La Organización Mundial de la Salud afirma que al envejecer pueden aparecer varios estados de salud complejos que suelen presentarse solamente en las últimas etapas de la vida y son denominados Síndromes geriátricos. Uno de ellos es el Síndrome de fragilidad.

Parece que de 7% a 10% de los adultos mayores están en riesgo de ser frágiles. Y a partir de los 85 años este porcentaje se incrementa a más de 30%. El apoyo de familiares y amigos es importante, porque las personas que envejecen solas se deterioran más rápido.

Por eso consultamos al Dr. Melchor Rivera Madrid, especialista en Geriatría de Pacífica Salud y The Panama Clinic, para despejar dudas sobre este tema.

¿De qué se trata?

Es una condición que puede aparecer en la tercera edad y causa un significativo deterioro funcional. Se caracteriza por:
1. Pérdida de peso involuntaria, más de 10 libras (4,5 kg) en un año.
2. Agotamiento o fatiga constante.
3. Sensación de debilidad.
4. Velocidad lenta al caminar o desbalance.
5. Bajo nivel de actividad física.

Rivera especifica que el paciente debe reunir al menos tres de estos criterios para que sea considerado una persona con Síndrome de fragilidad. Estas señales también nos indican que debemos llevar a nuestro ser querido al geriatra para un diagnóstico y tratamiento oportunos.

¿Qué esperar en caso de presentarse?

El Síndrome de fragilidad hace al adulto mayor vulnerable y causa discapacidad, caídas y dependencia, entre otros males.

Ya no puede hacer actividades cotidianas con independencia, por ejemplo, subir y bajar escaleras o usar el transporte público.

Vale decir que la pérdida de masa muscular es una de las características más relevantes del envejecimiento y está vinculada con la aparición de este Síndrome de fragilidad.

Comenzamos a perder músculo desde los 30 años de edad, pero se acentúa a partir de la sexta década. Un estilo de vida saludable ayudará a evitar esta pérdida de masa muscular.

La alimentación es clave en el caso del Síndrome de fragilidad. Foto: Freepik

Del riesgo a la prevención

Además de la edad avanzada, tener una vida sedentaria y mantener una mala alimentación son los factores de riesgo más importantes.

  • Para prevenir y tratar la fragilidad, el Dr. Melchor aconseja:
  • Tener una vida activa y hacer ejercicios regularmente.
  • Mantener una alimentación saludable, rica en proteínas.
  • Acudir al geriatra a partir de los 60 años de edad, incluso si la persona no se siente mal.

Actividad física para pacientes con Síndrome de fragilidad

El especialista comparte que muchos adultos mayores sienten temor de practicar ejercicios por su edad o condición física, pero los motiva a realizar lo siguiente:

  • Hacer caminatas durante 30 minutos diarios, 5 días a la semana (150 minutos semanales). Si la persona lo desea puede dividirlos en un día así: 15 minutos en la mañana y 15 en la tarde.
  • Ejercicios de fortalecimiento muscular, 2 o 3 días a la semana, durante 30 minutos, con pesas o ligas.
  • Practicar estiramiento y flexibilidad 10 minutos diariamente.
  • Ejercicios de balance: “Pueden caminar hacia atrás apoyando un pie sobre el talón en línea recta, practicar tai chi o pararse sobre un pie”.

Beneficios del ejercicio

  • Evita la pérdida de masa muscular.
  • Ayuda a prevenir el Síndrome de fragilidad.
  • Mejora la movilidad articular.
  • Evita la dependencia.
  • Fortalece la condición cardiovascular y el equilibrio hormonal.

“No hay límites de edad para realizar ejercicios, pero si el paciente tiene alguna patología debe recibir la orientación de un especialista”, advierte el Dr. Rivera.

Alimentación para personas con Síndrome de fragilidad

Las personas de 60 años o más tienen déficit o pérdida proteica, por eso el Dr. Melchor sugiere que la ingesta de proteínas sea mayor en comparación con un adulto joven.

Aclara que en ocasiones indicarán al paciente suplementos energéticos y proteicos para cubrir los requerimientos diarios.

Con todo esto, el adulto mayor debe consumir entre 20 y 30 gramos de proteína en cada una de las tres comidas diarias

Del mismo modo destaca que esto es importante, porque el déficit de proteína aumenta el riesgo de padecer Síndrome de fragilidad y contribuye a una alteración de la función inmunológica.

Asimismo asegura que el paciente que ya ha sido diagnosticado como frágil debe tener también un consumo de proteínas mayor, guiado por su médico.

En general, la alimentación debe ser equilibrada, saludable, rica en nutrientes, baja en grasas saturadas y colesterol. “Que sea lo más parecida a la dieta mediterránea”, sugiere.

Y recuerda, la prevención siempre hará que la vejez sea más llevadera y feliz.

Foto principal: wirestock en Freepik


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