Las cifras muestran avances: hoy hay más mujeres liderando equipos, empresas y proyectos que hace una década. Sin embargo, detrás de ese progreso visible persiste una realidad menos optimista: las mujeres siguen enfrentando barreras estructurales para acceder y mantenerse en posiciones de poder.
Marzo se llena de titulares, paneles y campañas corporativas con imágenes de liderazgo femenino, pero no debemos olvidar que esta lucha debe ser todo el año, y debemos visibilizar a las mujeres todo el año.
Más allá de los números, “el desafío no es sólo llegar a posiciones directivas, sino navegar un entorno donde persisten sesgos, expectativas contradictorias y cargas adicionales, por lo que contar con herramientas de liderazgo que permitan a las mujeres avanzar bajo este contexto es sumamente importante”, explica Nora Taboada, fundadora de AFE-Liderazgo Consciente y autora de Felicidad Activa.
Algunos estudios han identificado el fenómeno del “acantilado de cristal”, donde las mujeres son promovidas a puestos de liderazgo en momentos de crisis organizacional, cuando el margen de error es menor y la presión es mayor.
A nivel global, el Global Gender Gap Report 2024 del World Economic Forum indica que solo alrededor del 32% de los puestos de liderazgo senior están ocupados por mujeres.
A esto se suman sesgos inconscientes en los procesos de promoción. Diversos análisis publicados en Harvard Business Review han documentado que las mujeres líderes suelen enfrentar evaluaciones contradictorias: cuando son firmes pueden ser consideradas “difíciles”, y cuando muestran empatía pueden ser percibidas como “poco fuertes”.
Otro factor clave es la doble jornada. Según ONU Mujeres, las mujeres realizan cerca de tres veces más trabajo de cuidados no remunerado que los hombres a nivel global, lo que impacta directamente en su disponibilidad para asumir mayores responsabilidades profesionales.

Liderazgo femenino
¿Qué pueden hacer las mujeres líderes ante este contexto?
Enfrentar estas barreras no solo implica esperar cambios estructurales, sino también desarrollar herramientas estratégicas para navegar el entorno profesional, es por ello que Nora Taboada comparte consejos clave para enfrentar esta realidad:
- Construir visibilidad profesional. No basta con hacer bien el trabajo. Es importante comunicar resultados, participar en proyectos estratégicos y posicionarse en espacios donde se toman decisiones.
- Desarrollar una autoridad auténtica. Intentar adaptarse a estereotipos suele generar desgaste. Un liderazgo claro, coherente y con límites definidos ayuda a generar respeto y credibilidad.
- Crear redes de apoyo y tener mentores. Las redes profesionales siguen siendo uno de los factores más influyentes para avanzar en la carrera. Contar con mentores dentro de la organización puede abrir oportunidades clave.
- Aprender a gestionar la carga mental. Delegar, priorizar y establecer límites claros es fundamental para sostener el liderazgo sin comprometer el bienestar personal.
El liderazgo femenino ha avanzado de manera significativa en los últimos años, pero las cifras muestran que las barreras estructurales aún no han desaparecido. El techo de cristal, los sesgos en la evaluación del liderazgo y la carga desproporcionada de responsabilidades siguen influyendo en la trayectoria profesional de muchas mujeres.
“El reto hacia adelante no es solo aumentar el número de mujeres en puestos directivos, sino crear condiciones donde puedan ejercer liderazgo con legitimidad, equilibrio y oportunidades reales de crecimiento. Porque el verdadero cambio no se medirá solo en cuántas mujeres llegan a la cima, sino en cuántas pueden permanecer y liderar con plenitud”, concluye Nora Taboada, fundadora de AFE-Liderazgo Consciente.

Techo de cristal
Liderazgo con propósito, más allá del techo de cristal
El ascenso femenino en el mundo corporativo no puede ser una carrera de obstáculos solitaria. Si bien las cifras del Global Gender Gap Report nos ubican en un 32% de representación en cargos senior, la verdadera métrica del éxito no es la ocupación de una silla, sino la libertad para ejercer el mando sin mimetizarse con modelos masculinos obsoletos.
Para la mujer actual, el reto es desarticular el «síndrome de la impostora» que muchas veces es alimentado por ese acantilado de cristal. No se trata de ser «supermujeres» que lo pueden todo, sino de ser líderes estratégicas que saben que su energía es un recurso limitado. La sostenibilidad de nuestro liderazgo depende de tres pilares disruptivos:
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La negociación de la corresponsabilidad. No podemos hablar de éxito profesional sin transformar el hogar. La «doble jornada» se combate exigiendo una distribución equitativa de los cuidados; el liderazgo empieza por casa.
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El poder del «No» estratégico. Para evitar el agotamiento, debemos aprender a rechazar las «tareas domésticas de oficina» (organizar eventos, tomar notas) que a menudo se asignan por sesgo de género y no suman a nuestra visibilidad.
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Sororidad como activo. Romper el techo de cristal es más fácil si lo golpeamos juntas. Crear redes de mentoría no es solo un acto de generosidad, es una estrategia de supervivencia y ascenso colectivo.
Liderar hoy es un acto de resistencia y autenticidad. El objetivo final es que ninguna mujer tenga que elegir entre su ambición y su paz mental.
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Empoderamiento profesional
Fuente: Nora Taboada, modificado por Mariel Gadaleta
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