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En esta época del año en las que los juguetes son tan publicitados y tan traídos y llevados, ya sea por el hombre gordo y barbón que viste de rojo o por los que se trasladan en animales y usan corona, quiero hablar de algo que me ha sorprendido en un programa en donde se cuenta la historia de la Barbie, su nacimiento y su trayectoria.

Yo, como mujer, debo decir que en mi infancia tuve una Barbie como a los 8 años y como a los 10, un Ken. Con los que jugué mucho. Y a lo que más jugaba era a hacerles ropa, cosa que me permitió desarrollar mi creatividad. No tuve 20 Barbies, como muchas niñas de generaciones posteriores. Para ellas era necesario tener la nueva que salía cada año, y entonces terminaban con muchas y las tenían amontonadas, o paraditas en una repisa y nadie las usaba. No, en mi caso había una Barbie y un Ken, con un par de prendas que le compramos y que podía cambiarles y ya. Como decía, lo que más disfrutaba era hacer ropita, y cortar y coser para que tuvieran más ropa.

Pero ese no es el tema. Lo que me interesa abordar el día de hoy es esa imagen que se le ha atribuido a Barbie. Es una mujer con cuerpo delgado y sumamente estilizado, desproporcionado y antinatural que “confunde” a las niñas cuando desean ser como una Barbie, “así de bonitas y elegantes”, aunque sus cuerpos o tono de piel o cabello o color de ojos no sean compatibles con la muñeca. Según investigadores del comportamiento infantil, todo esto genera conflicto en las niñas, pues no se sienten parecidas a sus muñecas, pero no creo que sea el único estereotipo que influye, creo que son muchos más.

Y hablando de mí… sí, reconozco que nunca me he sentido plenamente cómoda con mi cuerpo, y que lo he juzgado como sé que muchas mujeres lo hemos hecho; que he tenido muchas influencias en la sociedad que marca que debería ser de cierta forma, y que era primordialmente delgada. Aunque en mi infancia la imagen de la mujer bella era más curvilínea cadera, cinturita y busto, una figura más accesible, por lo menos así veía a las mujeres que me rodeaban, esos bellos cuerpos los tenían mi mamá, mis tías, las amigas de ellas, eran así. ¡Y se veían hermosas!

Pero volviendo a la Barbie, esta muñeca comenzó su historia a partir de la idea de una mujer llamada Ruth Handler, allá por los años 50s. Se le ocurrió una brillante (y millonaria idea): que su hija tuviera oportunidades diferentes para jugar a otra cosa además de “las muñecas para recortar”, los bebés y servir el té que parecían ser los únicos juguetes que existían para niñas en esos entonces. Así que buscó la manera de llevar al mercado y dar una diferente oportunidad a las niñas de los Estados Unidos -y luego a las del mundo-, una totalmente revolucionaria opción: Barbie, una muñeca a la que le pudieras cambiar ropa y accesorios y jugar a ser mujer, esa mujer que querías ser de grande.

Para empezar, debemos saber que al inicio no sabían qué era lo que harían con la muñeca y cómo la introducirían al mercado. Al principio no era aceptada porque rompía demasiado con el estereotipo de lo que las mamás querían como juguetes para sus hijas. Y por su puesto que un Barbie era una figura excesivamente sensual para que cualquier mujer que se preciara de ser buena madre pudiera permitirse comprar para su hija, ¡¡¿¿qué sería lo que le estaría enseñando??!!

Así que para lograr meter al mercado tuvieron que buscar una buena razón para que las madres la vieran como una opción para sus hijas. Recordemos que es la versión en tercera dimensión de la muñeca de recortar con vestidos, y accesorios para poner y quitar, y “vestidos” es tema central de la Barbie. Pensaron en esto: para que las mamás vieran una posibilidad para sus hijas con esta muñeca, crear Barbie Novia, ¡una manera de recordarles a las niñas que ese era el objetivo de sus vidas!

