Nada como que te digan ¡Cálmate! o ¡Relájate! para que; corte A: te sientas más estresado de lo que estabas y más en estos tiempos que, a título personal siento que muchas cosas y situaciones nos detonan sentirnos bajo estrés.

Documentado está que el estrés es una bomba de tiempo en la salud de las personas y que, podemos creer que estamos “bien” y que nos sentimos “bien”, pero, si el estrés es un tema crónico o recurrente en nuestra vida, ese bienestar nos va a servir de poco.

Aquí es básico entender que la relajación no se trata solo de estar tranquilos, es un proceso vital que disminuye los efectos del estrés en la mente y en el cuerpo. Incluso los médicos de alta especialidad reconocen que las técnicas de relajación pueden ayudar a lidiar con el estrés cotidiano que nos pueden llevar a diversos problemas de salud, como las enfermedades cardíacas, la presión alta y el dolor.

La relajación es fundamental para que podamos gozar de una buena salud física y mental, podría resumirse en tratar de tener un “balance”, pero nuestro estilo de vida se caracteriza por estar en los extremos: exceso de trabajo que nos genera estrés.

¿Y qué decir del estrés por no tener trabajo, exceso de actividad física que nos provoca desgaste físico y mental, o cero actividad física que nos enferma y debilita? Hemos normalizado de alguna manera vivir con ansiedad o depresión (otro extremo) que finalmente afecta nuestra forma de vida y limita nuestra capacidad de disfrutar y de funcionar.

Siempre me he sabido una persona “aprensiva” por decir lo menos, puedo ser reactiva y a veces hasta pesimista (yo juraba que realista), pero lo cierto es que mi estado de alerta atiende más a un tema de estrés y reconocerlo me ha servido para tomar cartas en el asunto.

En la búsqueda constante del tan anhelado bienestar he probado un poco de lo que conocemos como fórmulas mágicas para mantener la calma, mucho de ello me ha servido de manera general, pero luego de enfermar y de recuperarme de Covid, las soluciones tuvieron que ser más drásticas, para que realmente fueran efectivas.

Si tienes la fortuna de no haber tenido Covid te comparto que a nivel emocional es una enfermedad que deja secuelas importantes pues a veces se vive con mucho estrés y miedo y otras hasta paranoia y alucinaciones. Si te toca atravesar la enfermedad grave, se afecta el sueño, el metabolismo y el sistema nervioso central y entonces… situaciones antes “ordinarias” como tener rutinas, dormir bien o incluso tener ritmos de trabajo, tardan en reajustarse. Lo mismo ocurre en periodos de duelo y relajarse no es tan sencillo.

Les comparto lo que me ha funcionado:

  • Atención plena: el famoso “mindfulness”, practicar sí o sí el “aquí y el ahora” porque eso promueve que seas funcional sin distracciones por atender varios temas a la vez. Permite que realmente disfrutes o pongas atención a lo que estás haciendo y evita que tu mente se vaya al pasado y te altere o se vaya al futuro y te de ansiedad.
  • Ejercicios respiratorios: inhalar y exhalar en consciencia, con ritmo y profundamente, mantener la vista en un punto fijo y sentir las emociones que vengan, solo darles espacio sin juicio de buenas o malas y tratar de regresar a ese ritmo respiratorio cuando sientas ansiedad, miedo o nerviosismo.
  • Crear ambientes propicios para la relajación: el orden ayuda a eliminar el estrés innecesario. La limpieza igual. Si mantienes tus espacios en orden y limpios por simple que parezca ayuda a mantener la atención, la concentración, a terminar tareas y a conciliar el sueño.
  • Rutinas: dan seguridad y certeza de estar bien y de saber lo que sigue.

Foto de Pixaby


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