Ser mujer no debería ser un problema, y menos a estas alturas, pero a pesar de los años seguimos luchando por la misma situación que en los 60s, cuando comenzó la lucha por erradicar la violencia contra la mujer y en los próximos años por la igualdad laboral entre hombres y mujeres, con el fin de obtener las mismas oportunidades, de trato y remuneración  bajo el mismo puesto y dejar atrás la discriminación.

México se encuentra en el lugar 128 entre 144 países  de desigualdad laboral en la clasificación del Foro Económico Mundial y seguimos sin entender ¿Qué es lo que nos hace diferentes? Las capacidades y actividades son las mismas ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para llegar a ese punto? La estadísticas de los últimos años apuntan entre los 80 y 75 años, según la ONU.

Tristemente la mujer sigue siendo vulnerable ante el “poder” del hombre, enfrentándose a discriminación de todo tipo: directa e indirecta, que va desde la diferencia de salarios, cuestiones económicas y orientación sexual ¿Y qué podemos esperar si en pleno 2017 escuchamos comentarios como este?

 «Por descontado que las mujeres tienen que ganar menos que los hombres, porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes».

Un comentario del diputado europeo Janusz Korwin-Mikke, que nos hace retroceder en años de lucha contra las sociedad intolerante y racista,  durante el debate de la  diferencia salarial entre hombre y mujeres, y aunque estamos hablando de otro continente,  imaginemos la situación en un país como el nuestro que se ha caracterizado por ser machista.

Aún no tenemos claro a dónde vamos a llegar, ni qué nos depara el destino ante personas como estas o como Manuel Muñoz , exvocal  de la Cámara de Comercio de Sevilla,  acusado de acoso sexual contra la diputada Teresa Rodríguez, quien fue forzada en un intento por besarla.

Según información de el portal digital de El País, la fiscalía de Sevilla comentó que el propósito de este acto fue:

«Pisotear la dignidad de la persona ofendida con un acto, de contenido claramente sexista, que pretende demostrar y alardear de una repudiable e indefendible idea que preconiza la primacía del hombre sobre la mujer, obligando a ésta, para su propia humillación y vituperio, a sentirse sometida sin remedio a ese poder y a ese imperio. No puede olvidarse que, en las circunstancias que concurrían, la entidad de la vejación se agranda muy considerablemente».

El panorama sigue borroso para muchas, pero de algo estamos seguras, estamos cansadas de ir con miedo, de aguantar abusos de los que se creen superiores, de aguantar humillaciones por situaciones que como mujeres no pedimos.

No importa de dónde seamos, la desigualdad persiste en todas la sociedades, desde México hasta Sevilla tratando de pisotear la dignidad de la mujer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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