En la conversación actual sobre bienestar hay una pregunta que aparece una y otra vez: ¿por qué el cuerpo cambia después de los 35? Muchas mujeres sienten que, aun manteniendo hábitos saludables, pierden grasa con más dificultad, se sienten más cansadas o notan cambios en su figura que no logran explicar solo con la edad.
Para la Dra. Pamela Corzas, fundadora y directora de Clínica Corzas, quien es médica cirujana especialista en medicina estética, funcional, metabólica y envejecimiento saludable, el problema no suele ser un “metabolismo arruinado”, sino una combinación de factores que incluyen pérdida progresiva de masa muscular, menor actividad física cotidiana, estrés crónico, sueño insuficiente y cambios hormonales propios de esta etapa.

Masa muscular
Hábitos y respuestas en el metabolismo
“Después de los 35 el cuerpo no deja de funcionar correctamente de un día para otro. Lo que cambia es la manera en que responde a nuestros hábitos. La pérdida de músculo y el aumento de grasa visceral tienen un impacto mucho más importante en la salud que el número que marca la báscula”, explica la Dra. Corzas.
Ese punto es clave. Hoy se sabe que la masa muscular es uno de los mejores indicadores de salud y longevidad. El músculo no solo define la silueta. Participa en la regulación de la glucosa, la sensibilidad a la insulina, la función inmunológica, la salud ósea, los niveles de energía y la capacidad de mantener independencia física con el paso de los años. Por eso, una persona puede tener un peso aparentemente adecuado y, aun así, presentar una composición corporal poco saludable.
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La Dra. Corzas puntualiza que la báscula cuenta una historia incompleta. Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener estados de salud completamente distintos. La distribución de la grasa, especialmente la grasa visceral (la que se acumula alrededor de los órganos), es un dato mucho más relevante que el peso aislado, ya que se relaciona con inflamación, alteraciones metabólicas y mayor riesgo cardiovascular.
En este contexto, los tratamientos corporales mínimamente invasivos más modernos han evolucionado hacia un enfoque menos centrado en “adelgazar” y más orientado a mejorar la calidad muscular, favorecer la tonificación y apoyar la reducción localizada de grasa como complemento de un protocolo integral que incluya ejercicio, nutrición y seguimiento médico.
Para ello, podemos apoyarnos en tecnologías como la energía electromagnética focalizada de alta intensidad, que causa miles de poderosas contracciones musculares para mejorar el tono y la fuerza de los músculos de glúteos, brazos, piernas y abdomen. Se ha demostrado que genera hasta un 16% de aumento en masa muscular y hasta un 19% de reducción de grasa.

Envejecimiento saludable
Más ciencia, menos “detox”
Otro tema que preocupa cada vez más es la enorme cantidad de tendencias “detox” que prometen desinflamar, limpiar el organismo o reiniciar el metabolismo rápidamente. La Dra. Pamela Corzas considera importante distinguir entre marketing y evidencia científica.
Desde la medicina funcional, el objetivo no es “depurar” agresivamente el cuerpo, sino identificar y corregir factores que están alterando su funcionamiento, como deficiencias nutricionales, problemas de sueño, inflamación persistente, estrés o desequilibrios hormonales. Las estrategias con mayor respaldo científico (y por ello, más seguras y efectivas) siguen siendo las menos virales: entrenamiento de fuerza, alimentación suficiente en proteínas y fibra, actividad física diaria, descanso adecuado y manejo del estrés.
En esa misma línea, la especialista considera importante hablar con responsabilidad sobre las inyecciones basadas en GLP-1, que han ganado popularidad recientemente para el control de peso. Lejos de presentarlas como una solución estética rápida, explica que pueden ser herramientas muy valiosas en pacientes con obesidad o alteraciones metabólicas cuando forman parte de un protocolo médico completo.
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“Los GLP-1 pueden ayudar a controlar el apetito y reducir grasa corporal, pero requieren valoración médica, seguimiento nutricional y estrategias para proteger la masa muscular. Utilizarlos sin supervisión puede llevar a una pérdida importante de músculo, y eso nunca debería considerarse un resultado exitoso”, advierte.
La conclusión, según la Dra. Pamela Corzas, es que después de los 35 el objetivo ya no debería ser simplemente pesar menos, sino conservar músculo, reducir grasa visceral y mantener un metabolismo funcional que permita llegar a los siguientes años con energía, fuerza y buena salud. “La mejor estrategia de envejecimiento saludable no es la más extrema ni la más viral. Es la que combina ciencia, prevención y hábitos sostenibles para que el cuerpo funcione mejor, no solo para que se vea más delgado o que la báscula marque cierto número”, enfatiza.
En esta era saturada de promesas instantáneas, quizá el enfoque más sofisticado sea también el más sensato: entender que la salud metabólica es un proyecto de largo plazo donde la ciencia, la prevención y la personalización valen mucho más que cualquier moda.

Metabolismo después de los 35
Fuente: Clinicacorzas, modificado por Mariel Gadaleta
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