Cuando la histeria, la culpa y el descuido personal se cuelan en la pañalera.

Por Tania LaraDi

De la nada, los hijos arremeten y montan unos numeritos de “Princesas” y “Campeones” que pa´ su mecha, ni dónde meter la cara ni cómo ahorcarlo al estilo Homero Simpson con Bart frente a todo el supermercado, cine o evento familiar. Ya hemos llegado al tope de la histeria y ellos junto con nosotras… ¿dónde ha quedado la felicidad de ser madre?

Agotadas de cansancio físico por tanta desvelada y encima emocionales con las hormonas alocadas

La paciencia se convierte en un mantra que repetimos a diario, pero pierde sentido esa palabra, pareciera imposible llevarla a cabo; estamos con la garganta hecha un nudo, llorando encerradas en el baño (claro, solo medio minuto, no tienes más tiempo). Agotadas de cansancio físico por tanta desvelada y encima emocionales con las hormonas alocadas; súmale el bombardeo de recomendaciones y juicios no pedidos de conocidos y hasta de extraños que se “toman su tiempo” para aconsejarnos. Además, no somos las herederas Hilton, así que el dinero también es todo un tema.

La culpa se ha instalado en la pañalera que cargamos a todos lados

La culpa se ha instalado en la pañalera que cargamos a todos lados y nos deshace más que un hombro; tu profesión ha quedado relegada, con tu pareja te sientes extraña, tus amigas en el cajón de los recuerdos y encima un día te volteas a ver al espejo y ¿qué observas?… “Estás toda descuidada”.

Una querida amiga me decía: “En el primer año no pude comprarme ni un chon que me quedara, necesitaba un bra especial y tampoco fui a buscarlo… ya ni me preguntes si pude retocarme las canas o salir con amigas, ¡es impresionante cómo te olvidas de ti!

Nonantzin Martínez nos explicaba en su ponencia durante el pasado evento de Kena, Madres Primerizas, que en la primera etapa, tras el parto, comenzamos a alejarnos del concepto de felicidad y a verle como algo utópico o banal. Nos parece de egoístas hacer algo por nosotras o tomarnos un break. Esta idea alocada de ser “madres perfectas o súper mamás” que tanto tú, con ayuda de la sociedad te impones, te alejará aún más. La felicidad no es mentira, no es una utopía y no es banal, (repite conmigo), además mereces vivir bajo su manto.

¿Qué te hace feliz… a ti?

Desconozco tu propio concepto de felicidad, no te voy a transcribir el del diccionario y te voy a pedir que no te devores el que muestran las películas cursilonas. Ármate un propio concepto, que sea muy personal. Comienza una lista de actividades que te pongan alegre, te hagan sonreír o sentirte mejor y cíñete a eso, comprométete y firma un pacto contigo misma. Todo se vale, desde las actividades que creas más simples o ñoñas (como comprarte chones, untarte un anticelulítico en las piernas o escuchar cierta canción) hasta las grandes ilusiones (mi viaje al mundo en 80 días). ¡Qué importa si las logras cumplir al pie de la letra ni cuándo! El chiste es devolver el foco en ti misma, tus necesidades genuinas y conseguirte una que otra sonrisita y respiro.

Regresando un poco al acuse de “Estás toda descuidada” … se me ocurre decir: ¡qué poca!, ¿quién dice?, ¿cómo, en qué?… ¿tengo que estar como ángel de Victoria ‘s Secret a los tres meses de parir, parada en lencería sobre la pasarela? Nooo… bueno ya exageré… pero también hay que darnos chance. Mientras se ajusta nuestro cuerpo, nuestra vida, la rutina, el cambio de prioridades, los sentimientos, mientras todo lo viejo termine de irse y lo nuevo termine de llegar: “Hay que darnos chance”.

Extrañaba mucho a mis amigas, pero ellas seguían en las mieles de la soltería

Mari Carmen, mamá primeriza, me decía: “Extrañaba mucho a mis amigas, pero ellas seguían en las mieles de la soltería; yo ni tiempo para echarme esas largas pláticas telefónicas hablando de los novios, la ropa y las fiestas. Siento que las aburría con mis problemas de pañales biodegradables, las técnicas del colecho y mis pezones sangrantes. Pasó el tiempo, no cambié de amigas, sumé unas nuevas con las de la guardería. Con ambos grupos encontraba afinidades y disparidades. De pronto vi, que solteras y mamás, teníamos de fondo el mismo tema… encontrar nuestra felicidad como mujeres”.

La vida te cambia con la maternidad, eso es innegable, no puedes regresar a quien eras y mucho de lo que hacías también será modificado, por lo menos unos años… “Nadie se baña en el mismo río dos veces”. Pero me niego a dejarte pensando que todo tiempo pasado fue mejor. Déjate deconstruir y construirte de nuevo, adopta nuevas actividades para la nueva tú y tu regocijo. Está comprobado que la felicidad no es algo que un día brota, más que un sentimiento es una decisión que se trabaja, se cosecha, se elige, se aprende a mantener… ¡y se hereda! Transmítele ese valioso tesoro a tus hij@s.

Suena simple, pero es real, así va la cadenita: mujeres felices-madres felices-hijos felices…

Finalmente, con toda la amplitud del significado te escribo: “cuídate” y no para que no te vean “descuidada”, sino para que seas feliz.