No han pasado 24 horas desde que nos enteramos de la tragedia y ya hay tantos motivos para pedirte perdón, Fátima.

Tan pequeña, tan inocente, tan frágil y te dejamos tan sola. Incluso antes de que te quedaras esperando a tu mamá afuera de tu escuela. Perdón.

Perdón por irnos de ahí sin reparar en que tú te quedabas.

Perdón por no acompañar tu espera.

Perdón por no cerciorarnos con quién te ibas.

Perdón porque cuando supimos que no estabas, no te buscamos lo suficiente.

Perdón por activar una alerta que no sirvió de nada.

Perdón por no revisar las cámaras esa misma noche.

Perdón por tu miedo, tu terror, tu dolor, tu indefensión.

Perdón porque ahora sabemos que llevabas meses y años en un entorno que no era el idóneo.

Perdón porque nadie supervisó que tuvieras una buena vida.

Perdón porque simplemente archivamos tu caso.

Perdón porque hasta ahora ofrecemos recompensa para encontrar a quien te lastimó.

Perdón porque estamos culpando a tu mamá, a tu papá, a una escuela, a un sistema, a un político.

Perdón porque no nos estamos ocupando de que no le pase nunca más a ningún otro niño o niña.

Perdón porque entre la rabia y el miedo solo atinamos a atacarnos unos a otros.

Perdón porque habemos algunas personas que lo único que podemos hacer ahora es llorarte.

Perdón porque desde palacio todo se minimiza.

Perdón porque en las redes todo se trivializa.

Perdón porque tú no debiste haber pasado por todo esto.

Perdón porque los niños son responsabilidad de todos.

Perdónanos a todos.

Todos te fallamos un poco.

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