“El año que cambió la tierra” es un documental maravilloso que encuentras en Apple TV, que muestra maravillosas imágenes de nuestro insólito mundo desierto del depredador más grande del planeta, nosotros, los humanos.

El encierro hizo que, mientras todos nos agobiábamos asustados sin saber qué iba a pasar, y preocupados por no infectarnos, contagiarnos o contagiar y morir, a partir de marzo del 2020 todos en todo el planeta permanecimos encerrados en nuestras casas por varios meses, muchos hasta un año o más, eran tan pocos los que tenían que salir, que hizo la diferencia en todo el mundo.

Se limpió el aire, al bajar la polución, los océanos, las selvas y los bosques descansaron del ruido y la contaminación que generamos, los animales comenzaron a aparecer en las calles como no lo habíamos visto nunca.

“En el momento en que paramos, la tierra pudo respirar de nuevo.”

Los vuelos bajaron un 90% en todo el mundo. En abril del 2020 hubo 114 millones menos de turistas internacionales que en el mismo mes del año anterior.

Los Ángeles, al paso de unos días, tuvo la mejor calidad de aire de los últimos 40 años. China, que tenía niveles muy altos de toxicidad en su medio ambiente, e India con altísimos niveles de contaminación, siendo de los países más poblados del planeta, en un par de semanas mostraron enormes diferencias en sus cielos y aguas. Lo que 30 años de smog ocultaba, se pudo ver. En India, después de 6 meses de encierro, el río Ganges mejora en un 80 % los niveles de oxígeno.

Las tortugas marinas, que están en peligro de extinción, al encontrar las playas desiertas, pueden poner sus huevos por primera vez en sus vidas, en paz logrando aumentar al 61% la cantidad de tortugas que llegan a las playas sin la interferencia del humano, a poner sus huevos. Y las tortuguitas que logran nacer y que por lo tanto son muchas más, hacen posible que la reproducción se logre y que más lleguen al mar con mayor posibilidad de convertirse en adultas.

Por otro lado, los océanos también han sido invadidos por el ser humano, y sin piedad los animales marinos tienen que compartir sus territorios con más de un millón de visitantes en cruceros por año, pero como los cruceros también dejaron de circular, se hizo 25 veces más silencioso de bajo del agua, generando una reacción de la fauna marina que fue sorprendente para los investigadores. Pudieron ver cómo aprovecharon esta pausa para restablecerse y lograr oportunidades de reproducirse con más éxito, y con más posibilidades de que las crías sobrevivan y lleguen a adultas.

Y por si fuera poco, hasta en las selvas, en donde se encuentran los animales más salvajes y peligrosos, hemos llegado con nuestra intromisión y agresión. En Kenia cada año hay más de 300,000 visitantes, (sin mencionar a los cazadores o los cazadores ilegales que matan a los rinocerontes o elefantes por sus colmillos.) que hacen visitas a las selvas para ver a los animales que ahí habitan. Entre los motores y las conversaciones de la gente, los radios y todo el ruido que sin consciencia hacemos, perturbamos las estrategias que algunos animales como el chita tienen que hacer para cazar y alimentar a sus crías, así que en estos meses de paro total, hasta ellos pudieron descansar de nosotros y desempeñar mejor sus medios de comunicación, ante el silencio, para llamar a sus crías. Antes del COVID, sobrevivía una cría de tres y ahora se ven más cachorros de más de tres meses, así que están optimistas en que haya más chitas adultas… ya que sólo quedaban 7000 chitas en África, así que esta reproducción más efectiva es muy valiosa para la especie.

En septiembre todavía más de 40 países tenían restricciones y había más de 3 mil millones de personas sin salir a la calle, sin eventos deportivos, sin conciertos, ni festivales, con restricciones de fronteras.

Todos los animales del planeta se han visto beneficiados con nuestro encierro, entre el terreno que les hemos arrebatado creciendo nuestras ciudades y obligándolos a recluirse más profundamente en las selvas o los bosques, y hasta en los mares, en esta gran oportunidad que les dimos se han alimentado mejor y han podido reproducirse con mayor efectividad, con posibilidades de sobrevivencia y desarrollo como hace mucho no se veía, hasta han salido a las ciudades haciéndonos saber que ellos nos tienen más miedo que nosotros a ellos.

Incluso nosotros gozamos de mejor calidad de aire, las emisiones globales de bióxido de carbono disminuyeron más del 6%, la caída más grande de la historia, así como el período subterráneo más silencioso que se ha registrado en la historia, hasta el suelo descansó de nuestro impacto.

¿Y luego…?

Ahora que podemos ser más conscientes que nunca del daño que generamos al planeta, que necesitamos aprender a respetar para convivir con todas las especies y restaurar el equilibrio que es indispensable para la coexistencia entre nosotros y la naturaleza.

Escuchar el mensaje que nos trae esta experiencia: paradójicamente, mientras se cuentan los niveles más altos de muerte ente los humanos por la pandemia, lo que nos ha encerrado es lo que ha permitido que todas las especies animales y el planeta mismo se recuperen. Escuchar y aprender nuevas formas de cohabitar con respeto y armonía con todos los seres con los que compartimos este maravilloso lugar, dando espacio a estas especies que requieren de nuestra capacidad maravillosa de ver más allá y poder reconocer nuevas formas de existir para vivir en armonía con ellos y entre nosotros que lo merecen y lo merecemos.

Ver todo lo que podemos aprender de esta enorme lección, le hemos llamado virus, pero creo que es algo más grande, es maestro, y si aprendemos el maestro nos deja. Así que aprendamos y crezcamos, por el bien de nosotros como humanos y de nuestro planeta, nuestro hogar.

Serie despertar y permanecer despierta

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