Cuando descubrí que debía parar mi mundo para entender cómo había llegado a ese devastado lugar, en donde me sentía desolada, vacía, destruida, rota… busqué algo que me ayudara a entender para dónde me tenía que mover; sabía que debía hacer algo que fuera completamente diferente a lo que había hecho antes. Pero no tenía idea de qué cosa hacer. Recordaba que una amiga me había hablado de unas clases que daba una amiga de ella: meditación, talleres de desarrollo personal, yoga.

Me parece increíble hoy, pensar que no tenía idea de qué iba nada de eso, vivía en un mundo bastante alejado de esas prácticas que te conectan contigo misma y te ayudan a ver lo grandiosos que somos. Entonces (hace como 23 años), no era tan accesible, y yo estaba muy inmersa en la destrucción, de hecho estaba aferrándome con uñas y dientes para mantenerme en mi mundo conocido de desconexión de mi Ser, y aunque todo mi mundo me gritaba que me soltara, que dejara de buscar afuera, que mirara dentro… no entendía y me aferraba más, me lastimaba más, y por supuesto a los que me rodeaban los lastimaba también.

La cosa es que mi amiga era una persona que sí tenía conocimiento y práctica en el mundo del desarrollo personal así que me llevó a la primer clase de lo que fuera que daría su amiga, y resultó ser una clase de yoga.

Insisto que me parece increíble que no tuviera idea de qué se trataba una clase de yoga, siendo ahora algo taaan común, pero debemos recordar que hace 23 años no lo era, claro que existía pero era algo que se practicaba en la GFU, o en algún club entre señoras, que descubrieron un libro de Indra Devi… La cosa es que no sabía que era totalmente compatible con la yoga, ya que tengo un cuerpo bastante flexible y se me facilita mucho hacer posturas, así que empezamos la práctica y me sentía fenomenal porque ¡parecía que llevaba años haciéndolo!

Pero lo mejor que me pasó fue cuando hicimos la primera Savasana (una de las principales posturas en yoga, es de relajación y permite conectar profundamente en meditación) me dijeron que me acostara en mi mat, que soltara el cuerpo, las piernas abiertas no más que la medida de la cadera, los pies caen suavemente a los lados, los brazos descansan a lo largo del cuerpo, sueltos, con las palmas hacia arriba en posición de recibir. Cierra los ojos y mantén tu respiración profunda, simulando la respiración del sueño profundo… 

¡En ese momento pasó! Por primera vez en mi vida me daba el tiempo y abría el espacio para mirar hacia adentro… ¡sí! Por primera vez veía en mi interior y vi que mi mundo interno era infinitamente más grande que el externo, y fue tan grande mi sorpresa y me conmovió tanto que no podía parar de llorar, el resto de la clase lloré y lloré conmovida, agradecida, admirada. No tenía idea de qué seguiría en mi vida, lo único que sabía era que estaba parada en el camino correcto y que lo caminaría no importando qué, había descubierto mi camino y acababa de dar el primer paso, y eso ya me daba paz y me hacía saber que ya nada estaba perdido. De ahí en adelante dependía todo de mí y de qué tan lejos quería llegar. 

yoga

A casi 23 años de ese día me siento orgullosa de mi camino, de todo lo que he descubierto de mí y de lo que he hecho de mi vida. No es perfecta porque es humana, y así la disfruto y la celebro. Amé tanto la yoga que me hice instructora y di clases por varios años, y ahí emprendí mi camino de compartir con la gente lo que para mí ha sido mi trayecto.

Ahora comparto de otras formas, dejo la Yoga para mi práctica personal, y prefiero hablar y compartir con la gente en procesos emocionales, que son de vital importancia. 

En este espacio, agradezco a esos seres que tomaron mi mano y me ayudaron a salir de esa oscuridad conocida que me ahogaba y me destruía, esas maravillosas almas que me reconocieron en el camino y caminaron a mi lado para que comenzara con mi conocimiento, Maura Sesin y Christa Loken. Después se sumaron muchos más, muchos seres me han acompañado en mi camino a lo largo de 23 años, regalándome pedacitos de sabiduría y luz para que pueda ir armando mi rompecabezas y que pueda poner más luz en mi interior y así ver de qué estoy hecha y descubrir más y más de mí.

Hoy agradezco con cariño a estas hermosas almas que hacen tanto por tantos, brindando luz a la vida de muchas personas de tan diferentes formas, y con tanto amor. Gracias por lo que a mí me dieron, por la confianza, por el cariño. Por pasar y regalarme tanto en momentos tan importantes. 

Serie «Despertar y permanecer despierta».

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