Si cuentas con los servicios de una empleada doméstica seguramente has disfrutado de la enorme dicha que significa llegar a tu casa y encontrarla oliendo a limpio, tal vez con comida recién hecha y muy probablemente con ropa lavada y doblada en tus cajones.

Si ese es tu caso y quizá debido a la pesada carga de trabajo del cual te liberas gracias a esa mujer, hasta te has llegado a referir a ella como la “reina del hogar” o la “alegría de la casa”. Y si es así ahora ya tienes la oportunidad de manifestar todo ese aprecio en un contrato laboral de prestación de servicios que contemple el pago de la afiliación a seguridad social para tu empleada doméstica.

Y es que el pasado mes de mayo entró en vigor el programa piloto “Régimen especial opcional de seguridad social” que está diseñado para brindar acceso a los beneficios del IMSS a todas aquellas personas que realicen servicios de aseo y asistencia al hogar de una persona o familia. Es decir, que es extensivo también a los hombres que trabajan como chofer, jardinero, velador, etc., siempre y cuando estos servicios sean prestados en una casa habitación.

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Pros y contras

Partiendo del derecho innegociable a un trabajo digno y bien remunerado del que son sujetas todas las personas que trabajen en un hogar, es importante señalar que esta reforma supone un cambio de paradigma que apenas empieza.

Al cabo de estos primeros meses de operación, el programa ya cuenta con opiniones a favor y en contra porque, aunque el beneficio de acceder a la seguridad social es evidente, el papeleo y sobre todo el costo que esto añade al presupuesto familiar podrían resultar contraproducentes.

De por sí en nuestro país es una práctica muy común que las empresas formalmente establecidas den de alta ante el IMSS a sus empleados registrándolos con un ingreso menor al que en realidad perciben con tal de pagar cuotas patronales más pequeñas, ahora imagínense las prácticas que en este programa piloto y voluntario pueden presentarse.

El verdadero riesgo está en que para poder cubrir la cuota patronal, los empleadores terminen reduciendo el efectivo que entregan a los trabajadores, disminuyan la frecuencia de días en los que solicitan sus servicios o en el peor de los casos decidan prescindir por completo del trabajador.

¿Como de la familia?

Estoy segura que más de una de las personas que ahora leen esto saben de alguna historia de abuso, acoso, discriminación e incluso violencia en el que esté involucrada una persona que se dedique a algún trabajo doméstico. En la gran mayoría de los casos, la peor parte se la lleva justo la empleada o el trabajador, porque aquello de ser “como de la familia” muchas veces se acaba exactamente en el momento de exigir algún derecho laboral o humano.

Esta precariedad en las condiciones de trabajo y el aumento de la migración han ocasionado que la oferta de este tipo de servicios haya disminuido. Cada vez más muchachas salen de sus comunidades con la idea de trabajar, pero ya no quieren venir a “la capital” a limpiar casas, ahora buscan migrar a Estados Unidos para trabajar en lo que sea que les genere ingresos en dólares.

Todo ello aunado al acceso a la información ha propiciado el surgimiento de organizaciones sociales que luchan por los derechos de las empleadas domésticas y trabajadores del hogar. De hecho, fueron estos grupos quienes desde hace años vienen empujando la creación de este programa de afiliación.

Por su parte, para los especialistas en el tema, el problema no está en que se formalice el trabajo doméstico y con ello se salde una deuda histórica que como sociedad tenemos con este amplio sector de la población, no; señalan que el inconveniente está en darles el tratamiento jurídico y laboral de un empleado común de una empresa cualquiera.

Es por ello que no pocas voces se han manifestado a favor de crear un marco normativo específico para trabajadoras y empleados del hogar, que les permita ejercer sus derechos laborales pero que sea administrativa y económicamente viable para los patrones.

Para los legisladores que aprobaron este programa piloto en mayo pasado, el siguiente paso es que la afiliación al IMSS deje de ser voluntaria y que todos los empleadores estén obligados por ley a firmar un contrato laboral y a dar de alta a sus empleadas domésticas y trabajadores del hogar.

En todo caso, me parece que lo verdaderamente importante de todo este asunto es que al fin se está hablando de los derechos de las empleadas domésticas y trabajadores del hogar no solo al interior de las familias sino que esa discusión se está dando en las tribunas donde se toman las decisiones de este país. Creo que eso es en sí mismo un avance en esta ruta de quienes trabajamos en visibilizar y dignificar a los grupos más vulnerables de nuestra sociedad.

¡Esto apenas empieza!

 

* Con información de la Licenciada Lisandra Serrano, especialista en materia fiscal y derecho corporativo

* Calculadora de cuotas y detalles del programa: http://www.imss.gob.mx/personas-trabajadoras-hogar

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