La tarde de ayer tuve la encomienda de narrar Miss Universo 2018 para la televisora Azteca Uno, en transmisión en vivo desde Tailandia. Cuando se los conté a mis amigas tuve reacciones encontradas, desde: “¡Qué padre, me encantan los concursos de belleza!”, hasta “¡Qué horror, las tratan como vacas!”. Tal polarización me hizo estudiar el concurso actual desde una perspectiva distinta. ¿Realmente es antifeminista? Mi respuesta es un rotundo no.

Columna EL PRINCIPADO por Gabriella Morales-Casas

En el mundo de hoy, en el que el feminismo ha tomado poderosa relevancia en todos los sectores y se ha involucrado en muchos temas –incluso, en algunos en los que no debería, como el del lenguaje que, a mi juicio como escritora es algo sagrado–, han dejado de lado algo que también es muy femenino: la elección de cada mujer a definir qué es la belleza para ella.

La belleza saludable

Si haces ejercicio y te alimentas de forma saludable (sin garnachas ni conchas, por ejemplo) verás en tu cuerpo lo que ves en las revistas consideradas “machistas” por ofrecer “estereotipos”: a una mujer sin sobrepeso y con músculos tonificados. Si te miras al espejo y eres así ¿te considerarías un monumento al machismo, crees que eres un objeto o que el cuidado de ti misma es una forma de ser superficial? No. Lo haces porque te cuidas, “por salud”.

La discusión de cómo debe ser el cuerpo perfecto ya no existe: el body positivity ha tomado por fin la relevancia que merece: no importa si eres alta, de talle corto, de piernas largas o cortas, de caderas anchas o trasero pequeño, si estás curva o rolliza; lo importante es que no tengas sobrepeso, y no para verte “flaca”, sino porque eso evita diabetes, cardiopatías y el desgaste de los huesos, entre otras muchas enfermedades, “no porque la sociedad quiera que seas un arquetipo”.

El feminismo ante la belleza

En estas frases que suelo escuchar de muchas feministas comprometidas con cierto dejo de superioridad moral que también detecto entre las clases intelectuales: ellos saben todo y lo que decretan es lo que debe ser, el que ose gustar algo diferente es un tonto o no sabe lo que dice.

 

Así, pues, el feminismo desestima a una mujer cursi, que ama a las sirenas y unicornios, o que es discreta y silenciosa; al feminismo tampoco le gustan las mujeres que se preocupan por su físico, piensan que lo hacen por gustarle a los hombres. Nada más errado. Lo hacen porque les gusta y eso no es antifeminista.

 

El polémico bikini

No obstante, por el otro lado, el feminismo dice que defiende el derecho a mostrar el cuerpo, a ser sexy e incluso vulgar, sin que seas violentada por ello; entonces, ¿por qué no defender el derecho de las mujeres –como las que concursan en certámenes de belleza– a mostrar su cuerpo, su rostro producido o inclusive, una rinoplastia? ¿Por qué criticar a quien se siente orgullosa de su físico?

Si ellas deciden competir en un certamen de belleza y pasearse en bikini, también es su elección. De hecho, las misses dicen que es de las pruebas que más disfrutan por una razón muy cotidiana: muchas mujeres se sienten inseguras al ponerse un traje de baño. La que no se haya sentido así alguna vez, que tire la primera piedra Salir a la playa y que te sientas cómoda con tu cuerpo sí es un tema de seguridad.

Lo que realmente se califica…

Miss Universo califica desde 2015: “Belleza integral, elegancia, personalidad, porte, pose, comunicación y la seguridad de candidatas provenientes de diferentes países y, por lo tanto, etnias y razas del mundo”.

Lo valioso de este concurso radica en que enarbola factores que están muy devaluados en el mundo de hoy: el cuidado por tu cuerpo y la seguridad en ti misma; el cuidado de tu imagen pública para la vida profesional y social; esto último incluye cómo te conduces en una entrevista de trabajo, en una reunión entre desconocidos o cómo llevas una conversación polémica sin perder los estribos o parecer radical –justamente lo que califican las preguntas que les hacen, no son para exhibir que son “tontas”–; tu interés por ayudar a otros a través del voluntariado y la filantropía y, de paso, tu perseverancia por un sueño no importando tu origen, raza o condición social: muchas de ellas son indígenas, migrantes y de extracción humilde.

 

¿Miss Universo o Kim Kardashian?

A las madres les preocupa que sus hijas piensen que la belleza de Miss Universo es el estándar que deben seguir; pues bien, ninguna madre quiere tener una hija obesa, floja o deprimida, que vea reality shows mientras come galletas o, peor aún, que su estándar de belleza sean las Kardashians o las Acapulco Shore.

Encuentro muy sano tomar el ejemplo de belleza saludable, autoestima personal, valores filantrópicos y diversidad en razas y etnias (y ahora hasta de género, gracias a Miss Ángela Ponce, de España) que promueve Miss Universo, antes que muchos otros modelos de verdad antifeministas que abundan en la televisión y los medios de hoy.

Celebro que exista Miss Universo y lo hago con mi propia conciencia como mujer: no soy menos valiosa –o feminista– por maquillarme o aspirar a ser más prudente y elegante en mi vida pública. Es mi elección y exijo respeto a ella.

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