Una de las mejores maneras de sanarnos como adultas es ocuparnos de nuestra niña interior.

¿Qué significa esto?

Diversas corrientes psicológicas afirman que todas nuestras heridas principales se generan durante los primeros años de vida. De ahí, digamos que vamos replicando situaciones para confirmar creencias que adquirimos después de algo que nos pasó y nos dolió tanto, que lo asumimos como verdad.

También se dice que los niños son egocéntricos en el sentido que ellos creen firmemente que el mundo gira alrededor suyo: sí, son el centro del universo y todo tiene que ver con ellos. Cada «rechazo» es personal, ¡todo lo es!

Por eso, es importante sanar esa parte de la vida: la infancia.

Existen diversas técnicas para hacerlo, de hecho, ya les hemos dejado algunos tips y una divina meditación. Ahora vamos a probar otra técnica que, en lo personal, me encanta. 

El punto es acompañarla, escucharla, dejar que se desahogue y siempre SIEMPRE, hacerla sentir acompañada, segura, entendida y, más que todo: amada. 

Mira cómo funciona:

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Yo te recomiendo hacerlo por 21 días seguidos, si puedes un mes, ¡qué mejor! Poco a poco irás viendo cambios muy positivos en tu yo actual. 

¿Qué te parece? ¿Te animas a acompañar a tu niña interior hasta que se sienta completamente amada y vista?

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