Ya cumplimos un año de pandemia, de distanciamiento social y de vivir y coexistir con el Covid-19 en el planeta.

Hace un año, los sentimientos eran demasiados y la incredulidad rebasaba la realidad de lo que íbamos a vivir como humanidad… los 40 días días se agotaron incontables veces y esto aún no se acaba. Me atrevo a afirmar que de alguna manera estamos aprendiendo a vivir de una manera distinta para que la vida no se quede en pausa por siempre.

Sin embargo; al pensar en el año pasado no puedo evitar recordar que muchas veces usamos, leímos o escuchamos la frase «Éramos felices y no lo sabíamos» para cuando nos referíamos a tiempos pasados pre-covid y que de alguna manera asumimos, fueron mejores.

Un año ha transcurrido y en el avance del mismo sabemos que existen un sinnúmero de familias afectadas, porque alguien enfermó, porque alguien falta, porque la economía se merma, porque la salud no es la misma, porque el estilo de vida es otro, porque todo ha cambiado… Lo cierto es que la vida siempre ha cambiado, de una manera u otra, el cambio es la constante, y en el año se acumularon por todos lados algunas palabras «positivas» que pasaron a formar parte de nuestro vocabulario como: «resiliencia», «reinvención», «adaptación», «nueva normalidad», «emprendimiento» y otras tantas frases y palabras no tan positivas del uso común como: «hartos del encierro», «necesito un break», «lo hacemos con medidas», «cansancio», «ansiedad», «burn out«, «depresión». Ambos extremos describen la situación de las mayorías: los que se adaptan y sobreviven y los que dicen cómo se sienten y sobreviven. Lo cierto es que, no hay «bueno» ni «malo».

A todos nos cambió la vida y cada uno dependiendo de nuestras circunstancias de vida nos hemos adaptado mas rápido o más despacio a lo que significan esos cambios y continuamos el viaje, unos días calmos y otros no tanto… Pero sobre estos momentos en los que navegamos según lo dicte la emoción, ¿acaso es verdad que «antes» éramos felices y que no lo sabíamos?, ¿o solo adoptamos la frase para comparar el «antes» y el «ahora» de este momento histórico en el que toda la humanidad atraviesa una pandemia que ha dejado secuelas inmensas a su paso y cuyas últimas consecuencias aun no conocemos?

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, yo tengo mis dudas, porque creo que cada día tenemos la oportunidad de elegir cómo vivir e interpretar lo que estamos atravesando, y que vivir en el pasado puede pasarnos la factura de dejar pasar el presente sin darnos cuenta.

Creo también que una gran mayoría de nosotros entendimos que en cualquier instante, sin aviso previo, la vida como la conocíamos puede cambiar y que de ello nadie queda aparte. En fin; si acaso «antes» éramos felices, espero que «ahora» busquemos serlo y que no nos rindamos el buscar la felicidad de las pequeñas cosas y que esta vez «sí» nos demos cuenta de esa felicidad. Que dejemos de una vez por todas de añorar un futuro que, cerca o lejos, aún no llega: es el presente lo que tenemos y en lo que debemos tener nuestra atención y reconocer que, la tan añorada «felicidad» puede tener muchas formas y que quizá ninguna de ellas tenga nada que ver con nuestra expectativa de la felicidad, pero sí con lo que hoy necesitamos o merecemos tener, para nuestra paz mental, emocional, física y hasta espiritual.

Aquí cabe el «amiga date cuenta». La vida siempre ha sido y hoy también, el hoy el ahora; no el pasado, no el futuro sino lo que somos, hacemos, pensamos, decimos, damos, tomamos o dejamos de hacer… hoy y nada más.

Añorar no está mal, nuestras memorias y recuerdos son los cimientos de lo que somos hoy, futurear tampoco es erróneo, pues la esperanza siempre será un gran motor en la vida humana, pero esta vez hagamos lo posible por «darnos cuenta» de cuando la felicidad esté en nuestra vida.

Ojalá que en esta ocasión sí podamos reconocer las señales de la felicidad en la vida cotidiana, en el amanecer, al medio día y por la noche, sin fecha especial de por medio, sino solo por el placer de ser y de estar.

No sé si aplica para todos el no saber si nuestra vida pre pandemia realmente era nuestra manera feliz de vivir, pero sí creo que todos por ahí extrañamos algo o a alguien, pero esto no es sinónimo de que ese momento o esa personas sean la clave de la felicidad.

No hay fórmula mágica, pero tratemos de ser felices hoy y darnos cuenta, que en esta ocasión no pase desapercibido, que no tengamos que voltear la cara un día y decir de nuevo «era feliz y otra vez no me di cuenta», pongamos los sentidos, el alma, el corazón y la intención en ser y hacer feliz a nosotros y a otros.

La vida sigue, la vida va, veamos la belleza en todo lo posible, la bondad, la solidaridad, la empatía…y sobre todo el amor que le ponemos a la vida, esa cotidiana llena de cosas que mañana vamos a recordar con mucho amor y que quizá también vamos a extrañar un día.

Karla Lara

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