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En 2019 se anunció su premio, así que fue la ganadora de 2018. Hace nada. Su apariencia juvenil no nos hace adivinar que ya está cerca de cumplir 60 años, pero sí nos expresa su estilo de vida. Es una mujer activista preocupada por el medio ambiente, viajera, vegetariana, psicóloga, novelista y ensayista.

Olga es totalmente admiradora de su país: Polonia. Por lo mismo, ha descubierto lo compleja de su historia y, por tanto, de su propia historia. «Ser polaca no es fácil», dijo alguna vez. Se preocupa por la vida actual, por todo lo que acontece y cree firmemente en la responsabilidad de un escritor para explicar todo eso. Contarlo y dejar testimonios. 

Olga-Tokarczuk

Imagen de Wikimedia commons

En su conmovedor discurso de recepción del prestigioso premio, habló de una cualidad imprescindible para todo escritor: la ternura.

Y así, mi madre, una joven que nunca fue religiosa  me dio algo que alguna vez se conoció como un alma, y ​​me proporcionó el narrador más tierno del mundo.

Ella cree que uno tiene que ir más allá de sí mismo y de un enemigo que mira de frente: el internet y sus contenidos no siempre profundos.

«El mundo es un tejido que tejemos diariamente en los grandes telares de informaciones, debates, películas, libros, chismes, pequeñas anécdotas. Hoy, el alcance de estos telares es enorme: gracias a Internet, casi todos pueden participar en el proceso asumiendo la responsabilidad o no, con amor u odio, para bien o para mal. Cuando esta historia cambia, también lo hace el mundo. En este sentido, el mundo está hecho de palabras.

«Por lo tanto, cómo pensamos sobre el mundo y, quizás aún más importante, cómo lo narramos tiene un significado masivo. Una cosa que sucede y no se dice deja de existir y perece. Este es un hecho bien conocido no solo por los historiadores, sino también (y, quizás, sobre todo) por todos los sectores políticos y tiranos. El que tiene y teje la historia está a cargo de su versión.

«Hoy nuestro problema radica, al parecer, en el hecho de que todavía no tenemos narraciones listas no solo para el futuro, sino incluso para un ahora concreto, para las transformaciones ultrarrápidas del mundo de hoy. Nos falta el lenguaje, nos faltan los puntos de vista, las metáforas, los mitos y las nuevas fábulas. Sin embargo, vemos intentos frecuentes de aprovechar narraciones oxidadas y anacrónicas que no pueden encajar en el futuro, sin duda suponiendo que algo viejo es mejor que una nada nueva, o tratando de lidiar de esta manera con las limitaciones de nuestros propios horizontes. En una palabra, carecemos de nuevas formas de contar la historia del mundo.»*

Esta mujer se ha vuelto casi un ícono entre los grandes de la literatura en su país. Es que su activismo, imagen y palabras la acerca a la gente.

Foto de Wikimedia commons

Quizá su sensibilidad se deba a una mezcla de su crianza en un sistema socialista (¡nació en Polonia socialista y hasta joven fue que cambió el régimen!), la madre que tanto la influyó y su carrera como psicóloga, con la que ayudó a muchos pacientes de una clínica de salud mental.  

¿Qué libros de Olga te recomendamos?

  • Los errantes
  • Sobre los huesos de los muertos
  • Un lugar llamado antaño
  • Los corredores

*Tomado de la traducción de WMagazine.

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