En 2023, un grupo de investigadoras del California Pacific Medical Center Research Institute hizo algo poco común: en lugar de estudiar células en una caja de laboratorio, tomaron biopsias reales del tejido mamario de mujeres sanas, sin diagnóstico de cáncer. Les pidieron que dejaran de usar durante 28 días sus productos de cuidado personal habituales —shampoo, crema corporal, maquillaje— y los sustituyeran por versiones libres de parabenos y ftalatos. Al final del mes, volvieron a tomar la biopsia.
Lo que encontraron, publicado en la revista científica Chemosphere, fue una reversión medible de los patrones de expresión génica asociados al cáncer en las células mamarias de las participantes, junto con una caída significativa de metabolitos de estos químicos en su orina. En menos de un mes, el cuerpo había respondido a un cambio de hábitos tan simple como cambiar de crema.
La pregunta que se desprende de ahí es: si el cuerpo reacciona en semanas a lo que dejamos de usar, ¿qué nos está diciendo sobre lo que usamos todos los días, durante años, sin pensarlo?
Qué son los disruptores endocrinos
Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de imitar, bloquear o alterar el funcionamiento normal de las hormonas del cuerpo —principalmente los estrógenos, aunque también afectan la tiroides y la testosterona. Según la Sociedad de Endocrinología, existen cerca de 85,000 químicos fabricados por el ser humano y se estima que al menos 1,000 podrían tener esta capacidad; solo una fracción mínima ha sido estudiada a fondo.
Los más citados en la literatura científica son los ftalatos (usados como plastificantes y ocultos bajo la palabra «fragancia» en las etiquetas), los parabenos (conservantes en cosméticos y algunos limpiadores), el triclosán (antibacterial en jabones y detergentes) y el BPA (bisfenol A, presente en plásticos y empaques). Se encuentran en shampoo, crema, maquillaje, desodorante, detergente, suavizante de telas, ambientadores y hasta en el empaque de los alimentos.
Una mujer promedio aplica alrededor de 12 productos de cuidado personal al día, lo que puede sumar más de 160 ingredientes distintos absorbidos por la piel, inhalados o ingeridos de forma involuntaria. Los hombres usan en promedio menos productos, pero no están exentos, como se verá más adelante.
Cáncer de mama: el caso mejor documentado
La relación entre disruptores endocrinos y cáncer de mama es, hasta ahora, la más estudiada y la que cuenta con evidencia más sólida.
Un estudio de cohorte publicado en 2024 en Environmental Health Perspectives, que siguió a mujeres negras, hispanas/latinas y blancas en Estados Unidos, encontró una asociación entre el uso de productos de cuidado personal durante la pubertad y la incidencia posterior de cáncer de mama. Investigadores de la Universidad de Miami, en un análisis publicado en 2025 en Ecotoxicology and Environmental Safety, describieron cómo los ftalatos —contaminantes ambientales omnipresentes— influyen en el inicio, la progresión y la metástasis del cáncer de mama, señalando que las mujeres jóvenes de entre 18 y 34 años están en mayor riesgo por su uso más intenso de productos capilares y de cuidado personal. Los propios autores advierten que hace falta cautela: muchos estudios de laboratorio usan dosis más altas que la exposición cotidiana real, y los estudios en humanos suelen basarse en muestras de orina de corto plazo que no reflejan el riesgo acumulado de toda una vida.
El hallazgo más contundente, sin embargo, es el que abre este texto: el estudio de Dairkee et al. (2023), publicado en Chemosphere, es el primero en demostrar —directamente en tejido mamario humano, no en cultivos celulares ni en animales— que reducir la exposición a xenoestrógenos revierte patrones moleculares asociados al cáncer en semanas.
Aquí conviene una pausa importante. Las participantes de ese estudio eran mujeres sanas, sin cáncer diagnosticado. Lo que se revirtió fueron marcadores de riesgo a nivel celular, no un tumor.
Esa distinción —reducir riesgo frente a curar una enfermedad ya instalada— es la que separa la ciencia seria de buena parte del contenido que circula en redes y portales de salud alternativa, donde es común encontrar titulares que prometen «revertir el cáncer de mama evitando productos». Ningún estudio serio respalda esa afirmación para personas con diagnóstico activo, y la FDA ha documentado extensamente cómo ese tipo de promesas puede llevar a alguien a postergar un tratamiento comprobado, con consecuencias graves.
