Voy a decirte algo que quizá ya sepas, o no… Las medallas a la mejor mamá no son de oro, sino de plástico pintado. Tampoco hay ninguna competición donde puedas ganarla, en realidad te las compran tus hijos o tu esposo, incluso puede que tu propia mamá, en un ataque de empatía, te regale una. Vamos, que no existe eso de la mejor mamá, es divina y humanamente imposible.

Esto no lo descubrí con mi primera hija, ni con la segunda, ni con el tercero. Lo descubrí cuando me harté de intentar ganarme esa maldita medalla y dije: “a la porra, nunca seré la mejor mamá”. Desde entonces vivo feliz, mis hijos agradecen mis aciertos y se burlan de mis desaguisados. Mi esposo aplaude los primeros y arregla los segundos. Al final, a día de hoy, me doy cuenta de que somos una familia sin medallas, mira por dónde.

Ella y yo

Pero hasta entonces he vivido fijándome en las mamás perfectas. Las que acudían a las clases preparto de su cuarto embarazo y yo que apenas fui al primero. En mamás con la canastilla completa en el hospital, y yo pidiéndole las babuchas (o pantuflas) a mi esposo porque apenas llevé unas braguitas de recambio. En mamás dando el pecho a sus mellizos mientras hablaban o veían televisión, mientras yo me atormentaba porque mi hijita me destrozaba los pezones. Ay, me fijaba en las mamás que salían divinas, a punto de photo call, mientras yo apenas me reconocía en el espejo del ascensor, donde me miraba por primera vez desde que rompí aguas.

Las supermamás eternas

Quizá pienses que eso solo ocurre al principio, cuando las hormonas hacen estragos, los entuertos te atormentan y no pegas ojo escuchando respirar a tu bebé. Inocente… Siempre verás más verde el césped del vecino. Siempre te fijarás en las supermamás y te preguntarás ¿cómo lo hacen? Lo que no sabes, es que otra mamá te está mirando a ti, preguntándose lo mismo.

Porque en esto de ser madre hay medallas para todas. Unas tendrán la medalla a la mamá más cool, capaces de ir divinas no solo ellas, sino toda su prole: peinados perfectos, zapatos limpios, ropa de moda, conjuntada ¡y planchada! Otras tendrán la medalla a la mamá más saludable, esas que siempre tienen fruta en la cocina, verdura fresca en la nevera, beben zumo recién exprimido y te preparan un smoothie cuando vas a su casa (y tú escondiendo los dulces industriales que le ibas a obsequiar). Unas más, la medalla a la mamá más divertida, esas que se apuntan a todos los juegos, que se tiran al piso con sus niños, que se columpian en los parques, que aplauden como locas en las actuaciones escolares. Y por supuesto, hay quienes se llevan la medalla a la mamá más cariñosa, la que siempre tiene la palabra adecuada, la que abraza a sus hijos hasta que se duermen, la que escucha atenta todos sus secretitos.

No hay mamás perfectas, hay mamás.

Tú serás una buena mamá, la única mamá para tu bebé. Algunos días tendrás la medalla saludable y otros la medalla cool o la juguetona. Allá donde decidas poner la energía te ganarás su medalla. Sin duda. Solo recuerda: no intentes hacerlo todo perfecto. No se puede, y además es imposible.

 

 

 

 

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