Tenerle miedo a la muerte

El miedo a morir es, quizás, el miedo más compartido por todos como humanidad. Nos da miedo tener esa experiencia y sentir dolor, sufrir…, separarnos de esta vida, de lo que nos gusta, de nuestros seres queridos, y también nos da miedo lo que pueda pasar después, la angustia de la incertidumbre o simplemente desaparecer.  No lo digo yo, lo dice la psicóloga Faby Cuevas de Desansiedad. Pero vamos a profundizar más en esto.

A veces también nos da miedo lo que puedan pensar los demás de nosotros según las circunstancias en las que suceda, nos da miedo no haber cumplido un propósito o no haber disfrutado…

Miedo a morir: ¿Deja aprendizajes?

Y quiero compartir contigo lo que la Faby comparte en su blog de bienestar sobre algunos de sus aprendizajes que este miedo le ha traído:

  • Muchos de los miedos que siento alrededor de morir, son emociones o situaciones que de alguna forma vivo en mi presente (miedo a separarme de mis seres queridos = hoy no me siento conectada con ellos).
  • Detrás del miedo a morir hay una falta de conexión y un apego ansioso o inseguro, en el que percibo a la separación como un abandono doloroso que seguramente me llevaría a sufrir, como si fuera algo que yo o mis seres queridos nunca podríamos superar.
  • El miedo a morir me enseña que en realidad tengo muchas ganas de vivir, de disfrutar la vida, y que he de hacerlo quitándome la presión o expectativa de llevar una vida ejemplar o cumplir un gran propósito, y enfocarme más bien, en conectar.
  • Que detrás de aquello que no controlo o que sale de mi comprensión, siempre puedo acompañarme con amor y auto compasión en los momentos difíciles, y que si me mantengo en esa conexión, podré navegar los momentos difíciles.

Hay más:

  • Que no porque desconozca lo que viene después significa que sea negativo o doloroso, que muchas cosas que no sabía que sucederían han sido increíbles y que quiero creer, que la naturaleza de la vida (y de la muerte) tiene más sabiduría de la que alcanzo a entender, pero que el propósito tanto de nacer como de morir, al ser procesos de una misma vida… pueden ser positivos o agradables para mi.
  • Que mientras más me desapegue de las cosas terrenales o superficiales, y mientras más me acerque a mi espiritualidad y a mi esencia, más fácil serán todos estos procesos, que puedo estar preparada para lidiar con las situaciones si supero cada pérdida que se va presentando en esta vida, cada cambio, cada transformación.
  • Que realmente no puedo adelantarme y no vale la pena sufrir por adelantado, que mejor he de enfocarme en ver qué me dice sobre mí este miedo y sanar lo que me está reflejando

Estos aprendizajes y conclusiones han llegado poco a poco, con terapias, ejercicios y experiencias de vida, y si bien no es una situación deseable o que elegiría, tampoco representa para mi algo que me persiga todos los días y no me deje disfrutar.

Miedo a morir

Miedo a morir

Más allá del miedo a morir

Ser mujer hoy en día implica malabares constantes y agotadores: la exigencia de destacar de forma impecable en el ámbito profesional, sostener vínculos afectivos profundos y sanos, cultivar el bienestar físico y mental, y, en la gran mayoría de los casos, cargar con el peso invisible de los cuidados familiares y la búsqueda constante de la perfección.

En este ritmo de vida acelerado y demandante, el miedo a la muerte —y su antesala cotidiana, el miedo a la pérdida, al envejecimiento, a la enfermedad o a no estar a la altura de lo que se espera de nosotras— suele manifestarse de formas sutiles pero profundamente paralizantes en la psique femenina. Las mujeres actuales crecemos bajo el mandato cultural invisible de mantenernos jóvenes, altamente productivas, complacientes y emocionalmente disponibles, lo que convierte de manera inevitable a la finitud y al cambio en amenazas silenciosas que alteran nuestra paz interior.

Sin embargo, reflexionar sobre la mortalidad desde una perspectiva de género y de autoconocimiento nos invita a un despertar sumamente profundo. Cuando despojamos al miedo a morir de su manto puramente trágico y aterrador, descubrimos que, en realidad, aquello que más nos aterra no es el cese de la vida misma, sino la dolorosa sensación de no haber vivido con autenticidad ni libertad.

El apego ansioso e inseguro

Esto lo experimentan tantas mujeres hacia sus roles sociales, sus parejas, sus hijos, la aprobación externa o el estatus es, en el fondo, un reflejo directo del terror a perder la propia identidad si esos pilares externos desaparecen. Se nos ha educado para buscar validación afuera, olvidando por completo que la verdadera soberanía personal reside en la conexión genuina con el interior.

Finitud

Finitud

El antídoto real para esta profunda angustia existencial no es el control absoluto

Una ilusión tan desgastante como inalcanzable que solo alimenta el estrés crónico, sino la práctica radical de la autocompasión y el desapego consciente. Las mujeres actuales necesitamos aprender a transitar con gracia y valentía nuestras pequeñas muertes cotidianas: el fin de una etapa laboral que ya no nos llena, la partida de los hijos del hogar familiar, la dolorosa transformación de una relación de pareja o la valiente renuncia a la autoexigencia y a la perfección inalcanzable.

Cada duelo superado y procesado en vida funciona como un valioso ensayo general que fortalece nuestra resiliencia espiritual y nos prepara para aceptar que la vulnerabilidad nunca será una debilidad, sino una fuente inagotable de sabiduría.

Aceptar la muerte y la impermanencia, en última instancia, es liberar la vida de las expectativas ajenas y de los mandatos heredados. Es comprender con claridad que no necesitamos encajar en el molde de mujeres ejemplares según los rígidos cánones patriarcales o sociales, sino convertirnos en mujeres reales, intensamente conectadas con su intuición, su placer, su voz y su propia esencia.

Al abrazar nuestra finitud con amor, el tiempo deja de ser un tirano que corre implacablemente en nuestra contra y se transforma en un recordatorio sagrado para priorizar aquello que verdaderamente importa. Sanar este miedo profundo es, paradójicamente, el acto más revolucionario de autonomía, soberanía y amor propio que una mujer puede regalarse en su presente.

Te invito a compartir este post a todas tus amigas y correr la voz de este interesante tema. Recuerda que Kena siempre estará en todas las tendencias ayudándote a tomar decisiones. Síguenos en nuestras redes sociales, y está al tanto de lo más top y actual.

Tenerle miedo a la muerte

Tenerle miedo a la muerte



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