Tiempos de cuarentena que por mucho superan los 40 días…

No se trata de resumir o de describir el cómo nos sentimos porque creo que no es sencillo para la mayoría.

Ya tenemos recorrido un camino. Voluntaria o involuntariamente nos hemos adaptado (ojalá) a los cambios y ya leímos en muchos espacios que no es un concurso de belleza ni un curso de verano, por eso nadie tiene la obligación de «lograr» o de «superar» nada en este tiempo. Esto se parece al postparto y miren que he atravesado cuatro… ese tiempo sin tiempo en el que realidades paralelas suceden al unísono, la vida dentro y la vida afuera, la vida en nuestro país y la vida en el mundo, la vida que quiere escapar de la ineludible muerte y sobrevivir.

Estamos unos días bien y unos días mal. Es una montaña rusa de emociones, sentimientos, pensamientos, temores reales y alucinaciones personales, pérdidas dolorosas y el temor al futuro, la carga del presente y la culpa del pasado. Todos expuestos en nuestra cara, frente al espejo en este tiempo en el que todos (unos mas que otros), hemos estado con nosotros mismos.

Foto de United Nations COVID-19 Response para Unsplash

Recién leí que «Todos estamos en la misma tormenta, pero no vamos en el mismo barco» y así las cosas. Las emociones positivas un día son súper sencillas de acceder y otros días nos hundimos leve o profundamente en los pensamientos que nos debilitan emocionalmente o en las nostalgias que nos paralizan, porque de alguna manera se extraña lo anterior y no vemos lo que tenemos.

Obvio no somos iguales, todos reaccionamos distinto, podemos saber ejercer o no nuestra inteligencia emocional y ser resilientes y adaptarnos como guerreros a los cambios actuales, o sentir que estamos a nada de rendirnos y dejarnos llevar por la corriente.

No hay fórmulas mágicas y estar bien no se logra con una receta de cocina, no hay un paso a paso, ni los 5 esenciales para el «bien estar».

Consejos sobran, el mundo digital está lleno de profesionales y especialistas dando lo mejor y de opinólogos bien intencionados queriendo ejercer «algún» control.

Nadie sabe que carga tiene el otro para reaccionar de una manera o de otra, si acaso podemos interpretar lo que vemos, sentimos, escuchamos y dar nuestro juicio, y tampoco será acertado.

Lo que SÍ podemos intentar es analizar a título personal cómo es que llegamos a estos días, es decir; quiénes éramos antes de la cuarentena, en qué nos hemos ido transformando y quiénes seremos después de este tiempo, nada escrito en piedra pero sí a manera de reflexión, porque cuando lo hago hacia adentro, cuando lo hago desde mi persona será mas fácil llevar a cabo los cambios que apliquen.

Cierto es que muchos de nosotros hoy hemos entrado en un proceso de desintoxicación, que va desde hábitos, hasta cosas de consumo y personas. Espero que nos estemos dando cuenta de todo lo que NO necesitamos para estar bien, de todo lo que nos resta energía y atención y que «antes» teníamos por tener. Ojalá estemos identificando lo que NO es parte esencial en nuestro día a día, desde servicios hasta objetos y con cuáles nos sentimos bien, de pronto a lo mejor sabemos que la fruta fresca es un regalo que no siempre está disponible y que la prenda de vestir de «fast fashion» nos sirve para nada y para nada.

Por otro lado, ¿cuántos insomnios nos ha ocasionado lo que NO podemos controlar?, en cambio; ¿qué recuerdo o esperanza nos ha llevado a soñar con mejores tiempos (presentes, pasados o futuros)? ¿Quiénes son esas personas que han estado ahí (aún sin estar físicamente), para acompañar nuestras horas, en las buenas y malas, en lo cierto y en el miedo? ¿A cuántas de esas personas queremos genuinamente ver y abrazar?, y ¿cuántas otras personas que creíamos eran nuestras incondicionales… no están más?

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Imagen de United Nations COVID-19 Response para Unsplash

Es un ejercicio de valor, valorar y sopesar cada aspecto de nuestra vida, cada uno de nuestros roles, las prioridades que siempre creíamos ordenadas y que un día, luego de tantos días de distanciamiento social, han cambiado y está bien.

Estamos bien un día sí, y un día no. Y esa es una de las tantas cosa que están cambiando en el «nuevo normal».

¿Será quizás el momento de mostrarnos a nosotros mismos como somos en realidad y sin filtros? Yo esperaría que sí y que si no lo hacemos del todo, al menos aceptemos que el mundo como lo conocíamos cambió y con él nosotros (queramos o no), pero esta sensación de estar bien y mal días y días, puede ser un maestro para reinventarnos, para aceptarnos dentro de nuestro «nuevo normal», para mirarnos al espejo y darnos las gracias por ser una historia que contar, por ser un alguien que acompaña a otro alguien en su propia historia.

Un día sí podemos darnos el espacio para reír o para llorar y un día no, porque tenemos tiempos y responsabilidades que cumplir. Un día sí para cuidar de nosotros y comer sano y hacer dieta y ejercicio y meditación y yoga y pilates y caminadora y 2 litros de agua. Y un diía no, para acostarnos a ver nuestra serie o película favorita o no bañarnos o comer delicioso y sin culpas. Un día sí para temer por el futuro que hoy (y siempre) es incierto; y un día no, porque somos humanos y nos encanta sentir esperanza y pensar lo mejor aún en los peores tiempos.

Un día sí y un día no, porque eso es la vida, antes, durante y después del Covid, pero quizá no nos habíamos dado cuenta…

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