El 19S golpeó al estado de la eterna primavera. Pero Morelos ya está de pie y con una nutrida oferta turística. Aquí, un recorrido relajado para disfrutar este destino.

Por Vida de hotel

DÍA 1

TEPOZTLÁN: con un cerro que atrae a turistas y cultores de la vida sana, este pueblo mágico sigue siendo un must entre quienes buscan huir del caos citadino sin invertir en horas de manejo -no más de 40 minutos en un día de semana, fuera de la hora pico-. Aunque hubo derrumbes en ciertas zonas del Parque Nacional Tepozteco -los senderos que dan acceso a la cima se encuentran clausurados por el momento-, Tepoztlán sigue siendo ideal para una escapada de fin de semana o, incluso, unas pocas horas, suficientes para recargar las pilas.

Comida: Recién llegados de la CDMX se impone una comida en Casa Fernanda, hotel boutique de impecable buen gusto y servicio. Para abrir el apetito, recomendamos tomar un mezcal bajo el sol invernal, frente a su espléndida alberca. En el restaurante La Veladora, escoge la cecina, el pulpo al carbón o las tostadas de atún. Para el postre, resulta imperativo darse una vuelta por Tepoznieves, marca con franquicias en todo el país, pero cuyo local tepozteco (sobre la calle 5 de Mayo) sirve la auténtica nieve de los dioses (así lo indica la leyenda), casera y sin aditivos. Allí, anímate a probar sabores atípicos como café con leche, piña con ron y pétalos de rosa. Un digestivo perfumado que te preparará para la siguiente parada.

-Tarde de Spa: el hotel La Buena Vibra resulta una excelente opción para relajarse. Te recomendamos su Vitality Pool, un circuito húmedo que dura una hora y consiste en usar el sauna, las regaderas de presión, la alberca de agua fría y luego la de agua salada, todo en ese orden. Una vez que terminas, estarás listo para lo que sigue: un facial desintoxicante y un reparador masaje con aceites esenciales. ¿La cereza del pastel? Tomar un té de menta envuelto en tu bata, sentado frente al imponente Tepozteco, que preside la propiedad.

CUERNAVACA: A menos de 30 kilómetros de Tepoztlán se encuentra la ciudad de la eterna primavera, que se jacta de poseer cinco microclimas con temperaturas veraniegas casi todo el año. La capital de Morelos también se enorgullece de poseer el récord de 80 bodas celebradas por fin de semana, un rubro turístico clave para la economía del estado. Pero, además de ser un destino vacacional que el imaginario asocia con los casamientos y las residencias familiares con alberca, Cuernavaca es una ciudad con mucho para hacer y ver. Sigue leyendo…

-Check in: el Holiday Inn Express & Suites Cuernavaca es un hotel que no parece de cadena y que resulta uno de los secretos mejor guardados de la región. Si puedes, reserva una suite frente al verdísimo barranco con buganvilias, al que también da la alberca y el estanque japonés. Antes de salir a cenar, visita su terraza para fumar que, en vez de ser un rincón de concreto y sin gracia para la cada vez más marginada población de fumadores, enmarca una de las mejores vistas de la ciudad que podrás apreciar desde unos cómodos camastros.

-Cena: en el patio del hotel boutique Flor de mayo, Patio 603 reinterpreta la gastronomía del sureste y centro de México. Para empezar, pide un aguachile de camarón o una sopa de flor (flores cocinadas a fuego lento). Como plato fuerte, opta por el atún con costra de anís o la pechuga Tabasco. Si eres fan de la sobremesa, alárgala subiendo a la alberca del último piso y pídete un Wild Amapola (Espadín, Campari y Martini Rosso) para terminar la noche.

-Dulces sueños: antes de meterte en la cama, checa el menú de almohadas -más o menos firmes, según tus preferencias- que el Holiday Inn ofrece a sus huéspedes. ¡De nada!

DÍA 2

-Desayuno: la oferta gastronómica de Cuernavaca es muy amplia, pero para no salir apurado toma tu café con tranquilidad en el desayunador del hotel. Tiene una amplia terraza – balcón desde la que se divisan jardines tropicales y una alberca infinita. También se sirven huevos, chilaquiles, cereales y pan dulce.

-Museo Brady: otra joya de Cuernavaca es la casa en la que vivió el estadounidense Robert Brady. Hijo de una acaudalada familia de Iowa, en 1959 este viajero fijó su residencia en la Casa de la Torre, un monasterio del siglo XVI, ubicado al costado de la Catedral. Allí albergó su colección de artes decorativas y populares, que fue adquiriendo en sus viajes. Su hogar fue también epicentro de una intensa vida social que incluyó amistades de la realeza, escritores y artistas, como Josephine Baker, homenajeada con una recámara que lleva su nombre. Al momento de su muerte, en 1986, Brady contaba con 300 objetos de colección que incluían obras de Diego Rivera, Rufino Tamayo y Frida Kahlo. En su testamento dispuso que la casa fuera convertida en un museo para que los visitantes pudieran disfrutar de su colección (abierto todos los días de 10 a 18, lunes cerrado).

-Check-in: a unos 50 minutos de Cuernavaca, en Amacuzac, se encuentra la Hacienda San Gabriel de las Palmas. Originalmente, una hacienda azucarera construida por orden de Hernán Cortés en 1559. Hay 25 hectáreas con jardines, arboledas y cascadas que te recomendamos recorrer. Y antes de que caiga el sol visita su estupenda tienda de antigüedades, donde tal vez encuentres ese objeto o mueble que tanto buscabas. A la hora del check-in verás que hay 21 suites, cada una diferente y con un encanto particular. Te recomendamos la Villa Don Jorge, cuya alberca privada en forma de «L» evoca el hedonismo de los baños romanos. A la noche, cena liviano -el pescado a la veracruzana no tiene pierde- en La Troje, restaurante ubicado bajo unos arcos del siglo XVI y frente a la alberca.

DÍA 3

-Desayuno: ya es hora de partir, pero si te diriges a la Ciudad de México, te proponemos hacer una parada en Cuernavaca en House Café + Lounge, en el hotel Las Casas B+B. Los domingos, no te pierdas el brunch (350 pesos por persona): pide pan francés, huevos benedictinos o hot cakes, rociados con café recién hecho. Los sábados y días de semana, el desayuno se sirve hasta la 1:00 e incluye tentadores paquetes.

 

 

 

 

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