Cuesta trabajo asimilar que todos los días nos enteramos de algo que perturba nuestra paz: los índices de violencia, de maltrato, de acoso, de indiferencia frente al crimen, a los feminicidios, secuestros… etc. Hablar y escribir de estos temas no es sencillo y a veces no se considera políticamente correcto. Yo soy de las que creo que hay que hablarlo para darle realidad.

La maldad y las situaciones adversas rebasan a cualquiera. Personalmente me ha tocado vivir situaciones tremendas que me han dejado marcada en el corazón debido a estos tiempos violentos.

Sin entrar en detalles, soy de esas personas a las que ese feo destino las alcanzó y sobrevivió.

A veces siento que todos somos sobrevivientes.

El caso es que a pesar de todo lo que veo, escucho, leo, observo y vivo…, sigo aquí, y sigo creyendo que somos más los buenos.

Me explico:

Sí, las noticias no mienten (al menos nos dan un norte) de cuál es la situación de inseguridad en el día a día. No soy ajena, pero al mismo tiempo trato con todo mi ser de mantenerme positiva sin ser soñadora y sin negar lo que sucede. Claramente todos los días también hay millones (¡millones!) de personas que se levantan y, con la mejor actitud e intención, salen al mundo a hacer el bien y van por ahí, como tesoros que todos queremos encontrar, generando cadenas virtuosas que a veces son tan sutiles que no las vemos o no creemos que existan.

Por favor, créanme para que yo me crea: somos más los buenos.

Hay padres y madres de familias buenos, empresarios conscientes, empleados honestos y trabajadores, personas altruistas, maestros con vocación, jóvenes con ilusión, estudiantes comprometidos. Investigadores, artistas, amantes del arte, creadores del arte, científicos, médicos, gente que protege la infancia, que quiere salvar el planeta y que diariamente propone y genera acciones para hacerlo. Niños que creen en la bondad del otro, mujeres que se aman y se reconocen y se apoyan entre ellas, hombres que no pierden su virilidad por amar y respetar y ayudar a una mujer o por ser su empleado.

Hay medios que se esfuerzan por comunicar las buenas noticias, las que pocos escuchan. Hay artesanos que concentran historia, técnica y tradiciones con sus manos y sostienen familias con sus colores. Hay quienes se agotan la vida tratando de salvar a las abejas o a la vaquita marina. NO es sarcasmo, ¡es una realidad! Una realidad que se opaca con tanta maldad…

Niños mexicanos que ganan concurso internacional de cálculo mental. Fuente: Milenio.

Existen niños que son campeones en deportes olímpicos, niños varones que conquistan el ballet y niñas que son crack jugando futbol.

Hay pacifistas sobrevivientes de atentados que se dedican a promover la paz. Hay quienes quieren acabar con el hambre global y llevar el agua a donde ya no llega, hombres y mujeres que rescatan niños de la guerra sin ningún interés de por medio. Hay familias que sin tener para ellos mismos, acogen a un niño sin familia, personas que salvan especies de animales y los que  consiguen hogar para perros y gatos en situación de calle. Hay quienes preparan desayunos, comidas y cenas para los migrantes y quienes enseñan a leer a los adultos mayores.

Imagen: Posta.

Existen personas que donan sueldos enteros para una cancha deportiva o que mandan en avión a un grupo de niños a un concurso de matemáticas.

Tweet de Guillermo del Toro.

Somos más los buenos.

Hay padres y madres que habiendo perdido a sus hijos en manos de la delincuencia promueven el perdón y la empatía como sociedad para que la violencia no crezca. Hay personas que conocen a sus agresores y que les otorgan el perdón, porque la condena no salva a nadie. Hay adultos que sin ser padres rescatan de la orfandad a muchos niños, hay niños que regalan sus juguetes a otro niño que jamás los tendría.

¿Te parece que de eso hay poco? A mí también… a veces. Pero lo cierto es que somos más los buenos.

Los más buenos son los que dan de lo que tienen y no de lo que les sobra. Yo diario veo a esas personas: esos que ayudan porque sí, personas que como ángeles guardianes te encuentras de vez en vez en tu vida.

Sí, hay muchas personas rotas, que no tienen para dar otra cosa, pero hay muchas otras que están completas, que saben dar a manos llenas. De eso va la vida, de sonreír y derramar lágrimas, de queja y agradecimiento, de luz y oscuridad, el truco está en la elección: ¿hacia dónde llevamos nuestra atención?

No estoy proponiendo hacer de cuenta que no pasa nada, pasa y mucho. Y muy feo. Estoy proponiendo mirar también lo bueno, lo bello, lo neutro, lo que habla bajo, lo que no va de prisa, donde no hay ego, donde no hay narcisismo, donde no hay odio. Si lo miramos un poco cada día iremos encontrando un bálsamo y todos lo necesitamos.

Duele nuestro país, sin duda duele la violencia, duelen los que nos faltan, duele la incertidumbre, pero el miedo puede ser siempre un trampolín que nos impulse. No dejemos que gane la maldad, la ignorancia, la indiferencia.

En cada uno de nosotros está diariamente la opción de sumar, de cuidar, de dar, de apoyar, de sonreírle a alguien, de ayudar a alguien, igual, de la manera más sutil, la menos ostentosa, pero valiosa.

Somos más los buenos y todos los días podemos encontrar algo que nos regrese la fe en la humanidad. Aprende a ir despacio y quedo para descubrir a esos «buenos», esos que no van haciendo ruido ni llamando la atención, hay muchos créeme, están en todos los lados, si los vamos descubriendo también los vamos fortaleciendo. Somos más los buenos a pesar de tanto malo, somos más los que queremos vivir en paz, en armonía, en la verdad, en la consciencia.

Recordarnos entre nosotros esto nos puede salvar el día. Comparte lo bueno para que se multiplique. Deseo para ti y para todas las personas que amas que solo se encuentren con los bueno y que tú también seas uno de ellos.

 

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