Después de entrevistar a David Duarte, no puedo ver al agua natural de la misma manera. Aunque me ha costado –por cuestión de hábitos– ahora le pongo sal y limón. Porque de verdad que NUNCA me imaginé que tantos males biológicos (a los que generalmente les achacamos motivos emocionales) estuvieran tan ligados a la deshidratación electrolítica.
Piensa cuántas veces te has hecho la promesa de tomar más agua natural. «¡Hoy sí voy por mis 2 litros!». Cargamos termos enormes y nos obligamos a tomar agua incluso sin tener sed, bajo la creencia de que una orina completamente transparente es sinónimo de limpieza y salud. Sin embargo, la realidad biológica de nuestro cuerpo es muy diferente. Nuestro organismo no posee una sola gota de agua pura, ¡lit el 100% de nuestros líquidos internos contiene electrolitos!
Cuando inundamos el cuerpo con agua purificada embotellada, y al mismo tiempo limitamos el consumo de sal, provocamos un estado de emergencia médica conocido como desequilibrio hidroelectrolítico. Al no haber un balance, el riñón se estresa para eliminar el exceso de líquido y el cuerpo comienza a pedir sal desesperadamente. Si ignoramos esta señal por miedo a la presión arterial, entramos en una deshidratación celular crónica que afecta directamente a los órganos más eléctricos: el corazón y el cerebro.
Nos creímos dos mentiras que hoy nos tienen más enfermos que nunca: 1) hay que tomar litros y litros de agua aunque no tengamos sed y 2) la sal es mala, ¡hay que quitarla de la mesa urgentemente!
David Duarte y la medicina UNANI
Detrás de esta perspectiva que desafía los manuales modernos de nutrición se encuentra David Duarte, un especialista mexicano que ha dedicado su vida al estudio de la salud integral.
Duarte realizó estudios profundos en la India, donde se adentró en el conocimiento de la medicina antigua. A partir de esa experiencia, fundó la academia UNANI, un espacio donde realiza una integración particular entre la medicina moderna —anatomía, fisiología y bioquímica— y los saberes ancestrales de Oriente.
En palabras de David Duarte, la mayor fuente de estrés que vivimos las personas en la actualidad no proviene del trabajo, las deudas o las relaciones personales, sino de la dieta; de lo que comemos y lo que tomamos, tanto en calidad como en cantidad.
Cuando el cuerpo gasta toda su energía tratando de mantener funciones vitales básicas como el pH o el equilibrio de líquidos, no le quedan recursos para las funciones superiores de la corteza cerebral, que es donde se gestionan las emociones y la estabilidad mental. ¿Ahora te hace más sentido porque estamos en una crisis gigante de salud mental? En pocas palabras porque estamos tomando demasiada agua natural y consumiendo MUY poca sal.

Los síntomas ocultos de la falta de sal
El desequilibrio entre el agua y los electrolitos se manifiesta a través de una larga lista de malestares que solemos atribuir a problemas emocionales o al envejecimiento prematuro. La fatiga mental, la mala memoria, los dolores de cabeza crónicos y el insomnio son las primeras consecuencias de un cerebro cuyo medio líquido se ha diluido de más. Incluso los ataques de pánico suelen ser, en realidad, crisis biológicas originadas por la falta de energía en el sistema nervioso.
A nivel estético y físico, este problema se traduce en uñas quebradizas, una caída constante de cabello y cansancio crónico. Un dato que sorprende a muchas mujeres es el origen de la celulitis: no se trata de acumulación de grasa, sino de un edema intracelular. Al faltar electrolitos, las células se inundan de agua y se hinchan; esa misma apariencia que se nota en la piel ocurre internamente en órganos como el hígado o la tiroides, afectando también el ciclo hormonal y agudizando los síntomas del climaterio.
Si para este punto no estás corriendo a echarle limón y sal a tu termo gigante de agua, admiro tu capacidad de terminar de algo y luego actuar. Yo de verdad estaba en shock. Todas estas mentiras me hicieron recordar cuando alguien muy picudo me contó que la pirámide alimenticia que aprendimos de chiquitos era un invento PARA AYUDAR A BIMBO.
Así como lo lees: cuenta la leyenda que el gobierno instauró esa pirámide, donde los carbohidratos se posicionan como el grupo de alimentos más recomendable –por arriba de las verduras y la proteína, lo cual es simplemente ridículo– para apoyar a la familia Bimbo, que en ese momento quería crecer su empresa. Y bueno, después de todo, ¿para qué son los contactos en el poder si no para enriquecerse, digo, apoyarse mutuamente?

