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Que no, que ya te lo digo de una vez, la culpa no nos sirve para nada (menos cuando es irracional y sin fundamento), y que tampoco es un ingrediente necesario y que es una muy mala consejera.

Soy mujer y trabajo con muchas mujeres y la culpa es una constante en mi vida y en la de ellas. Sean madres o no.

Culpa cuando eres mamá

Les pongo varios ejemplos de las culpas que llegamos a sentir las que somos mamás:

  • Como doula muchas veces les digo a mis alumnas que desde que concebimos a nuestro bebé y vemos dos rayitas confirmando el positivo de la prueba de embarazo, parece que una rayita es el bebé y la otra la de la culpa que no nos deja casi nunca. Que si porque usamos tacones, que si nos pintamos el pelo, que si no duermo lo suficiente, que si debería de comer más, o menos o mejor en el embarazo… Porque subí mucho o poco de peso. Culpa cuando nace el bebé si acaso quería un parto y resultó ser por cesárea. Si quería lactar y no lo logré. Si regreso al trabajo pronto, si soy egoísta por querer tiempo para mí, porque a veces me quejo de mi maternidad, porque si estoy lactando y se me antoja una copa de vino, y peor si me la tomo… Culpa por querer salir con amigas o por querer hacer un viaje con mi pareja, o por desear o hacer ambas cosas. Porque a veces el deseo genera culpa, y otras la genera la acción…

Culpa cuando no eres mamá

También he visto y escuchado La Culpa (así, como si fuera un personaje) en mujeres que no son madres:

Que si porque tienen o no la talla “adecuada” (sin saber ellas mismas según quién), si por hacer nada o mucho ejercicio. Si por ser adictas al trabajo o por no tenerlo. Culpa por elegir no ser madres (que tal que luego se arrepienten). Culpa por estirar la soltería o hacerla su modo de vida… y etc.

Pero NO. Por favor NO.

No es necesario ni es un requisito sentirse culpable al ser mujer.

Se habla de la culpa, se escribe de la culpa y no la entendemos muy bien. 

La culpa hoy día

En la paternidad por ejemplo, todos los padres (y madres) queremos ser los mejores para nuestros hijos y nos vamos perdiendo en el camino porque no sabemos qué nos lleva con certeza a lograrlo. Si damos mucho o poco, etc., y regresamos a las miles de razones que nos provocan la mentada culpa (por cierto más arraigada en mamá que en papá).

Las condiciones actuales para criar una familia son totalmente distintas a la época en la que fuimos criados. Tenemos pocos referentes, tenemos poca experiencia, sobra la información externa, y peor: no confiamos y no usamos nuestro instinto. Ah, y encima de todo, en las redes sociales exponemos nuestra maternidad y nuestra paternidad y las dejamos sujetas a un debate social interminable (al que siempre escuchamos).

No va por ahí.

Ser mamá o papá va desde adentro, no tenemos que ser expertos en niños, solo ser expertos en nuestros propios hijos.

Aprender de nuestros errores es lo mejor que podemos hacer. Avanzar después de ellos. Vamos disfrutando más y sufriendo menos.

Es una elección vivir felices. La felicidad debería de ser el primer y último fin del ser humano.

Importa mucho desaprender a sentirnos culpables por cosas irrelevantes.

Miremos con otros ojos más profundamente: México es un país en donde la violencia de género hacia las mujeres es altísima, y muchas veces –sí, muchas– se asocia la conducta o el acto violento con alguna provocación de la mujer, que por cierto, se nos olvida que es la víctima y resulta entonces ser la culpable. En las relaciones de pareja, la infidelidad muchas veces se justifica porque la mujer no es dócil o no lo llena lo suficiente. En los trabajos, si la mujer es madre, a veces se asume que no puede con todo y sufre hostigamiento laboral y ya con todo encima, ella misma cumple de más, pues se siente culpable por querer balancear su vida personal y el trabajo, cuando en realidad la situación atiende a la falta de políticas laborales que permitan conciliar la maternidad y la vida laboral.

Hay culpa también si se ha dejado a los padres a un lado para hacer una vida propia, y culpa si acaso, tenemos que regresar al hogar materno porque no hemos sido capaces de alcanzar esa vida como la habíamos imaginado.

Paremos.

Ser mujeres NO nos obliga a gustar ni a ser calificadas como suficientes por otro alguien. Somos personas, tenemos defectos y virtudes, habilidades increíbles y áreas de oportunidad; un cuerpo que nos pertenece al igual que todas las decisiones que tomamos en nuestra vida. Se nos ha olvidado y la consecuencia es sentirnos culpables. ¿Saben qué?, la culpa paraliza, achica, diluye nuestra imagen frente a nosotras mismas y frente a los demás y nos va debilitando.

Claro que a veces cometeremos errores y ello nos hará reflexionar o repensar lo que hicimos, pero la culpa no le sirve a nadie. Lo que corresponde es parar, tomar distancia, analizar lo hecho o lo dicho o lo no hecho, y seguir.

Dejemos de cargar esas culpas que incluso, nos son impuestas externamente. ¡Basta!, que sí, que sí nos vamos a equivocar cientos de veces, ¿y qué? De los errores se aprende, de lo errado se crece, de lo perdido se encuentra… Así de fácil, quien aprende de sus fallas crece y evoluciona; no necesita ir pidiendo perdón por siempre, no requiere ofrecer disculpas mil veces ni tampoco ponerse de tapete.

Ya. ¿Te has equivocado?, yo también. Y todas las personas que conoces igual, aún cuando no lo digan, aún cuando no lo reconozcan, y ni modo.

Avanza y no te detengas. Que la culpa jamás sea tu lastre, que tampoco sea un yugo ajeno.

Saca lo mejor del error y sigue.

Deja la culpa encerrada en un cajón, en uno donde pones las cosas que no usas o que no te sirven y que un buen día de orden vacías para echar todo a la basura.

Podemos y merecemos ser mujeres plenas y libres de culpa en toda la extensión de la palabra.

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