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Puede ser o no, que nos estemos acostumbrando a la «nueva normalidad» que poco tiene de normal, pero lo cierto es que estamos viviendo de formas completamente distintas a lo que conocíamos.

Dicen que vamos a tener que aprender a vivir con Covid durante mucho tiempo más y eso significa regresar a la vida de a poco, escalonados y lo que quieran, pero regresar.

Escuchaba en la radio que hay cosas a las que nos vamos a acostumbrar: por ejemplo a usar el cubre bocas siempre, caretas, guantes, etc., dependiendo del lugar y de la actividad. Que ya no serán una constante las reuniones sociales y familiares, sino por excepción y con invitaciones limitadas, así como ahora todo mundo se escribe mensajes en lugar de llamarse por teléfono, ahora no iremos a las casas o a las comidas por placer, al menos no en un tiempo.

Yo he tenido pensamiento al respecto, extraño a tantas personas… A mi familia, los quiero en mi casa, pero no los quiero poner ni ponerme en riesgo. ¿Cómo podemos regresar si lo que sigue es desconocido?

Recién tuve la oportunidad de entrevistar a una experta en «tanatología» quien me recordó que SIEMPRE estamos transando con la vida, que nos gusta comprar viajes a meses que van a suceder en el futuro, o planear una graduación o ir a un concierto que será en un año, porque parece o simula una promesa de «certeza» y me hizo pensar, que ni antes ni ahora, hay garantía para lo que viene.

Claro que tenemos que seguirnos cuidando a nosotros y a los demás, que es una gran responsabilidad la que tenemos como comunidad para salir bien de la pandemia (lo que eso signifique) para enfrentar otras pandemias como la falta de empleo, la violencia, la crisis económica y todos los trastornos emocionales que este distanciamiento provocó. Así que pienso que el día que vivimos es el principio de lo que sigue: estamos como si fuéramos nuevos en este mundo, a prueba y error, de qué sí y de qué no y hasta dónde y hasta cuándo para hacer ciertas actividades.

Ya nos dimos cuenta que eso de disfrutar el presente, el hoy y el ahora no es un cuento romántico sino una realidad, que ojalá todos nos dedicáramos a lo que nos hace feliz porque la vida es una y es muy corta. Ya entendimos que la salud es el mayor de nuestros patrimonios y que las prioridades tienen que reacomodarse igual que los valores. También sabemos que no hay garantías de volver a ver o abrazar a nadie y eso nos debería orillar a sanear nuestras relaciones y hacerlo todo como si no hubiera mañana.

Cada quien está aprendiendo y evolucionando en su pensamiento como puede con lo que tiene, eso requiere que todos seamos más empáticos y tolerantes con todos, porque no sabemos la lucha del de junto. Esto no es novedad, siempre ha sido así, pero como humanidad nos ha afectado al mismo tiempo, ojalá y sirva para algo positivo.

Quizá hemos aprendido también a seguir consejos, esos que considerábamos obsoletos como: ahorrar, limpiar la casa, aprovechar estar en familia, ser felices con menos y dejar en los demás experiencias que trasciendan.

Todos éramos unos y regresaremos siendo otros porque la pandemia marcó un antes y un después. No hay garantía de que volvamos en mejores personas, ya hemos visto que el ser humano es capaz de las peores bajezas aun y en tiempos de pandemia, pero no pierdo la esperanza de que somos más los buenos y somos nosotros, esos «buenos» los que podemos cambiar el nuevo mundo de a poco, pequeñas contribuciones a la vez, siendo mas reales, mas honestos, mas de a pie. Los tiempos para «parecer y aparentar» han quedado atrás, ya no tenemos tiempo para creer banalidades y mentiras, queremos ver personas que se preocupan por otras personas y en las cuales podemos confiar. Eso aplica para amigos, familia, colegas y desconocidos, sobre los cuales quizá también hemos una depuración importante durante este tiempo en casa.

¿Es el principio de una nueva forma de vida o el final de otra? ¿Esas formas o estilos de vida podrán coexistir en los tiempos venideros o no? ¿Vamos a superar como especie esta lección y a cambiar para cuidar todo lo que significa la vida o seguiremos derrochando recursos y maltratando el entorno sin consciencia?.

Son preguntas personales, pero las posibles respuestas nos afectan a todos. Pocas veces en la historia ha sido tan palpable que si no funcionamos en sociedad, no funcionamos. Hagamos lo posible por funcionar, hagamos los ajustes necesarios, por ti, por mi, por nosotros.

La vida va seguir demandando lo de siempre: trabajar para generar ingresos, acumular para generar riqueza, tiempo para lograr resultados, eso no cambia, lo que cambiará es la manera de hacer diferente para generar los mismos resultados. Nadie dice que será fácil, los indicadores más objetivos nos muestran panoramas desalentadores, pero está en nosotros aplicar nuestras mejores herramientas emocionales para ser resilientes y adaptarnos a los cambios.

Todo en la vida es cambio, no es el hilo negro, hoy fue un cambio forzoso, saquemos lo mejor de nosotros para que los resultados no nos impacten negativamente. Hagamos un esfuerzo por cambiar y ser un poquito mejores de lo que éramos, siempre podemos y eso se va a notar. Un poquito cada quien y será una gran ganancia para todos.

Karla Lara

@karlamamadecuatro

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