Fuente: https://www.farmaceuticonline.com/es/piramide-de-los-alimentos/
El poder de un vaso con limón y sal
Volviendo al tema que nos atañe, David Duarte sostiene que para que el cuerpo funcione correctamente necesita una proporción de electrolitos similar a la de las soluciones médicas, donde el sodio, el cloro y el bicarbonato representan el 90% de los minerales esenciales fuera de las células.
Recuperar la vitalidad, la belleza de la piel y la claridad mental puede ser tan sencillo como cambiar la forma en que nos hidratamos diariamente.
Una manera práctica de iniciar este cambio es preparar un suero casero: empieza por disolver 3 gramos de sal de mesa, de mar o del Himalaya en 1 litro de agua, y agrega limón al gusto. Tomar este suero de forma constante ayuda a equilibrar el organismo sin generar un impacto drástico.
La regla principal es escuchar al cuerpo y respetar el mecanismo natural de la sed, evitando el consumo de agua natural de manera obligada (así que olvídate de los retos y los habit trackers).
Isovida, la solución inteligente para el día a día
Para quienes buscan una alternativa más exacta, cómoda y práctica, David Duarte diseñó un producto especializado llamado Isovida. Este suero contiene la proporción exacta de todos los electrolitos que el cuerpo requiere para mantener el equilibrio hidroelectrolítico de manera natural y segura, evitando el estrés biológico que produce el agua natural.
Isovida se presenta en prácticos sobres que se disuelven en 1 litro de agua y se recomienda consumir un máximo de dos sobres al día. Además de sus beneficios funcionales para la salud y la piel, el producto cuenta con dos sabores diseñados para el paladar mexicano: jengibre con limón y pepino con limón, ofreciendo una experiencia fresca y agradable que facilita el cuidado diario del organismo.

Personalmente ya los probé y saben muuy ricos. Al principio puede parecerte –o al menos a mí me parecieron– muy salados, pero esto es normal, ya que es un reflejo de lo poco acostumbradas que estamos a consumir sodio. De verdad me cuesta entender que lo hayan satanizado tanto cuando es taaan necesario para mantener nuestra salud. Pero bueno, no sé por qué me extraña que nuestro bien estar (así, separado) sea lo que menos les interesa tanto al gobierno como a las farmacéuticas.
Otra reflexión que me llevo es la importancia de distinguir entre un tema biológico y una cuestión emocional. Te cuento brevemente que el otro día no podía dormir… y lo primero que me pregunté fue: ¿Qué me preocupa? En mi mente empecé a enlistar un montón de cosas: pendientes, pagos, viajes, preguntas profundas. De pronto recordé la voz de David y dije «Creo que más bien algo me cayó mal».
A la 1 de la mañana me paré al baño y bastó con llegar al WC para devolver el estómago con todo el pollo que me había comido esa tarde, mismo que llevaba más de 15 días en el refrigerador. Como no olía mal, me lo comí. Entonces, ¿a qué voy? Mi insomnio no era un compromiso, una deuda o un galán… ¡¡¡era indigestión!!!
Pero nuestro piloto automático, al menos el mío, es justificar lo biológico con lo emocional, cuando el primer paso debería ser estar bien en lo biológico para entonces escalar o dar paso, por decirlo de alguna manera, a lo emocional. ¿Por qué quién puede reflexionar y meditar cuando el riñón al borde del colapso?
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