Así que después de investigaciones y estudios encontraron la forma de hacerla un hit en el mercado.

Ya tenemos una muñeca que las niñas comenzaban a pedir y las mamás estaban de acuerdo con darle a sus hijas. Una vez que ganó su lugar evolucionó su función y se transformó un poco como la sociedad iba cambiando, en el mercado lograron que ocupara un nicho que al paso de los años ha sostenido y se ha convertido en la promotora de la mujer profesionista y pasó de “Barbie Novia” a “Barbie cualquier profesión que se te ocurra”.

Cada temporada se generaban Barbies con diferentes profesiones y eso identificó mucho más a la mujer con la oportunidad de ser Doctora, Maestra, Tenista, etc…

Entiendo que visto desde el lado del Siglo XXI parece que era un modelo muy estereotipado, pero si la vemos en los años en los que surgió, que fue en los 50s, o si quieren veámoslo desde los 60s, ya cuando la muñeca está más posicionada, se vuelve una oportunidad con la que las niñas pueden jugar abriendo posibilidades para convertirte ¡hasta en astronauta!

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Foto por: Sandra Gabriel

Si se ha hecho bien o mal, pues creo que todos somos parte de todas estas transformaciones de este mundo. Ruth Handler fue una visionaria que deseó darle a su hija un juguete que la inspirara y que fuera práctico para jugar, y acabó creando el emporio Mattel. Asimismo tuvo sus temas oscuros y momentos difíciles, no sé si de ambición o de mal asesoramiento, pero incluso tuvo que abdicar de su propia empresa. Más allá de esto, ella creó una muñeca que marcó la historia de los juguetes con los que jugamos desde una generación antes de la mía, hasta la fecha.

Más allá de culparla por la falta de autoestima en las niñas de nuestra civilización, hay que considerar todo lo que en nuestras casas nos inculcaron, antes de culpar a una muñeca de nuestros conflictos de autoestima y valía cuestionemos cuál es el ejemplo que vemos en el hogar.

En el juego con las muñecas los niños van a exponer lo que han aprendido y lo que han escuchado. Yo le doy el valor a Barbie de haberle dado una posibilidad de apertura a la mujer con oportunidades de un desarrollo profesional, sin dejar de lado al de mamá y hasta de pareja (con la aparición de Ken). Eso no quiere decir que tuviéramos que seguir aquello que inventábamos al jugar, yo, por ejemplo, le corté y cosí muchos vestidos a mi Barbie y nunca me he dedicado a diseño de modas ni nada parecido.

Lo que quiero decir es que no podemos culpar a un juguete de las decisiones de un individuo. Sé que el uso que un niño le da a un juguete, dice mucho de lo que quiere decir, el niño, y no dice con palabras; pero no lo limita. Creo que los juguetes, son herramientas que ayudan a los niños a expresarse y la presencia de los padres y la observación hará que uno descubra todo lo que el niño expresa en su juego.

La conciencia que yo tuve de la importancia del matrimonio en mi vida no vino de haber jugado con Barbie y Ken, vino de todos esos mensajes y estereotipos que escuché en casa, de mis padres, abuelos, y sociedad en general. Esos mensajes que tuve que confrontar una vez que ya había hecho conciencia de que no quería seguir sosteniendo, esta información que no me hacía sentido una vez que me la cuestioné, pero que venía de mí y de todo lo aprendido en mi vida. Y creo que de eso se trata.

No culpemos a lo que nos rodea, sepamos que es parte de nuestro contexto y que depende de nosotros confrontar, cuestionar y transformar, para convertir nuestra realidad en aquello que queremos.

Barbie es un juguete que marcó una época, abrió oportunidades, y por lo tanto también se volvió parte de un estereotipo, pero no es la culpable de las crisis que las mujeres vivimos. No podemos hacer responsables de nuestros procesos a nuestros juguetes pero sí agradecerles las horas de entretenimiento y acompañamiento que nos dieron en la infancia, por lo menos yo sí lo agradezco.

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