Cuando estaba embarazada pensé qué iba a hacer después de que nacieran mis bebés: ¿Regresar al trabajo o quedarme a criar hijos? Para ello, consulté la dinámica de amigas mamás cercanas y vi en ellas necesidades distintas; sobre ello, traté de sacar una conclusión propia. Entre los testimonios encontré dos que me llamaron la atención. El primero de mi amiga “Ana”, que dejó a sus bebés muy pequeños en guardería para irse a trabajar. En su momento, me contó que para ella fue muy difícil dejar a su bebé, pero que con el paso del tiempo se dio cuenta de que disfrutaba mucho su trabajo. Por otro lado, estaba “Ada”, que me confesó que lo mejor que pudo hacer fue cuidar a su hijo los primeros dos años de vida. Ella se quedó en casa y dedicó todos sus esfuerzos a conectarse con su niño.

Ambas posturas me llamaron la atención y nunca supe bien cuál sería la mejor para mi. Durante mi embarazo pasé por una etapa complicada de movilidad, así que me fui muchos meses antes de licencia a trabajar desde casa. Durante este tiempo, pasé por mi mejor momento creativo, me empoderé y potencialicé mis objetivos laborales, pero desde casa. Cuando llegó el momento de dejar definitivamente mis responsabilidades en el trabajo, me dediqué a conectarme con mis bebés, con mi panza y con todo lo que estaba por comenzar. ¿Qué pasaría después? Nunca lo tuve claro y preferí dejarlo al destino, al corazón y a las necesidades reales que tendría.

Mis bebés nacieron y a los dos meses regresé al trabajo.

Sí, esa semana fue la peor… experimenté emociones diversas. Le llamé a mi mejor amiga para contarle que sentía una culpa espantosa y ella me dijo que le había pasado lo mismo, pero también me aconsejó: “Antes de irte; despídete de ellos y diles que vas a volver”.

¿Hice lo correcto? ¿Qué pasaría si me hubiera quedado con ellos? ¿Soy una mala madre?

Con el tiempo, las respuestas y alternativas llegaron de manera muy orgánica. En el camino encontré un blog español llamado “Malas Madres” que llamó mi atención. Aquí se tocan temas sobre «una nueva era» de mamás y maternidades: modernas, reales, sin estereotipos y sin culpas.

En el mes de febrero, el blog lanzó una campaña que tituló “NO RENUNCIAMOS”, con la que me sentí plenamente identificada. La tesis es la siguiente:

“Hoy hemos venido a gritar juntas, a compartir nuestra historia, a reivindicar la necesidad de una sociedad más justa, igualitaria, donde la conciliación y la corresponsabilidad sean una realidad. Hoy hemos venido a gritar bien fuerte que NO RENUNCIAMOS, aunque la lucha diaria sea difícil y sea más fácil rendirse. Hemos venido a gritar que SOMOS EQUIPO y que esto es un problema social que afecta a todos y a todas”.

La campaña apela a nuevas formas de trabajar en equipo, de derribar los muros que nos impiden hacer lo que queremos por miedo a la culpa, a renunciar, a crecer como mujeres, a asumir una corresponsabilidad en pareja. NO RENUNCIAMOS busca mandar un mensaje claro de que no somos superwoman y a conciliarnos en la vida familiar, en pareja y la personal.

Hoy, después de varios meses de rutinas laborales y familiares, me doy cuenta de que las respuestas van saliendo solas, que las necesidades y circunstancias son distintas para todas y que cualquier decisión que tomemos deberá tener una profunda reflexión al respecto. No han sido meses fáciles, me gustaría estar más tiempo con mis bebés y también disfruto mucho mi trabajo. Sin embargo, agradezco infinitamente tener plataformas y proyectos que difundan “nuevas formas» de enfrentar la maternidad.

Lo que sí tengo claro es que #YoRenuncio a la culpa y a ser una mujer y madre infeliz.

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*Foto de portada tomada de Victoria 147.