Llegó la primavera y con ella el calor, la idea de ir más frescas y hasta un cambio de actitud en el ambiente, porque al fin seres humanos, somos cíclicos y cambiar de estación representa una oportunidad para renovarnos.

Ahora, en el tema de ir ligeros porque el clima lo permite y hasta lo exige, nos encontramos con los inminentes espacios vacacionales a la vuelta de la esquina y con ello la oportunidad de sacar el bikini del cajón.

El bikini o el traje de baño va de la mano con usarlo y sentirnos cómodas haciéndolo y eso es todo un tema que implica seguridad, amor propio, confianza en tu imagen, etc.

Los medios, las redes sociales, la publicidad nos ofrecen imágenes perfectas de personas perfectas en bikinis perfectos y la vida real, las personas reales y los cuerpos reales están muy lejos de ser perfectos y eso está muy bien.

El problema es cuando a raíz de esas imágenes nos vamos comprando la idea de que nosotras no podemos o no debemos usar esos bikinis y esos divinos trajes de baño porque la talla, porque el peso, porque la celulitis, porque el rollito, porque la flacidez, porque la estatura, porque la edad, porque mamás, porque señoras… ¿y saben qué?, ¡¡que NO nos importe!! TODAS podemos ponernos lo que se nos dé la gana, porque para lograr tener el famoso «cuerpo de bikini» lo único que necesitamos es tener un cuerpo y un bikini.

¿Cuál es el mensaje? Pues dejar de desperdiciar la vida en complejos que nos hacen daño, que nos lastiman porque nos hacen sentir insuficientes y apostar por vivir de verdad al máximo hoy y ahora y ponernos el bikini, el trikini, el traje de baño o los shorts, porque queremos disfrutar, porque queremos pasarla bien, y dejar de cargar miedos que nos aíslan de nosotras mismas, que nos hacen escondernos en inmensos pareos, que nos envuelven, es verdad, pero que en realidad a veces nos esconden hasta de nosotras mismas. Dejar de ocultarnos por miedo a lo que otro alguien va a opinar de nuestro cuerpo, dejar de lastimar a nuestro cuerpo con restricciones extremas para «parecer» más dignas de usar ese traje.

Deja de decirte en el espejo todo lo que no te gusta de ti o de desear constantemente cambiar algo, suelta. No necesitamos el permiso de nadie, ni tampoco caer en las trampas de la edad o del estado civil para portar un traje de baño… si buscamos las razones de porqué NO hacer algo, sobran… sobre todo cuando se trata de nuestra imagen personal, los medios están inundados de notas sobre qué nos queda a las mujeres de 30, 40 o 50 años; cortes de pelo, maquillaje, atuendos… yo digo que en gustos se rompen géneros y eso significa que te pongas lo que te haga feliz, es decir, lo que te venga en gana. ¿En qué momento nos creímos que para usar algo necesitamos cumplir una serie de requisitos que incluyan que los demás nos consideren perfectas?

Tu cuerpo es tuyo, eres ama y señora del mismo. Disfrútalo ya, en sus términos de edad, peso, talla, color y forma porque es único y al día de hoy nos sirve y nos lleva y nos trae; quizá (ojalá no), ya desperdiciamos muchos años flacos, años mas jóvenes, años más seguros sintiendo que «algo» nos faltaba para lucir ese cuerpo en ese bikini, NO MÁS.

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Ponte el bikini en el cuerpo que tengas y disfruta la vida, y si no lo haces físicamente, igual póntelo en sentido figurado. Ponte esa prenda que tienes guardada, usa esa lencería, ese camisón de seda, esos leggings, esos jeans que parecen un tesoro que no te atreves a tocar, la ropa no representa nada, es la percha lo que vale y la percha eres tú, es tu sonrisa, tu certeza, tu seguridad y la manera en que te tratas a ti misma y lo que crees que mereces, porque aquí se refleja todo.

Recién vimos en familia la película que se llama «Sexy por accidente» donde una mujer joven, llena de inseguridades sufre todos los día esperando el milagro de ser más bella, más sexy, más delgada, más atlética para, por fin, tener la vida de sus sueños… y la magia está en cambiar la actitud… porque de otra manera no hay magia que funcione. También está probado que puedes lucir espectacular a los ojos de cualquiera, pero si eres una persona fea por dentro y te comportas fatal con los demás, eso habla realmente por ti sin importar cómo luzcas.

Así que a ponerse las pilas y a que lo «sexy», «bellas», «seguras» o simplemente el «bienestar» sea real, que venga de adentro y que se vea al ponernos el bikini.

Nadie nos juzga como nosotras mismas, suelta ese lastre y date gusto, porque no nos hacemos más jóvenes, no nos hacemos más perfectas, si acaso, nos hacemos un poco más sabias y eso hay que aprovecharlo, así que ponte el bikini así te quedes en tu casa.

Karla Lara

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