Hay vocaciones que se toman su tiempo, que esperan pacientemente detrás de una carrera corporativa o un título técnico hasta encontrar el momento propicio para florecer. Ese fue el camino de Juliana Mejía. Criada entre los olores de la pintura y la escultura que estudiaba su madre, Juliana comenzó su vida profesional en la Ingeniería Industrial. Sin embargo, los giros del destino —y una mudanza a Costa Rica— la devolvieron al lienzo. Hoy, instalada en México, ha convertido el collage contemporáneo en su lenguaje más honesto: piezas hechas de fragmentos que hablan de reconstrucción, de la experiencia de ser mujer y de esa búsqueda universal llamada hogar. En esta entrevista, nos adentramos en su universo creativo.

Migración y arte
De los números al lienzo: un camino de reinvención
Kena: Estudiaste Ingeniería Industrial y trabajaste en áreas técnicas y administrativas. ¿Cómo se cruza ese origen con tu presente como artista visual? Juliana Mejía: Como muchos artistas, mi camino comenzó en la infancia; me encantaba pintar y escribir cuentos. Crecí observando las obras de mi mamá, y esas imágenes despertaron mi imaginación. Aunque estudié Ingeniería Industrial y trabajé durante años en ese campo, nunca dejé de sentir que el arte seguía esperándome. Cuando la vida me llevó a vivir a Costa Rica, tuve la oportunidad de empezar de nuevo. Retomé mi formación artística junto a grandes maestros como Max Rojas, Milagro Carrillo y Claudia Botero, y confirmé que ese era el camino que quería recorrer. Más adelante, en México, descubrí el collage en el taller de Miguel López Vázquez. Fue una técnica que llegó en el momento justo, porque me permitió unir estructura y sensibilidad, intuición y narrativa.

Artista visual
La materia de la memoria
Kena: Tu obra utiliza fragmentos de revistas, palabras y materiales que tuvieron otra vida. ¿Qué hay detrás de esa elección técnica? Juliana Mejía: En mis collages construyo rostros a partir de cientos de fragmentos. Cada pieza conserva parte de su historia original y, al unirse con otras, crea un nuevo significado. Es una metáfora de la vida: todos somos el resultado de múltiples experiencias que terminan dando forma a nuestra identidad. Me gusta pensar que sucede algo parecido con las personas; estamos formados por recuerdos, heridas, alegrías y aprendizajes que, lejos de disminuir nuestro valor, nos convierten en quienes somos. Todo comienza observando: una fotografía, una conversación, una persona caminando por la calle o una experiencia personal. Y en el proceso, la obra cambia constantemente; muchas veces empiezo creyendo que hablaré de un tema y termino descubriendo otro completamente distinto.
«Todos somos el resultado de múltiples experiencias que terminan dando forma a nuestra identidad», nos comparte Juliana Mejía.

Collage contemporáneo
Mirar la complejidad femenina y el poder de empezar de nuevo
Kena: La mujer ocupa un lugar central en tu propuesta, especialmente en series como Secretos de Mujer. ¿Qué buscas revelar a través de ellas? Juliana Mejía: No me interesa retratarlas desde estereotipos ni idealizarlas. Quiero mostrar su complejidad, su fortaleza, su vulnerabilidad y su extraordinaria capacidad para reconstruirse. Mi serie Secretos de Mujer nace precisamente de esa intención: revelar aquello que suele permanecer oculto detrás de la imagen que proyectamos y recordar que cada mujer guarda una historia única. Además, mi fe forma parte de esa mirada; me ha enseñado a buscar belleza incluso en aquello que parece roto y a creer que siempre existe la posibilidad de restauración.
Kena: Has vivido en distintos países. ¿Cómo ha influido la migración en tu mirada artística? Juliana Mejía: Sin duda, los nuevos comienzos han sido de mis mayores retos. Cada cambio ha significado volver a construir amistades, redes y sentido de pertenencia. No siempre ha sido sencillo y ha habido temporadas en las que las circunstancias me alejaron del arte, pero con el tiempo comprendí que esos procesos alimentaron mi obra. Hoy entiendo la migración no solo como un desplazamiento geográfico, sino como una experiencia profundamente humana: todos buscamos un lugar donde sentirnos vistos, comprendidos y aceptados. Quizá por eso mi trabajo habla tanto de identidad, reconstrucción y esperanza.

Arte contemporáneo
Pausar en un mundo acelerado
Kena: Vivimos en la era de la inmediatez y el consumo rápido de imágenes. ¿Qué le pides al espectador cuando se encuentra frente a tus piezas? Juliana Mejía: Aspiro a que quien contemple mi obra encuentre un espacio para detenerse. Vivimos en un mundo que nos invita a mirar rápidamente y a emitir juicios inmediatos. Yo quisiera provocar exactamente lo contrario: invitar a observar con calma, generar preguntas y abrir conversaciones. Si una persona logra reconocerse en una historia ajena, sentir empatía o mirar al otro con mayor compasión, la obra ya ha cumplido parte de su propósito. Y si esa experiencia despierta una reflexión espiritual sobre quiénes somos y cuál es nuestro valor, siento que el arte ha llegado a un lugar muy profundo.
«El arte llegó en el momento justo, porque me permitió unir estructura y sensibilidad», Juliana Mejía
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Juliana Mejía
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