A veces el arte te elige… a veces tú eliges el arte. Un poco de los dos le sucedió a Adriana Urquiza.

Para ella y después de más de 30 años de dedicarse a ello, “el arte es un acto amoroso que permite trabajar la capacidad de concentración, paciencia, perseverancia, disciplina y creatividad.”

“Toda la vida me ha gustado pintar, desde niña”, nos comenta. Estudié diseño porque va relacionado con la pintura: la teoría del color, la composición. Pero tengo que decir que la naturaleza sacó lo mejor de mí y la mejor manera que tengo de expresarlo es pintarlo. Disfruto ver la naturaleza, la tierra, los árboles; sus formas y texturas. Se me graba en la mente como una especie de foto. Me llena de paz, me inspira el paisaje.”

Ha pintado de todo, pero lo que más le mueve es el paisaje mexicano. Su técnica es muy peculiar. Ha elegido la encáustica la cual se basa en utilizar cera de abeja como aglutinante de los pigmentos y se trabaja en caliente con pinceles o espátulas, dado que cuando se enfría se endurece. Esta técnica es muy antigua, se remonta a la Grecia Antigua y también a los Egipcios, quienes la usaban por su resistencia y dureza.

“Estuvo olvidada por muchos años”, resalta Adriana. “Tiene su proceso complejo porque es increíble. Lleva tiempo preparar toda la técnica, es como un ritual. A la hora de preparar la madera −que es la superficie indicada para pintar− vas haciendo capas de ceras, luego con soplete, dejas enfriar. Con el soplete vas haciendo formas espontáneas. Tienes texturas, relieves, puedes meterle papeles… te permite diferentes formas de trabajarla. Hay pinceles o materiales que te ayudan a crear texturas diferentes. El acabado es súper suave, imaginen, ¡es cera! Su belleza es única.”

Y sonaría a que se crean piezas muy delicadas, pero ya que seca, el material es durísimo y resistente.

“El pintar es mi mejor vitamina, me permite olvidar el exterior y conectar conmigo misma con mi esencia, mi energía, mi ser llenándome plenitud.”

Ha estudiado en la Academia de San Carlos y en Florencia, además de trabajar con grandes maestro, como Luis Nishizawa, de quien aprendió la técnica del temple y hacer trazos firmes.

“Pintar es un proceso para estar sola: me meto tanto que me doy cuenta de mis posibilidades, me reconozco, reflexiono y estoy conmigo como en ningún otro lugar… yo sola con mi pintura,” y la vemos sonreír al sentir la energía que su arte le genera.

¿Cuál es el poder que tiene el arte, Adriana?

“Sacar lo que trae uno, es una terapia para ti. Reflejar lo que uno trae, lo que uno es. Si eres honesto con lo que pintas, la gente lo reconoce, lo agradece. Me encanta que le cree alguna sensación de alegría. Mi pintura es amable.”

Al preguntarle si crear arte es únicamente para ciertas personas nos comenta:

“Hay que probar, vean qué resultado generan; sólo intentándolo se van a dar cuenta. Y si es para esa persona, lo va a disfrutar muchísimo. Y sí, es para ciertas personas y hay quien lo trae guardadito y por ahí sale. Es una compañía para siempre.

Su obra ya junta más de 2,000 cuadros, muchos inspirados de sus viajes por las carreteras de México. Y es justo eso lo que quiere: poner en alto el nombre de nuestro país.

 

Su instagram: https://www.instagram.com/adriana_urquizalp/

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