Bebés y primera infancia: la ventana de mayor vulnerabilidad
Los fetos, bebés y niños pequeños son, por razones biológicas, el grupo más sensible a estos químicos: su sistema endocrino está en formación activa, y su piel y metabolismo procesan las sustancias de forma distinta a la de un adulto.
Un estudio de 2024, cubierto por NPR, encontró que el uso reciente de productos de cuidado personal —lociones, ungüentos, acondicionadores— se asocia con niveles más altos de ftalatos en niños pequeños. Estudios previos ya habían vinculado la exposición regular a estos químicos durante el embarazo y la primera infancia con impactos negativos en el desarrollo cerebral, problemas de comportamiento, y la posibilidad de que contribuyan a que las niñas tengan su primera menstruación a edad más temprana.
La exposición no termina con lo que se le aplica directamente al bebé. Un estudio realizado en China en 2024 confirmó que la leche materna es una vía primaria de exposición a disruptores endocrinos en recién nacidos, y un estudio de biomonitoreo en cabello, realizado con madres e hijos en Creta, encontró que los bebés tenían al nacer niveles más altos de triclosán que sus propias madres —aunque, en el caso de los parabenos, eran las madres quienes presentaban niveles más altos, lo que sugiere patrones de transferencia complejos según el tipo de químico.
La piel de bebés y niños pequeños es mucho más delicada de lo que imaginamos. Durante sus primeros años todavía está en desarrollo, pierde humedad con mayor facilidad y es más sensible a todo lo que entra en contacto con ella. Por eso, cada vez más mamás y papás ponen atención a los ingredientes de los productos que usan todos los días y buscan fórmulas de origen natural que cuiden su piel desde el primer baño.
¿Por qué importa lo que hay dentro del frasco?
Todos los productos están formulados de forma distinta. Algunos ingredientes comunes, como los sulfatos, las siliconas o ciertos conservadores sintéticos, pueden resultar agresivos para una piel que todavía está aprendiendo a protegerse. Por eso vale la pena elegir fórmulas suaves y pensadas para limpiar sin alterar el equilibrio natural de la piel.
Al mismo tiempo, las familias tienen hoy más información que nunca. Leer etiquetas, investigar ingredientes y buscar certificaciones se ha convertido en parte del proceso de compra para quienes quieren tomar decisiones más conscientes sobre el cuidado de sus hijos.
Naturales, sí, pero también efectivos: un ejemplo mexicano de productos que lo notaron
Durante mucho tiempo existió la idea de que elegir productos de origen natural significaba sacrificar efectividad o practicidad. Hoy eso está cambiando. Esa fue precisamente la inquietud que dio origen a OH!GANICS: encontrar productos realmente naturales, seguros y efectivos para el cuidado diario de la familia. Por eso, de la mano de expertos y con materia prima certificada por algunos de los principales organismos internacionales de cosmética natural y orgánica, la marca desarrolla fórmulas pensadas para responder a las necesidades reales de mamás, papás y niños.
Esa filosofía está presente en Bath & Play, el Shampoo & Gel de Ducha de OH!GANICS, formulado sin sulfatos, siliconas ni conservadores sintéticos. Su innovador gatillero en espuma facilita la aplicación del producto, ayuda a dosificar la cantidad ideal y convierte la hora del baño en un momento mucho más práctico, divertido y seguro para mamás, papás y niños.
«OH!GANICS nació porque, como mamás, no encontrábamos productos que nos dieran la tranquilidad de saber exactamente qué estábamos poniendo sobre la piel de nuestros hijos. Queríamos demostrar que era posible desarrollar fórmulas con ingredientes de origen natural, realmente efectivas y fáciles de integrar en el día a día. Hoy nos emociona ver que cada vez más familias buscan tomar decisiones más conscientes sobre el cuidado de quienes más quieren», comparten Regina Stacpoole y Stephania Zurita, fundadoras de OH!GANICS.
Cómo elegir mejor
Al momento de revisar la etiqueta de un producto para bebés o niños, algunas recomendaciones generales son:
- Evitar fórmulas con sulfatos agresivos, siliconas y conservadores sintéticos.
