes es tu derecho más fundamental. Al dominar el arte de los límites suaves vs límites rígidos, no solo mejoras tus relaciones, sino que recuperas el control de tu narrativa personal.
Recuerda: un «no» a algo que no deseas es un «sí» rotundo a ti misma, a tu descanso y a tu paz mental. Empieza hoy con algo pequeño y observa cómo tu entorno comienza a transformarse.
Ese primer día cuando decidí colocarle modo avión a mi teléfono, sentí un vacío enorme, pánico y cierta adicción de querer activarlo. Pero lo hice como terapia interna, me dormí y cuando desperté al día siguinte me sentí renovada y con la mente clara. Comprendí que el límite no era dejarlos a ellos, sino para encontarme conmigo misma.
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