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EDUCACIÓN RAINBOW, criando a colores

Junio, el mes del orgullo gay, cuando vemos por todos lados el famoso #pride, me interesa agitar la bandera del arcoiris alrededor de la crianza.

Cuando se trata de educar, la mayoría de los padres creemos saber lo básico (o al menos sería lo esperado): principios, valores, límites y el clásico «a mí me educaron así y yo estoy bien»; y puede ser que sea verdad o no, pero el mundo ha cambiado a una velocidad impensable y hoy necesitamos educar a nuestros hijos y a las generaciones de una manera distinta, más consciente y sobre todo, más abierta.

Ya no es funcional (por decir lo menos), educar con roles de género que limitan a las personas desde la infancia por colores o juegos, o actitudes, que al pasar del tiempo se marcan más y nos van muchas veces lastimando si no entramos en el molde. Hoy tenemos que considerar y ejercer una educación neutra (que a mí me gusta llamar «de colores») que exceda el típico «de niña» o «de niño» y que abra mentes y corazones a las opciones y a la libre elección con la que nace todo ser humano.

GNP Parenting

La educación sin género o GNP (Gender Neutral Parenting) es una opción de crianza reciente que intenta que el sexo del niño no influya en los juguetes con los que puede jugar, las actividades que puede realizar o la ropa que debe vestir.

Como mamá de 4 sé que lo fácil es identificar a nuestros bebés al nacimiento y afirmar: «es una niña» o «es un niño» y comprar ropa rosa y azul y de ahí definir el resto de la vida, peroooo; la naturaleza nos ha demostrado ancestralmente dos situaciones:

1) la maternidad y la paternidad es todo menos fácil; y

2) nacemos con libre albeldrío en todo y ya es tiempo de empezar a respetar esos principios desde la base. Con esto no quiero decir que los niños no deben de tener orientación o guía, lo que es importante es desaprender tanto prejuicio limitativo que tantas vidas y corazones ha roto por forzar a las personas a encajar.

Ya es el momento de abrir los ojos y como solía decir mi papá: «conectar la lengua con el cerebro antes de hablar» y considerar opciones más flexibles de formación en los hogares.

Esta educación neutra que incluso considero menos violenta porque no prevalece el machismo ni el feminismo, nadie se impone sobre nadie; todos son vistos con las mismas máximas capacidades, pero sobre todo; nada limita que se intente todo lo que nos pueda llevar a la felicidad y la plenitud por el simple hecho de haber nacido hombres y mujeres.

Obviamente estos puntos de vista o propuestas abiertas levantan ampollas, no es cómodo ejercer una parentalidad para la que nadie nos educó; pero ya estamos mayores (los que somos adultos), como para reconocer que las limitaciones a las que fuimos sometidos en nuestra propia crianza causó y sigue causando estragos, tal vez no en nosotros, tal vez no en alguien cercano, pero si en alguien que conocemos.

Los niños y las niñas deben (ojalá) sentir la libertad de experimentar su ser y su voluntad sin dañar a otros, pero con seguridad y confianza de lo que son y lo que les pide su alma y sentir que son apoyados en sus elecciones y preferencias mientras descubren el mundo; esto aplica para cuando eligen colores, juegos, música, deportes, juguetes, historias, fantasías y hasta su forma de expresarse en todo, sin importar que sean niños o niñas.

En muchos foros es un tema sensible y hasta difícil de conversar, pero créanme; es necesario abrir y cambiar la conversación, porque un día tú o tú, puedes ser la mamá, el papá, la tía, el abuelo, la maestra, la hermana, la vecina de un niño o de una niña que se exprese distinto a los parámetros socialmente esperados y en ese momento vas a notar la maldad en el mundo, esa que hemos perpetrado los adultos mal educados y que lastiman a miles de niños y niñas alrededor del planeta, cuando se supone que cualquiera debería de darlo todo por protegerlos de todo mal.

Rainbow y más rainbow

La verdad sea dicha, es muy cool conocer o tener algún amigo o amiga gay cuando somos adultos, y verlos plenos y felices es aún mejor; pero ¿nos hemos preguntado cómo fue su infancia?; ¿desde qué momento de su vida han tenido esa seguridad o plenitud que hoy proyectan?, ¿alguna vez alguien los agredió por sus elecciones o apariencia distintas?; ¿fue sencillo ser quienes son hoy todo el tiempo?; ¿tuvieron las mismas oportunidades que quienes entraban en las cajitas de «niño» o de «niña» cuando ellos eran pequeños?

Ya tenemos que cambiar hasta la manera de expresarnos cuando nos escuchan los niños, porque «niño ve, niño hace», si estamos llenos de prejuicios e ideas obsoletas ellos las van a replicar.

Nadie le hace favores a otro alguien dándole chance de ser quien es; no somos mejores que otros, todos somos iguales. Hay diferentes niveles para educar sin género, algunos van desde no definir a los niños y niñas por su sexo al nacer, y otros menos extremos para dejarlos en libertad y no caer en una educación sexista que sin darnos cuenta está en todos lados.

La parte más valiosa para mí de estas nuevas propuestas es evitar el uso de etiquetas y fomentar un mayor amor propio desde la infancia.

Niños y niñas merecen poder conocer el mundo que los rodea y estrenarlo libremente, sin críticas, sin que sientan que tienen que ser y comportarse de determinadas maneras para hacer feliz o complacer a alguien más, ni a sus propios padres.

El mes del orgullo no solo refleja la imperiosa necesidad de dejar de ser parte del problema, es la oportunidad para que las familias con niños de colores (ni rosas ni azules) tengan espacios seguros en todos lados: escuelas, familias, centros religiosos, centros deportivos, etc.

Dejemos de creer o de fomentar ideas absurdas y obsoletas: la homosexualidad no se contagia y no se cura, no es una enfermedad y tampoco solo se manifiesta después de cumplir la mayoría de edad. Si te incomoda esto, imagínate ser un niño o una niña escondiendo lo que ni siquiera conoce, lo que aún no define, lo que le dicta su interior… en un mundo cuadrado, dividido en solos dos colores y dos roles únicos, aparte de crecer, y de romper esquemas, a veces enfrentan el desamor y el rechazo en sus propios hogares.

Somos los padres y nadie más los primeros que tenemos que garantizar la seguridad de nuestros hijos, su certeza, su sana y segura personalidad, así amen el ballet o el box, la literatura o la ciencia, el rosa o el negro, los vestidos o los pantalones.

Dejemos de definir a los humanos por esas elecciones. Una educación a colores es lo que corresponde, en un mundo de colores, todo avanza menos nosotros y nuestra limitada mente. Si los abuelos, si los maestros, si los amigos, si la familia o quien sea tiene algún conflicto con eso, ahí no es. Dejemos de buscar validar la vida de los demás, nadie lo merece.

En este caso aplica siempre el proverbio: «si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, entonces no digas nada».

Karla Lara

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