Lo que inicia como una oferta de empleo, una comisión aparentemente sencilla o el favor de recibir un depósito para un tercero puede terminar con una persona compareciendo ante autoridades financieras o ministeriales. En los últimos días, un caso difundido en redes sociales volvió a poner sobre la mesa un riesgo que especialistas consideran cada vez más frecuente: el uso de «cuentas mula», cuentas bancarias de terceros que las organizaciones delictivas utilizan para mover dinero y dificultar el rastreo de recursos provenientes de fraudes, extorsiones, robo de identidad u otros delitos.
Si bien, las personas creen que prestar una cuenta bancaria no representa un riesgo, si desconocen el origen del dinero, las autoridades analizan mucho más que el simple movimiento financiero. El comportamiento de la cuenta, la rapidez con la que se retiran los recursos, la existencia de una comisión, las instrucciones recibidas y la relación entre las personas involucradas forman parte de los elementos que pueden ser revisados durante una investigación.

Cuentas mula- evita ser cómplice de un delito
¿Qué debes saber legalmente?
Prestar una cuenta no hace culpable a una persona en automático. Sin embargo, el Código Penal Federal sí sanciona a quien recibe, deposita, retira, transfiere, administra, custodia o posee recursos con conocimiento de que proceden o representan el producto de una actividad ilícita. El artículo 400 Bis contempla para las operaciones con recursos de procedencia ilícita penas de cinco a quince años de prisión y de mil a cinco mil días multa. Además, el artículo 13 considera partícipe a quien dolosamente presta ayuda o auxilia a otra persona para cometer un delito. Dependiendo de las circunstancias, también puede investigarse encubrimiento cuando alguien recibe u oculta el producto de un delito con conocimiento de su procedencia.
«Hoy las organizaciones criminales ya no necesitan abrir cuentas falsas; buscan personas que voluntaria o ingenuamente les presten las suyas. El problema es que, cuando el dinero comienza a moverse, el primer nombre que aparece frente al banco y la autoridad es el del titular de esa cuenta. A partir de ahí deberá explicar por qué recibió esos recursos, qué hizo con ellos y cuál era su relación con quienes se los enviaron, Decir ‘yo no sabía’ no sustituye una explicación documentada, coherente y respaldada por evidencia”, indica Lesly Fernanda Valencia González, socia fundadora de Valencia & Asociados Abogados Penalistas.

Lavado de dinero
Pon atención a las señales de alerta: no seas cómplice de un delito
Las llamadas «cuentas mula» suelen reclutarse mediante anuncios de empleo publicados en redes sociales, ofertas de ingresos rápidos, mensajes por WhatsApp o supuestos trabajos administrativos que consisten en recibir dinero y reenviarlo a otras cuentas.
También son comunes las solicitudes para retirar efectivo y entregarlo a terceros, devolver depósitos «por error» a una cuenta distinta, utilizar cuentas personales para operar negocios ajenos o compartir tarjetas, claves de acceso, token o aplicaciones bancarias.
No todos los depósitos de terceros constituyen un delito; sin embargo, cuando no existe una relación comercial, laboral o personal claramente identificable y documentada, el riesgo aumenta de manera considerable.
«La responsabilidad penal no se determina únicamente porque el dinero haya pasado por una cuenta bancaria. Lo que realmente analiza la autoridad es si existieron indicios de conocimiento, beneficio económico o colaboración consciente. Sin embargo, cuando una persona acepta mover dinero para terceros sin una justificación legítima, es muy probable que quede expuesta a un proceso de investigación que puede ser complejo, largo y costoso, incluso si después logra acreditar su buena fe», señala Valencia.

Operaciones con recursos de procedencia ilícita
¿Qué hacer si ya recibiste un depósito sospechoso?
La recomendación es no retirar, gastar ni transferir el dinero por instrucciones de quien lo envió. Lo más conveniente es reportar de inmediato la operación al banco mediante sus canales oficiales, solicitar un folio de atención y conservar estados de cuenta, conversaciones, comprobantes y cualquier evidencia relacionada con la operación. Si existen indicios de fraude, amenazas o suplantación de identidad, también es importante presentar la denuncia correspondiente y buscar asesoría jurídica especializada.
«Las organizaciones dedicadas al fraude financiero buscan personas que crean que ‘solo están haciendo un favor’. En realidad, las utilizan como parte de una cadena diseñada para borrar el rastro del dinero. La mejor protección sigue siendo una regla muy simple: nunca permitir que alguien más utilice nuestra identidad financiera para mover recursos. Ninguna comisión compensa el riesgo de quedar vinculado a una investigación penal», concluye la abogada penalista.
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Prestar cuentas bancarias
Fuente: Lesly Fernanda Valencia González, modificado por Mariel Gadaleta
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