Para empezar, definirlo es difícil, no quisiera caer en etiquetas cuadraditas que ya de por sí, generen más prejuicios o disminuyan la libertad de acción y transformación ante esta figura de relación. Pero básicamente, al  fuckbuddie, friend with beneffits o en español, amigo cariñoso, amigovio o amigos con derechos, -como canta Maluma–, son aquellos con quien sostienes relaciones sexuales ocasionales pero no llevan una relación de noviazgo establecida o de pareja «formal» y esto es de común acuerdo.

Finalmente, lo benéfico o perjudicial de esto es tan particular como cada historia y quien la cuente. Así que hablaré desde lo que yo y mis amigas hemos vivido, sin afán de promoverlo ni mucho menos de satanizarlo.

Como tampoco soy la experta en la materia, realicé también un sondeo silvestre, entre amigas, conocidas y amigos que han experimentado esto (son la mayoría). Una de ellas me dijo «es como tener un muñeco inflable de carne y hueso, no haces más lazos «. WHAT! cada quién su feria… yo no lo viví así… soy más sentimental y quizás por eso fue lo complicado, pero también lo hermoso del asunto.

La mayor parte de mi vida he tenido noviazgos, dos de largo plazo y con promesa de monogamia, pero ahora, en mi recién estrenada soltería (que también me sale re bien) me topé con un espécimen al que podría definir así. Lo conozco de hace como quince años, antes nunca habíamos estado solteros al mismo tiempo, pero era súper claro que nos gustábamos bárbaramente desde entonces.

Nos reencontramos hace un año en un bar, ambos atravesábamos esa etapa del duelo tras la ruptura de una relación importante (cada quien con sus debidas proporciones, tiempos y diferencias), pero ninguno estaba apto para recomenzar algo «serio»; él no quería y yo, más bien, ni podía.

¡Hay incendios imposibles de controlar!

Me gustaba ahora más que nunca y yo a él, y además sentir esa emoción en el estómago –que pensé se había esfumado–, sonreír al leer sus mensajes, soñarlo en un sueño hot propio de la pubertad, arreglarme para verlo y fantasear con su imagen… me inyectaron la pila que necesitaba en urgentes dosis para recuperarme justo en la etapa en la que te sientes la más antisexi de la vida. Freud no se equivocaba, la líbido es energía que impulsa hacia la vida, la crea, la construye, la emociona, le da sentido…

fuckbuddie

La vida nos dio limones e hicimos limonada… de las mejores.

Así que como dos semanas más tarde (y sin planearlo) terminamos texteando, brindando, riendo, bailando, besándonos y sí, acostándonos. Pudo haber quedado en esa otra figura de relación basada en lo sexual: «one night stand» o acostón de una sola noche, pero la fuerza del destino nos hizo repetir. Y repetimos. Cada quien volvía después a su vida, a su trabajo, a su familia, a sus amigos; no éramos de ir al cine ni a cenar ni de vernos públicamente en cosas sociales (el par de ocasiones donde hemos coincidido, actuamos como «amigos simplemente amigos y nada más»). Pocos saben lo nuestro. Él estaba disfrutando brutalmente su soltería y yo recogiendo pedacitos de mi corazón y con las intenciones puestas en otro lado.

Aquí viene el frijol en el arroz… el «PERO»

Por supuesto que hubo complicaciones, realmente todas producto de mi mente y los estatutos que dictan la sociedad alias tu tía María Concepción Regina de los Monteros viuda de Garagorri. Por momentos me sentí confundida y me cuestioné si me estaría haciendo daño: ¿terminaré enamorándome, o él?, ¿me estaré conformando?, ¿seré tan solo un objeto sexual?, ¿será una relación de uso y abuso?, ¿es esto machista?, ¿las relaciones posmodernas son así?, ¿ya nadie quiere compromisos en esta generación donde todo es desechable y líquido?, ¿estaré llenando mi vacío amoroso con el sexual?, ¿me he convertido en una call girl y peor… gratis?, ¿me estará estorbando energéticamente para la llegada de THE ONE?, ¿cómo acabará esto?

Un día quise proponerle algo más, no quiso y me lo dijo con sinceridad, esa que es tan franca que no hiere, más bien admiras y terminas por apreciar. Meses más tarde, él me envió señales pero yo no pude cacharlas en su momento, tampoco tenían mucha contundencia o claridad, además ya me había hecho a la idea. En otro momento, yo de plano quise mandarlo a volar… hasta ahora, en nada de esto hemos coincidido.

A estas alturas me ha quedado claro que tenemos límites y limitantes.

Hay áreas y líneas de acción para esta forma de relación. Pudiera parecerte muy open mind pero también tiene reglas implícitas y puede ser peligroso emocionalmente hablando. Algo que he aprendido del fuckbuddie es que hay que entrar en un cierto humor y tener energía para que los encuentros sean afortunados y se sientan bien ambas partes.

En mis días más duros no es él a quien busco, para nada me cierro a conocer o salir con otras personas, no me conformo, tengo claro que a mí me gusta más la pareja de constancia, solté por completo las ilusiones de pasar a más algún día con él, no lo coloco por encima de mis planes aunque tampoco es mi plan B y también soy consciente que este modelito de relación se gasta un día y/o se termina en cuanto alguno encuentre una relación que nos interese más.

amigovios

Pero no somos robots sin sentimientos ni podemos controlar todas las vueltas de la vida.

Por supuesto que hemos desarrollado lazos, nos volvimos confidentes en algunas ocasiones, nos hemos agradecido por acompañarnos a transitar en la parte más dolorosa de nuestros duelos, como su mudanza o el no definitivo de mi ex, conocemos perfecto la casa del otro con las luces apagadas (así mismo nuestros cuerpos), nos hemos dado regalos no sexis como plantas, pulseras de la suerte y cafeteras. Nos dormimos abrazados y a veces nos cachamos agarrados de la mano (y nos soltamos entre risas), despertamos y al despedirnos parece que viviéramos juntos. Tenemos nuestras canciones, rutinas y estamos generando recuerdos. Y aunque nos hemos visto más sin ropa que vestidos, nos apodemos «sexi» y no salgamos, sino más bien nos encerremos; aunque intentemos relaciones con otras personas (y luego hasta nos contemos y aconsejemos), aunque nos dejemos de hablar por semanas enteras: no somos el muñeco inflable del otro.

Hemos desarrollado algún híbrido indefinible para los estrictos cánones de las tías María Concepción entre la amistad, la confianza, el cuidado y la complicidad, aunque entre nosotros la protagonista sea la pasión, todos los sentimientos mencionados son de la familia del amor. #formasdeamor

Le veo un poco de diferencias con «el balsero«,  ese seminovio de transición pero en la que el protagonista de la relación es la carga emocional sanadora más que en la sexual, como en este caso. Pero cada quién que hable y defina según le vaya en la feria, y sobre todo: disfrute, aprenda, sane y crezca.

 

 

 

 

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