- Buscar productos elaborados con ingredientes de origen natural y materia prima certificada por organismos reconocidos de cosmética natural u orgánica.
- Verificar que el producto haya sido dermatológicamente probado antes de llegar al mercado.
Más allá de una tendencia, elegir productos con ingredientes cuidadosamente seleccionados es una forma de cuidar a quienes más queremos. Esa ha sido la filosofía de OH!GANICS desde el primer día: desarrollar alternativas seguras, efectivas y libres de tóxicos que acompañen a las familias y hagan más fácil su día a día.
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Perimenopausia y menopausia: lo que rara vez se nombra
La ciencia sobre disruptores endocrinos y menopausia es consistente, aunque menos conocida fuera de círculos especializados. Una revisión indexada en PubMed concluyó que la exposición a estos químicos se asocia con menopausia temprana, mayor frecuencia de bochornos, niveles alterados de hormonas esteroides y marcadores de reserva ovárica disminuida.
Un estudio con 5,700 mujeres encontró que quienes tenían las mayores concentraciones de ftalatos y PCB en sangre y orina llegaron a la menopausia, en promedio, 2.5 años antes que el resto. Otro estudio piloto, con 27 mujeres de entre 45 y 54 años, encontró que una mayor exposición a ftalatos se relacionaba con peor calidad de sueño y más despertares nocturnos —un síntoma que suele atribuirse únicamente al «reloj biológico natural», sin considerar el factor ambiental.
Andropausia: el ángulo que casi nadie cubre
Si hay un hallazgo que debería romper la idea de que los disruptores endocrinos son «un tema de mujeres», es este: un estudio de la Universidad de Michigan, publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism con datos del NHANES estadounidense, encontró una relación inversa entre exposición a ftalatos y niveles de testosterona en distintas etapas de la vida. En mujeres de 40 a 60 años, mayor concentración de ftalatos se asoció con una caída de 10.8% a 24% en testosterona. En niños de 6 a 12 años, mayores niveles de un metabolito del ftalato DEHP se relacionaron con una caída de entre 24% y 34.1% en testosterona.
El investigador principal, John Meeker, fue claro sobre los límites del hallazgo: al ser un estudio transversal no se puede afirmar causalidad directa, pero los resultados apoyan la hipótesis de que la exposición ambiental a ftalatos podría estar contribuyendo a la tendencia global de disminución de testosterona observada en las últimas décadas. Un estudio más reciente, de 2024, confirmó con modelos estadísticos de mezclas químicas que la exposición combinada a disruptores endocrinos se correlaciona negativamente con estradiol, testosterona total y el índice de andrógeno libre en hombres adultos.
Lo que sí está comprobado que funciona
Más allá de la asociación estadística, existen estudios de intervención real —donde se mide el cuerpo antes y después de un cambio de hábitos— y los resultados son consistentes y alentadores.
El estudio HERMOSA, realizado por la Universidad de California en Berkeley con adolescentes latinas de Salinas, California, pidió a las participantes sustituir sus productos habituales por versiones libres de ftalatos, parabenos y triclosán durante solo tres días. El resultado: una caída de 44% en metil y propilparabeno, 35.7% en triclosán y 27% en ftalatos de monoetilo, medidos en orina.
El Silent Spring Institute, en su estudio Taking Stock —realizado con mujeres negras y latinas en Los Ángeles—, encontró que quienes elegían productos sin fragancia tenían menos de la mitad del nivel de ftalato de dietilo en orina, comparadas con quienes no lo hacían. Investigación adicional del mismo instituto confirmó que las personas que evitan conscientemente productos con disruptores endocrinos etiquetados tienen niveles corporales significativamente más bajos de esos químicos.
El mensaje de estos estudios es claro: no hace falta esperar años ni cambiar de vida por completo. El cuerpo responde, y lo hace rápido.
