Ansiedad silenciosa

En la era de la inmediatez, un enemigo invisible se propaga en silencio a través de las pantallas de millones de personas: se manifiesta en el parpadeo constante de las notificaciones, la vibración en el bolsillo y la necesidad compulsiva de revisar el celular cada pocos minutos. Se trata de la ansiedad silenciosa, un fenómeno que especialistas en salud mental vinculan cada vez más al uso excesivo de las tecnologías de la información.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH 2024) del INEGI, en México el 83.1% de la población de seis años y más ya usa internet, con un promedio de 4.4 horas de conexión diaria — cifra que sube a casi 6 horas entre los jóvenes de 18 a 34 años, el grupo más expuesto. Ya en 2021, la Facultad de Psicología de la UNAM había advertido que el uso patológico de las redes sociales era “un fenómeno en crecimiento”, vinculado a ansiedad, insomnio y otros hábitos poco saludables. Esta exposición sostenida está transformando las dinámicas de convivencia y desafiando el equilibrio del sistema nervioso autónomo de los usuarios más frecuentes.

Especialistas en salud mental señalan que el flujo interminable de correos electrónicos, alertas informativas y dinámicas de validación social en redes de interacción provoca una estimulación constante. Este bombardeo puede activar de forma repetida el sistema nervioso simpático —el mecanismo biológico asociado a la respuesta de “lucha o huida”— generando un estado de alerta sostenido que, con el tiempo, se ha vinculado a cuadros de estrés crónico e insomnio.

Mujeres actuales

Mujeres actuales

Reingeniería Humana

Ante este escenario, la Reingeniería Humana —el enfoque desarrollado por la psicóloga Rocío Santibáñez— propone un cambio de perspectiva: la saturación digital no debe abordarse únicamente como un problema técnico de exceso de pantallas, sino como un síntoma visible de un desequilibrio interno y una pérdida de presencia en el aquí y el ahora.

La psicóloga y estratega en Reingeniería Humana advierte sobre la desconexión interna que produce este estilo de vida:

“Cuando vives pendiente de la pantalla, tu atención deja de estar en el presente y tu sistema nervioso se queda atorado en modo de alerta. A eso le llamo perder tu Ingeniería Humana: dejas de operar desde tu presencia y empiezas a operar desde la reacción.”

Desconexión tecnológica

Desconexión tecnológica

La mente mecánica te acerca a la ansiedad silenciosa 

Para la especialista, el hábito de mirar el dispositivo de forma automática obliga al individuo a buscar estímulos fuera de sí mismo:

“Cuando caes en esta mecánica de la mente, empiezas con la fantasía de perseguir una ‘recompensa’ que nunca vas a alcanzar, interponiendo tu bienestar en dinámicas que a largo plazo afectarán tu salud.”

Desde la perspectiva de la Reingeniería Humana, la clave para mitigar la ansiedad silenciosa radica en ir directo a la raíz del comportamiento compulsivo. En lugar de limitarse a instalar aplicaciones de control de tiempo, Santibáñez sugiere plantearse preguntas de fondo: ¿de qué se está huyendo realmente cuando se revisa el teléfono de forma automática en cada espacio de silencio? ¿Qué vacío interno se pretende llenar con el siguiente scroll en la pantalla?

La solución no está en el aislamiento tecnológico absoluto, sino en recuperar la soberanía sobre la propia atención. Implementar periodos diarios de desconexión total, restablecer el contacto con el entorno físico sin intermediarios digitales y desactivar las alertas no esenciales son los primeros pasos que la especialista recomienda. La verdadera reingeniería del bienestar, dice, comienza cuando la persona decide retomar el control de su atención y elige estar presente en su propia vida.

Bienestar digital

Bienestar digital

Desconectar para habitarte: el antídoto femenino contra la ansiedad digital

En la vorágine de la vida moderna, donde el rol de la mujer contemporánea suele implicar malabares entre el desarrollo profesional, la gestión del hogar, los proyectos creativos y la vida social, el teléfono móvil se ha convertido en una extensión invisible del cuerpo. Nos enorgullecemos de la capacidad multitarea, respondiendo correos mientras organizamos la agenda familiar o revisando redes sociales en los breves minutos de pausa. Sin embargo, esta hiperconectividad constante cobra una factura silenciosa sobre nuestra salud mental y emocional.

La presión por mantener una imagen impecable —tanto en el ámbito laboral como en el digital— alimenta una forma particular de agotamiento. Las plataformas de interacción no solo entretienen, sino que imponen estándares estéticos, estilos de vida aspiracionales y una urgencia de productividad perpetua. Cuando el descanso se rellena con scroll infinito, el cerebro no descansa; procesa estímulos que activan respuestas de supervivencia, instalando un estado de alerta que vulnera el equilibrio interno.

Recuperar el bienestar exige una decisión consciente de soberanía personal

Esto no significa renunciar a la tecnología, sino renegociar los límites de su uso. Pequeños cambios transforman el día a día: establecer zonas libres de pantallas —como la mesa de comedor o la mesita de noche—, desactivar notificaciones no esenciales que fragmentan la concentración y regalarse momentos de quietud sin estímulos externos.

Habitar el presente es el acto de rebeldía más poderoso para la mujer actual. Cuando dejamos de operar desde la reacción automática y volvemos a conectar con nuestro cuerpo, nuestros sentidos y nuestros proyectos genuinos, la ansiedad cede el paso a la claridad. Cuidar de tu atención es, en esencia, cuidar de tu vida.

Ansiedad silenciosa

Ansiedad silenciosa

 

Fuente: Rocío Santibañez, modificado por Mariel Gadaleta 


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