Actualmente, un alto porcentaje de los cánceres son curables si se detectan en etapas iniciales. Por ello, el diagnóstico temprano es clave, junto con los avances médicos, para una esperanza de vida a los pacientes.

Por Gabriela Xochiteotzin Peña

A sus 29 años, Liz Lavín fue diagnosticada con cáncer de mama después de que su novio le sintiera una bolita en uno de sus senos teniendo relaciones sexuales. Ella no le dio importancia pero fue gracias a la insistencia de él que acudió a hacerse una revisión y, después de algunos estudios, le confirmaron el diagnóstico.

Como cualquier chica de su edad, nunca se hubiera imaginado pasar por un cáncer de mama, sobre todo porque no tenía ningún factor de riesgo: no había antecedentes familiares, se había embarazado, tenía dos hijos a los que había amamantado, llevaba un estilo de vida saludable, no fumaba ni consumía alcohol y no presentaba obesidad.

Afortunadamente, el diagnóstico se dio en las primeras etapas de la enfermedad y gracias a ello no perdió su seno; su tumor de dos centímetros pudo atenderse adecuadamente y recibir el tratamiento que le salvó la vida.

El diagnóstico lo encaró con muy buena actitud y nunca pensó en morir, no pasó por su mente deprimirse o angustiarse, sobre todo por sus pequeños hijos.

Su tratamiento consistió en una cuadrantectomía: una técnica conservadora que consiste en extirpar un cuadrante completo de la mama, en la que también se extraen varios ganglios linfáticos de la axila con el fin de analizarlos y revisar si hay células cancerosas.

Asimismo, se sometió a seis sesiones de quimioterapia, la cual la dejó sin cabello durante seis meses, además de 25 sesiones de radioterapia durante un mes y, finalmente, una pastillita diaria de tamoxifeno durante cinco años.

El tamoxifeno es un bloquedor hormonal que se prescribe a las pacientes cuando los análisis del tumor demuestran que éste se alimenta de hormonas.

Liz reconoce que a pesar de enfrentar la enfermedad con el mejor ánimo, hubo días muy difíciles en que no podía ni siquiera levantar se de la cama, aunque lo que más le afectaba era no poder llevar a sus hijos a la escuela.

A nueve años de haber superado esa prueba, es ahora una sobreviviente de cáncer y, desde hace cuatro, dirige una organización de apoyo a mujeres con cáncer llamada “Oncoayuda”, que también busca crear una cultura de detección temprana de la enfermedad.

EL FACTOR MIEDO

Cuando hablamos de cáncer se nos estremece el cuerpo de solo pensar que pudiera llegar a nuestra vida. Para la mayoría de nosotras, la sola palabra nos produce miedo, nos aterra la posibilidad de padecerlo. Muy probablemente esa sea la causa por la cual nos resistimos a posibilidad de detectarlo y realizarnos el autoexamen y la mastografía anual.

En México, 70 por ciento de los casos de cáncer de mama se detecta en etapas avanzadas, cuando ya no hay un buen pronóstico para la paciente.

A nivel mundial, una de cada ocho mujeres tiene o va a desarrollar cáncer de mama en el lapso de su vida, es decir, que el 12 por ciento de la población femenina actual en el mundo va a presentar esta enfermedad; cada año se reportan un millón de nuevos casos, de los cuales aproximadamente la mitad ocurren en los países desarrollados y es en estos donde se registran la mayoría de las muertes por esta causa.

En México, los registros epidemiológicos muestran que el número de casos nuevos reportados de cáncer mamario va en aumento, así como la tasa de mortalidad por esta causa; actualmente, ocupa el primer lugar como causa de muerte por neoplasia maligna en las mujeres mayores de 25 años y es un grave problema de salud pública en nuestro país.

En cuanto a mortalidad no hay cifras exactas, pero se estima que 4 mil 500 mexicanas mueren anualmente a causa de esta neoplasia.