La distinción que importa
A lo largo de esta investigación aparece un patrón: la evidencia científica real invita a reducir exposición, no promete curar enfermedad ya instalada. Esa es la línea que separa el periodismo de salud responsable de buena parte del contenido viral que circula sobre el tema —incluyendo artículos que prometen «revertir» el cáncer de mama con solo cambiar de productos, algo que ningún estudio serio respalda para una persona con diagnóstico activo.
| Grupo | Fuerza de la evidencia | Tipo de estudio dominante |
|---|---|---|
| Cáncer de mama | Alta (mecanismo + intervención en humanos) | Dairkee et al. 2023, cohortes |
| Testosterona / andropausia | Alta (consistente en múltiples cohortes) | NHANES, estudios transversales |
| Bebés y exposición prenatal | Alta (plausibilidad biológica + biomonitoreo) | Biomonitoreo madre-hijo |
| Perimenopausia / menopausia | Moderada | Cohortes, un estudio piloto pequeño |
| Autoinmunidad / Hashimoto | Emergente, resultados mixtos | Revisión sistemática con pocos estudios |
Qué se puede hacer con esto
La verdad es que pocos artículos de cuidado personal puede eliminar por completo la exposición a estos químicos —están, literalmente, en todas partes—, pero la evidencia de HERMOSA y Silent Spring demuestra que cambios pequeños generan resultados medibles en días, no en años. Algunas acciones respaldadas por la evidencia revisada:
- Leer etiquetas y evitar la palabra genérica «fragancia» o «parfum», que suele ocultar ftalatos.
- Priorizar productos etiquetados como libres de parabenos, ftalatos y triclosán.
- Sustituir productos de forma gradual, a medida que se terminan, en lugar de intentar un cambio total de golpe.
- Prestar especial atención durante el embarazo, la lactancia y la primera infancia, donde la ventana de vulnerabilidad es mayor.
- Recordar que esto es prevención y reducción de riesgo, no tratamiento: cualquier diagnóstico existente requiere atención médica, no solo un cambio de rutina de cuidado personal.
Fuentes consultadas
- Goldberg, M. et al. (2024). «Personal care product use during puberty and incident breast cancer among Black, Hispanic/Latina, and White women in a prospective US-wide cohort.» Environmental Health Perspectives, 132(2). DOI: 10.1289/EHP13882
- Tiburcio, D., Parsell, M., Shapiro, H. et al. (2025). «Endocrine disruption to metastasis: How phthalates promote breast carcinogenesis.» Ecotoxicology and Environmental Safety, 303:118874.
- Dairkee, S.H. et al. (2023). «Reduction of daily-use parabens and phthalates reverses accumulation of cancer-associated phenotypes within disease-free breast tissue of study subjects.» Chemosphere, 322:138014. DOI: 10.1016/j.chemosphere.2023.138014
- Revisión sistemática (2024-2025). «Endocrine disruptive chemicals (EDCs) and autoimmune thyroid diseases (AITD).» ScienceDirect.
- Bulus, A.D., Andiran, N., Kocer-Gumusel, B. (2019). «Oxidative stress markers, trace elements, and endocrine disrupting chemicals in children with Hashimoto’s thyroiditis.» Toxicology Mechanisms and Methods, 29(9): 633-643.
- «Does the environment affect menopause? A review of the effects of endocrine disrupting chemicals on menopause.» PubMed, 2023.
- Meeker, J.D., Ferguson, K.K. «Urinary Phthalate Metabolites are Associated with Decreased Serum Testosterone in Men, Women and Children from NHANES 2011-2012.» Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.
- NPR (2024). «Personal care products are linked to higher levels of hormone-disrupting chemicals in kids.»
- Ji, Y. et al. (2024). «Exposure and potential risks of thirteen endocrine-disrupting chemicals in pharmaceuticals and personal care products for breastfed infants in China.» Environment International, 192:109032.
- «Dynamics of Endocrine Disruptor Exposure in Early Life: A Mother–Infant Hair Biomonitoring Study.» Toxics, 2026.
- Harley, K.G. et al. (2016). «Reducing phthalate, paraben, and phenol exposure from personal care products in adolescent girls: findings from the HERMOSA Intervention Study.» Environmental Health Perspectives, 124:1600-1607.
- Silent Spring Institute. «Choosing safer personal care products can lower exposures to risky chemicals» (Taking Stock Study).
- FDA. «Los productos que afirman ‘curar’ el cáncer son un engaño cruel.»
Nota: este artículo tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye la consulta médica. Cualquier persona con un diagnóstico de cáncer, enfermedad autoinmune o trastorno hormonal debe seguir el tratamiento indicado por su equipo médico.
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