Para muchas familias, los frijoles no son solo un acompañamiento; son el alma de la mesa mexicana. Sin embargo, lograr ese punto exacto —ni muy duros, ni deshechos— puede ser un desafío. A veces, a pesar de seguir la receta de la abuela, el resultado final no es el esperado. ¿Qué está fallando en el proceso?
A menudo, la clave no reside en un ingrediente secreto, sino en técnicas fundamentales que solemos pasar por alto. Desde el remojo hasta el momento de añadir la sal, cada paso cuenta. A continuación, analizamos los tres errores más comunes que cometemos al preparar este alimento básico y cómo corregirlos para elevar tu cocina al siguiente nivel.

Cocina mexicana
1. No seleccionar y lavar correctamente los granos
Parece una tarea tediosa, pero es el paso más importante. Muchos saltan este proceso por prisa, sin saber que una piedra pequeña o un grano en mal estado puede arruinar toda la olla.
Antes de cocinar aprendí a dedicar al menos 10 minutos para la selección de mis granos. El meson se convierte en mi aliado número 1. Esto me garantiza que la cocción sea uniforme y óptima, (no todo depende de los ingredientes).
Además, el lavado elimina impurezas y polvo acumulado durante el transporte. Un buen enjuague bajo el chorro de agua fría es la garantía inicial de un plato limpio y saludable.
2. Olvidar el remojo previo
Existe el mito de que el remojo es opcional si utilizas olla de presión. Sin embargo, el remojo no solo ablanda el grano, sino que ayuda a eliminar los antinutrientes que provocan pesadez e inflamación tras su consumo.
Cuando no cumplo con este paso, la digestión se hace pesada e insoportable. Por lo general, me gusta dejar remojando los frijoles por 8 horas los días sábados para preaparlos los domingos, así estarían listos para el lunes y jueves. Esto hace que la textura sea mas cremosa y suave al paladar.
Si buscas una digestión ligera, el remojo es innegociable. Además, ayuda a que la cocción sea mucho más rápida, ahorrando energía y tiempo en la cocina.
3. Añadir sal al inicio de la cocción
Este es, quizás, el error técnico más debatido. Muchas personas añaden la sal al agua fría apenas comienzan la cocción. Esto es un error, ya que la sal endurece la piel del grano y dificulta que el centro se ablande correctamente.
La regla de oro de los expertos es esperar hasta que el frijol esté prácticamente cocido y suave antes de sazonar. Si añades la sal cuando el grano ya está tierno, esta penetrará en su interior, potenciando el sabor sin sacrificar la suavidad de la textura.
Durante muchos años sazonaba al inicio porque creí que el sabor de los aliños se acentuarín mejor, (error común). Pero un día asistí a un taller de cocina rápida y precisamente explicaron algunos tips al cocinar frijoles, y fue entonces cuando aprendí sobre mis errores. Lo que si te aseguro es que ahora, me quedan más deliciosos y consistentes.

Errores al cocinar frijoles, ¿los tienes?
Consejos finales para un resultado profesional
Más allá de evitar estos tres errores, considera la calidad del agua y el recipiente. El uso de ollas de barro, si tienes la posibilidad, aporta un perfil de sabor terroso y tradicional difícil de replicar. Recuerda siempre mantener el nivel de agua por encima de los frijoles durante toda la cocción; si necesitas añadir más, que sea siempre agua caliente para no cortar el proceso de cocción.
Cocinar frijoles es un proceso que requiere paciencia y observación. Al corregir estos hábitos, no solo mejorarás el sabor, sino que transformarás una tarea cotidiana en un ritual que vale la pena compartir. ¡Manos a la obra y que disfrutes de unos frijoles hechos a la perfección!

Cocinar frijoles
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