Como sobreviviente de cáncer, Liz considera que las campañas que se trasmiten por los medios de comunicación no son muy claras, ya que se habla de prevención, cuando el cáncer de mama no se puede prevenir, pero sí disminuir su riesgo. “Te dicen que vayas a hacerte tu mastografía para la prevención del cáncer. Pero la mastografía es para la detección oportuna, no para prevenirlo, entonces el juego de palabras confunde a la gente, no les está llegando el mensaje muy claro, y a la vez pues les da miedo porque dicen ¡híjole! qué tal si sale algo, ¿no? Entonces por muchas campañas que haya, las mujeres no están acudiendo a hacerse los estudios”.

LA IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO

Además del miedo, otro obstáculo que no favorece la detección oportuna del cáncer es que a muchas mujeres les da pena que las revise un doctor o los esposos les prohíben que las toquen, “que nadie te revise, y menos un doctor que sea hombre”.

Aunado a ello, los malos diagnósticos están ocasionando que el cáncer se detecte tardíamente, “doctores que no son especialistas, lamentablemente están diciendo a las chicas: ‘estás muy joven para tener cáncer, tómate un desinflamatorio y vete a tu casa’, y pasan meses y la bolita sigue creciendo y, como el cáncer no duele, se percatan que algo anda mal cuando presentan síntomas como un bulto o tumoración que se siente al tacto de consistencia dura; secreciones o hundimiento en el pezón, piel de la mama rugosa con apariencia de cáscara de naranja o deformidad de la mama.

El mensaje es que, actualmente, un alto porcentaje de los cánceres son curables si se detectan en etapas iniciales. Por ello, la autoexploración, la revisión médica y la mastografía son los pilares del diagnóstico temprano. Gracias a los avances médicos y a terapias innovadoras, los pacientes tienen esperanza de vida.

El cáncer plantea diversos escenarios que nunca imaginaríamos, pero ofrece un cambio de vida, una segunda o hasta tercera oportunidad de volver a empezar. De modo que cambiar la actitud es fundamental para actuar y tomar decisiones informadas, sensibilizar de manera positiva y aumentar la consciencia del autocuidado y de la familia. Recordemos que la detección oportuna del cáncer es nuestro único aliado, ya que mejora las posibilidades de recuperación y cura”, puntualiza Liz.

Las mujeres de todas las edades tenemos que estar pendientes de nuestro cuidado y de nuestra salud, quizá si intentamos quitarnos el miedo y responsabilizarnos de nuestro propio bienestar, podamos tener otra historia.

La genética del cáncer de mama no la podemos evitar, y es un factor importante investigar cuáles enfermedades han existido en la familia para tratar de tener mayor cuidado, porque varios tipos de cáncer son hereditarios.

IMPORTANTE TOMAR EN CUENTA

  • Las hermanas, tías e hijas de una mujer con cáncer de mama deben acudir periódicamente con el especialista para hacerse chequeos regularmente.
  • Si la mamá presentó cáncer de mama, sus hijas corren un riesgo, así que se recomienda empezar a cuidarse y hacerse chequeos unos cinco o diez años antes de la edad en que la mamá fue diagnosticada con cáncer.
  • Inicia la autoexploración a partir de los 15 años de edad, una vez al mes dos días después de haber terminado el periodo menstrual.
  • Si llegaran a sentir algo anormal, por ejemplo una bolita que aparece de repente, es recomendable realizarse un ultrasonido mamario para menores de 40 y para mayores de esta edad, la mastografía.
  • Actualmente, por la incidencia de cáncer de mama los médicos ya solicitan a las mujeres los dos estudios

 

CINCO MINUTOS,
UNA VEZ AL MES,
PUEDEN SALVAR TU VIDA:

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Entre el día 5 y 10 de tu ciclo:

  1. Frente a un espejo, con las manos abajo, luego arriba y finalmente en la cintura, observa en cada posición si no hay cambios de tamaño, textura, forma o hendiduras en tus senos.
  2. Con el brazo del lado del seno que vas a explorar detrás de la nuca, toca con la mano contraria en busca de cualquier bolita. Luego, cambia de lado.
  3. Recuéstate y recorre tus dedos 3 sobre tus senos en forma circular, radial y vertical.
  4. Finalmente, oprime los pezones 4 para asegurarte de que no salga ningún fluido.
  5. Si encuentras cualquier anomalía, acude inmediatamente a un especialista en oncología

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