Tienes 8 años y te enfilas hacia los 9. Sabes muchas cosas de la vida y otras tantas las intuyes, lo sé, no porque soy tu mamá sino porque veo tus curiosos ojos en el descubrimiento constante y tu linda boca llena de ideas y de dudas.

No es un tiempo sencillo (personalmente creo que para las mujeres el tiempo nunca ha sido sencillo). En estos días me rondan en la cabeza algunos pensamientos acerca del papel que vive la mujer como género en nuestra sociedad y con profundo duelo me entero sobre el maltrato constante llegando a la muerte y la desaparición de muchas mujeres que se van descontando de entre nosotras. Esta idea me perturba, me hace pensar que ninguna estamos exentas de vivir y de sufrir violencia.

Soy mujer y ahora madre. En algún tiempo mi único papel fue ser hija y hoy, con otros ojos, reconozco el papel tan importante que tenemos los padres y las madres para formar hijas (hablando particularmente de mujeres) fuertes, de hierro, de fuego. Quiero decir, que es momento de cambiar desde la infancia cierta fantasía por una buena dosis de fortaleza, de valor, de autoestima, de autocuidado, de responsabilidad en nuestras niñas, para que, desde muy jóvenes aprendan a verse y a sentirse en sus máximas posibilidades.

NO, no estoy sugiriendo adelantar el crecimiento natural por edad, o llenar o contaminar tu mente con discursos sobre la maldad y los peligros del mundo (muchos de los cuales tristemente, ya conoces); estoy diciendo que quiero enseñarte a ver en ti misma a un ser íntegro solo por el hecho de ser y de estar, para mí ya eres.

No quiero hija mía que te conviertas en nada ni en nadie, tú vales desde ya, desde antes, desde que te concebiste.

Quiero que reconozcas a plenitud a la persona que eres, sin necesitar, merecer o tener la compañía o la aprobación de nadie más. Tú, María, ya tienes dentro de tu ser el mapa de tu camino, ya existen en ti tus preferencias y gustos, eres capaz de hacer elecciones inteligentes y sensatas, pero sobre todo, propias, sin que interfiera en ello el complacer a otros, incluyéndonos a nosotros tus padres. 

María, hijita mía, ni tú ni tus hermanos necesitan estar con nadie para lograr mas cosas, me refiero a esa falsa idea de que las mujeres necesitan ser rescatadas de la soledad, no te lo creas, tú no estás sola, siempre te tendrás a ti. 

Tu, María, has elegido desde muy pequeña ser femenina y yo me deleito con ello. No te confundas en el camino, tú eres una bella persona y eso no tiene nada que ver con ser “femenina” o no, tu belleza radica en la capacidad y habilidad que tienes para ser feliz. No caigas en la tentación de querer cambiar tu apariencia o tus gustos por complacer a nadie que no seas tú misma. No caigas en el error de creer que puedes someter a nadie más en razón de debilidades que creemos innatas como el sexo o el género. Es verdad que ninguna mujer, pero tampoco ningún hombre, merecen ser violentados en sus cuerpos, en sus pensamientos, en sus mentes.

Por eso reflexiono acerca de la manera en que todavía nuestra cultura social, el colectivo, requiere y somete a muchas mujeres para que crean que deben depender, que deben de obtener ayuda, aprobación, sostén, cuando la verdad es que las mujeres somos fuertes de origen y está más que probado que cuando es necesario logramos cualquier cosa que nos proponemos a pesar de que, tristemente, a veces, enfrentamos algunas dificultades adicionales solo por el hecho de ser mujeres.

Yo tengo un sueño (totalmente real): quiero que como niña que eres te reconozcas con otras niñas y con otras mujeres y que se acompañen desde ya en una tribu que se abracen, que se soporten, que tomen ventaja positiva de nuestras fortalezas femeninas. Estoy hablando de criar una nueva generación de niños que puedan ver en esas niñas la posibilidad de aprender siempre de ellas de mil maneras, de complementarse si acaso, pero de existir cada uno plenamente de manera independiente.

Estoy pensando que es momento de creer para crear mujeres en todo su esplendor desde niñas, sea cual sea su elección al crecer, porque las mujeres tenemos este poder creador, organizador y una fuerza interna que en muchas vive dormida, amedrentada y que necesita despertar para ponernos al frente de nuestra propia vida, para tomar riesgos y experimentar sus consecuencias, ojalá en consciencia.

Las mujeres podemos conservar nuestra delicadeza, nuestra dulzura, nuestra feminidad desde la fuerza, desde el fuego, desde nuestra entraña, ser y existir felizmente, sin vivir esperando que algo tiene que suceder para ser felices, porque nosotras mismas nos hemos sucedido y eso es poder. Quiero criarte en libertad, libre de juicios y estereotipos que te limiten a un solo rol, a comportamientos esperados para ser calificados de buenos o malos, que sepas que puedes elegir libremente en una infinidad de opciones.

