El árbol de Navidad es uno de los íconos decembrinos más representativos de esta época. Al año, millones de personas lo colocan en sus hogares para recibir la Navidad.

Este símbolo, representado desde el inicio de la tradición en un abeto, es un pino que simboliza el Árbol del Mundo. Las esferas brillantes que lo decoran significan los dones de la tierra; sus luces, la Luz Divina, y la Estrella de Belén en forma de cometa que lo corona la bondad y el amor que Dios desea para la humanidad.

Así nació

El origen del árbol de Navidad tiene muchas teorías. Una de ellas se remonta al siglo VII, cuando un obispo inglés llamado San Bonifacio, que se dedicaba a predicar el evangelio, viajó a Germania a seguir con su labor en esas tierras. Creía que lo había logrado, se dirigió a Alemania, donde residía, solo para comprobar que las personas allí habían regresado a sus antiguos cultos: preparar el solsticio de invierno sacrificando a un joven junto al sagrado roble de Odín.

Enfadado, el obispo se dispuso a cortar el enorme árbol con un hacha. Según la leyenda, un rayo cayó desde el cielo y ayudó al obispo a derribarlo. Posteriormente, San Bonifacio vio que un humilde abeto que se encontraba al lado del majestuoso roble había permanecido intacto. Fue en ese momento que el sacerdote lo adornó con manzanas y pequeñas velas, tras haberlo tomado como símbolo del amor a Dios.

Los creyentes testigos de este hecho siguieron su ejemplo, y escogieron árboles de la poblada zona boscosa para también embellecerlos con velas, piñas y manzanas. Estas últimas fueron las “primeras bolas” de Navidad que se emplearon para adornar los árboles. 

Otra versión

Existen otras leyendas que buscan explicar la existencia del tradicional árbol de Navidad. Una de ellas, también relacionada con un sacerdote, dice que hace 400 años, el fiel creyente que vivía en Ferreñafe, Perú, repartía comida, ropa y dinero a los más necesitados. 

Una día, el religioso admiró que la noche estaba muy hermosa, así que decidió colgar los alimentos y otros regalos en las ramas de un abeto que estaba cerca de una iglesia. De esta forma, los pobres podrían disfrutar de la celebración mientras se reunían bajo el árbol a interpretar cánticos sagrados. El gesto fue tan significativo que desde entonces el árbol se convirtió en el centro de las fiestas navideñas.

Árbol de Navidad
El árbol siempre debe montarse en familia

¿Europeo?

El árbol de Navidad tiene su origen en Alemania y Escandinavia en los siglos XVI y XVII. Surgió en las celebraciones paganas que se festejaban alrededor del 25 de diciembre, en Alemania, para celebrar el solsticio de invierno (la noche más larga del año). 

Los vikingos y demás pueblos acostumbraban a reunirse alrededor de una conífera alegremente decorada que ellos llamaban ‘Yggdrasil’. 

Su árbol de Navidad representaba el Universo. Colocaban en las ramas más altas al mundo de los dioses y en sus raíces al de los muertos. 

Esto siempre ha resultado una paradoja con respecto a las creencias cristianas, en esta religión se adoptó el abeto para recordar que Jesús vino a la Tierra para conseguir la reconciliación.

Árbol de Navidad
Lo que da sentido a estas fechas es llenarse de amor y felicidad

De generación en generación

Desde que nació esta tradición, los primeros árboles que se utilizaban para celebrar la Navidad eran pinos naturales. Posteriormente, se crearon los árboles artificiales. 

No obstante, sin importar que se trate de un árbol artificial o natural, lo cierto es que uno de los ritos indiscutibles desde que se celebra la Navidad es montar el arbolito en casa. Su decoración puede ser libre, ya que lo verdaderamente importante es adornarlo con amor y pasión junto al resto de la familia. 

Otro de los significados religiosos que le han dado al árbol de Navidad desde que se adoptó como símbolo de esta época es su representación del Paraíso, en donde se cuenta que Adán y Eva cayeron en la tentación al comer de los frutos prohibidos, dando origen así, al “pecado original”. 

Su forma triangular se atribuye a la Santísima Trinidad, mientras que sus colores hacen gala a las diferentes oraciones del adviento. El azul representa la reconciliación, el plata el agradecimiento, el dorado la alabanza y el verde la abundancia y naturaleza. 

La tradición de adornar los abetos se ha registrado en los principios de la historia, ya que los romanos decoraban un árbol con trocos de metal en la fiesta en honor a Saturno, el dios de la agricultura.


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