Por. KARLA COULOMBIER VADO

Los síntomas no eran todavía muy presentes pero los resultados de la prueba de embarazo daban positivo. ¡Estoy embarazada! Recuerdo muy bien el día, un viernes a las 5 de la mañana, estaba ansiosa de que fuera una hora más prudente para llamarle a mi madre y decirle: “Mami, vas a ser abuela.”

Ella nunca me presionó ni me hacía preguntas incómodas estilo: ¿Cuándo voy a ser abuela? o ¿para cuándo mi nieto? Pero estábamos seguras de que cuando sucediera nos llenaría de emoción un suceso así. Soy hija única, así que sólo yo podía traer esa enorme felicidad a las dos. Estábamos muy emocionadas y empezamos a planear juntas la llegada del bebé, así fue mi primer trimestre hasta que una llamada cambió todo.

Me avisaba mi madre que tenían que hospitalizarla en urgencias, yo corrí al hospital sin imaginarme que ese sería el primer día de vivir otro capítulo, fueron noches muy cansadas, esperando el diagnóstico y ella se preocupaba mucho por mi condición, pero no quise dejarla ni un sólo día.

Al fin llegó el día en que me dieron el diagnóstico médico, no era nada esperanzador, al contrario, en ese momento sentí el cuerpo frío, todos los sonidos se aislaron de mi mente y yo sólo pensaba: “esto no está pasando, no a nosotras, es una pesadilla, debo estar soñando”. Le llamé de inmediato a mi esposo y no dejaba de llorar, no podía ni hablar, sólo abrazaba mi panza y repetía: “bebé se fuerte”.

Me dolía mucho estar viviendo esa dualidad de saber que por un lado, iba perder a mi mamá y por otro, me preparaba para ser mamá por primera vez.

Lo días difíciles continuaron, yo lloraba a escondidas de mi madre y pedía mucho por ella, fueron noches sin dormir, y al mismo tiempo intentaba ser positiva, estar alegre y que mi bebé percibiera en su mamá no sólo la tristeza si no también la alegría de llevarlo en mi vientre. Muchos días me tocaba la panza y hablaba con mi bebé diciéndole que juntos íbamos a pasar por esto, que estábamos cuidando a su abuela y que vendrían días felices y mejores.

No dejaba de pensar que a pesar del diagnóstico de mi madre, ella llegaría a conocer a su nieto y nos visualizaba el día en que naciera mi bebé a las dos juntas disfrutando del momento.

Sin embargo la enfermedad de mi madre avanzaba y yo me negaba aceptar que ella podía morir, la quería a mi lado, quería que me acompañara en mi embarazo, ver como crecía mi panza, los primeros movimientos del bebé, preparar la ropita, el cuarto y me ilusionaba mucho la idea de que ella estuviera conmigo en mi maternidad. Ella sólo pudo escuchar el corazón del bebé que yo grabé en mi celular de un ultrasonido y varias veces ponía su mano sobre mi vientre esperando a que el bebé diera una patadita y ella lo sintiera.

Tengo que aceptarlo, me sentí egoísta muchas veces por esperar a que ella viviera para atravesar este momento tan especial conmigo, ella estaba sufriendo y yo lo único que quería era que desapareciera su dolor.

Mi madre falleció finalmente y yo no podía esconder por ningún lado mi angustia, tristeza incontenible, miedo y un vacío tan grande que sentía sin tenerla a mi lado. No sólo no podía imaginarme ser mamá sin ella sino que tampoco imaginaba mi vida sin ella.

Cada día era como el mar, a veces olas muy fuertes y a veces estaba en calma, convivían sentimientos extremos, me sentía muy feliz por mi embarazo, por mi bebé y también sentía un dolor muy intenso por el fallecimiento de mi madre.

Así que me prometí vivir un día a la vez, si un día sentía mucha tristeza así me permitiría vivir ese día y si al otro día sentía felicidad así lo viviría. Una de las herramientas que me ha ayudado a vivir este duelo es asistir a grupos de encuentro para personas en proceso de duelo, hablar de mi experiencia y escuchar a otros es por ahora mi medicina, libros de duelo y pérdidas, el apoyo y amor de mi esposo, de mi suegra, de mis amigos, de muchos conocidos que me escribieron palabras de apoyo y de personas que han estado presentes de una u otra forma. me ha facilitado a conectarme conmigo, con mi vida. Otra importante es la meditación, ya que me ha permitido seguir conectada con mi madre.

En memoria de Rosy

Karla y Rosy en NAVIDAD KENA

 

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