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Cuando era niña crecí con la frase de que en caso de peligro había una regla: «Niños y mujeres primero»… hoy, en el 2020, en este país que amo y en el que vivo, la connotación es otra: «Niñas y mujeres primero«, cuando se trata de la violencia, del maltrato en cualquiera de sus formas, incluso del feminicidio.

Es inevitable pensar y analizar el papel que vive la mujer como género en nuestra sociedad, yo, como tantas otras, a diario y cada vez con mayor frecuencia, con profundo e intenso duelo me entero y leo sobre la ola de violencia a las que estamos expuestas todas las mujeres en México: la desaparición de niñas y mujeres, de la mano del maltrato/tortura y muerte, que van apuntalando los #: #NiUnaMenos #NiUnaMás #VivasNosQueremos #NosEstánMatando #NiUnaMenosNiUnaMás #UnaSomosTodas #TodasSomosUna #JusticiaParaTodas #LaCulpaNoEraMía… etc.

Es una realidad perturbadora, sucede sin distinción de ubicación geográfica, edad, horario, estrato social. Sucede. A más y a más mujeres: niñas y adultas.

Los tiempos para ser madre o padre en este país son extremos y hasta violentos: la responsabilidad de tener niños y niñas ya no va solo de criarlos y darles lo mejor que podamos o cuidarlos de lo básico, ahora se trata también de mantenernos y mantenerlos con vida.

Es inminente que todos reflexionemos en el cómo podemos cambiar el índice de violencia alrededor nuestro, acerca de la manera en que todavía nuestra cultura y el colectivo social somete a muchas mujeres desde niñas y en algunos momentos todavía se ve como algo aceptable hacerlo a través de: chistes, memes, bromas…, discriminación en el trabajo, en la escuela, en la calle.

Las mujeres necesitamos hoy más que siempre, reconocernos entre nosotras, recrear y fortalecer un tejido social que nos abrace y nos proteja.

Es necesario criar una nueva generación de niños que puedan ver en las niñas la posibilidad de aprender siempre de ellas de mil maneras, de complementarse si acaso, pero de existir cada uno plenamente de manera independiente.

Es momento de mirar a las mujeres en todo su esplendor desde niñas, porque las mujeres tenemos este poder creador, organizador y una fuerza interna que en muchas vive dormida, amedrentada y que necesita despertar para ponernos al frente.

Implementar ligeros cambios en nuestra manera de criar niños y niñas puede lograr inmensos cambios en su evolución y desarrollo y entonces podremos desalentar y reducir la violencia desde la casa, desde la fuente, porque criar en la empatía, en la diversidad, en la solidaridad, en comunidad y sobre todo, en la verdad, solo puede dar como resultado niños y niñas que vayan creciendo en la congruencia del pensar, decir y hacer para replicarlo ellos mismos en sus vidas.

Me parece que es el momento de criar y formar niñas y niños en libertad, libres de juicios y estereotipos que los limiten a un solo rol, a comportamientos esperados para ser calificados de buenos o malos, niñas y niños que puedan elegir libremente en una infinidad de opciones y que se apoyen mutuamente, pero que existan y subsistan por sí mismos.

Ni yo, ni nadie que conozca, estando en su sano juicio queremos «ni una menos», tampoco queremos «ni una más».

Las mujeres aquí y en el mundo merecemos estar y sentirnos seguras, quiero niñas que florezcan como mujeres fuertes, seguras, enteras en ellas mismas, como muchas que hay, mujeres que empoderen a otras mujeres, para reconocernos entre nosotras y darnos la mano, el abrazo, la sonrisa. Quiero que toda mujer que salga de su casa regrese con bien, que se sienta segura y no valiente, que vea en un hombre un aliado protector no una amenaza; mujeres que sean las heroínas de sus propias historias, que no necesiten ser rescatadas de nada ni de nadie, porque criando niñas despiertas a estas verdades que nos pertenecen, la violencia tendrá menos espacio para herir, para acercarse, porque creo que el amor sí puede cambiar el mundo, y el amor empieza desde adentro.

La tragedia que nos acecha hoy como mujeres puede revertirse, el daño está hecho, pero no debemos perpetuarlo.

Mis condolencias para las familias y madres que han perdido a sus hijas no suman nada… yo he vivido ese horror con la pérdida de mi hermano y no hay nada, nada que de paz al corazón de quién pierde a alguien en una situación violenta. Todo mi amor y mi compromiso para cambiar esto desde al menos, la crianza de mis hijos.

Karla Lara  

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