Yo no quiero educarte en la mentira de la dependencia, en la debilidad, en la sumisión, yo quiero que seas feliz y que tu seguridad dependa de ti misma, quiero que veas el amor que ya existe en ti, que vivas la belleza no como un concepto hostigador sino como una forma de vida reconociéndola en cada cosa. Yo quiero María, que seas la heroína de tus propias historias.

María del alma, ya tienes 8 años cumplidos, y ahora cada vez más manifiestas tu pensamiento y tus opiniones, recién me has contado a finales del año pasado que puedes escuchar tu propia voz en tu cabeza, y que esa voz no se calla y que habla contigo todo el tiempo…, cuando te escuché sentí una fiesta interna, porque eso hija mía, es la consciencia; tú recién tomaste consciencia de tu consciencia. A partir de eso… te das cuenta.

Esto es el principio para que aprendas a distinguir lo que te gusta y de lo que no te gusta, lo que quieres y de lo que no quieres. Eso significa que estás decidiendo, eligiendo…  y no es tarea sencilla cuando tienes una mamá (como yo) que le gusta tener bajo control mucho de lo que sucede en casa.

Y comienza el momento de elegir nuestras batallas, porque hay elecciones que nunca van a ser negociables, por ejemplo: usar el cinturón de seguridad o lavarte los dientes antes de dormir, incluso ir al colegio (las más de las veces no es negociable); pero hay tantas otras elecciones que sí lo son, y que a pesar de que yo no esté del todo de acuerdo ello, solo refuerza tu camino a la libertad de elegir lo que es para ti.

Ahora eliges qué te pones, cuándo, y cómo. Creas tus propias combinaciones de atuendos, tienes tu propia visión de selección de color, estilo y texturas. No eres una muestra de combinación de aparador; eres la muestra de tu personalidad desde el alma y esa también es una enseñanza de mi parte hacia ti: respetarte, con lo que usas para vestir diario o con lo que eliges para dormir o la manera en que quieres llevar tu pelo. No es un problema si tus calcetines son los adecuados, no importa si los usa con tenis o botas o con zapatillas… tu ropa no es importante, Tú y tus decisiones SON IMPORTANTES.

Hija, no eres mi muñeca (aunque me encante pensar que lo eres), no eres mi reflejo (aunque puedas replicar cosas mías), no eres mi proyecto, no eres un trofeo que mostrar, no me perteneces, te perteneces a ti misma y no quiero que te preocupes por cosas superficiales como la apariencia, la vida es más que combinar la ropa, o estar a la moda o vestirnos para los demás… quiero que seas libre de esos y tantos otros convencionalismos sociales que a veces son tan inconvenientes. 

Lo que sí me importa que consideres:

  • Defiende tus puntos de vista y a quienes son más débiles.
  • Intenta jugar con los niños y con las niñas con los que nadie juega.
  • Sé amable, trata a todos con respeto.
  • Sé amorosa.
  • Esmérate en hacer lo que amas muy bien.
  • Aprenda a escuchar.
  • No digas “no puedo”.
  • No tienes que cambiar por complacer a los demás.
  • Tú siempre puedes ser tú y yo te amo tal cual eres.
  • No creas todo lo que la sociedad considera “hermoso”, “correcto” o “normal”, tú puedes tener tus propias apreciaciones.
  • Escoge lo que te haga feliz en tanto no lastimes a nadie…
  • La belleza es integral (dentro y fuera), alma, corazón y mente e importa reconocer lo mismo en los demás y en el mundo.
  • Eres ÚNICA.
  • No dejes que nadie arruine tus elecciones respecto a tu apariencia, nadie, ni YO.
  • NO es NO, y no tienes que explicarte cuando no quieres algo o cuando algo no te guste.

Una última reflexión, que viene al caso porque estás a nada de empezar a reflexionar sobre la belleza: la belleza que me gustaría que reconozcas es la que viene de aceptar todo lo que eres y lo que representas dentro del cuerpo que tienes y de hacerlo en libertad.

A las mujeres particularmente, nos han, nos hemos y también hemos enseñado la belleza de manera limitada: nos han enseñado a maquillarla de manera literal y en sentido figurado. Yo creo que la belleza es mucho más que proporciones y medidas. Creo que la belleza reside en el todo de una mujer, sí: la propia mujer amando a la piel que la envuelve y a su propio cuerpo con sus medidas, tallas e historias. Con sus ciclos menstruales y vitales, con sus pensamientos bajos y sublimes, con sus humores y hormonas variantes, con sus ideas cambiantes, con sus palabras, sonidos y olores. Creo que la belleza reside en conocer y disfrutar mi cuerpo y sentirme cómoda en él. En cuidarlo porque es el estuche de lo que me representa y quiero que sea saludable, funcional y tal vez hasta lindo…, pero eso no resume mi belleza ni la de nadie.

Te amo siempre, eternamente,

Mamá

 

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