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Ni maestra de escuela, ni enfermera, ni ama de casa, ni madre: ninguna de las paradas habituales de las mujeres en los años setenta fueron el destino escogido por esta mujer nacida para revolucionar la interpretación del blues.

Por Albinson Linares

“No sé, yo solo quiero sentir tanto como puedo, es de todo lo que se trata el alma”, solía decir, y ese mantra personal, que aderezaba con drogas, excesos, larguísimas parrandas y recitales orgiásticos, propició las condiciones que conspiraron para lo que pasó el 4 de octubre. Se calcula que sucedió a la 1:45 de la madrugada, cuando se inyectó heroína de alta pureza y abandonó este mundo donde enloqueció a las multitudes con sus magníficos aullidos.

A la mañana siguiente John Cooke, administrador y representante de la banda Full Tilt Boogie, se enfiló al Landmark Motor Hotel de Los Ángeles, allí vio el Porsche pintarrajeado de la cantante, pidió que le abrieran su habitación y se encontró con lo indecible. La bruja blanca del rock, la madre pálida del blues, yacía echada sobre la cama deshecha con un brazo agujereado y el alma en fuga.

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Hinchado último adiós

Generosa hasta el final, “Pearl”, como también era conocida la intérprete, dejó en su testamento 2500 dólares para que todos sus amigos se emborracharan en su funeral. Dionisíaca hasta la posteridad, usó todo lo que tenía a mano para que la fiesta continuara.

Unas 200 personas recibieron invitaciones para la fiesta que decían: «Las bebidas son por Pearl«. El evento se realizó el 26 de octubre de 1970 en Lion’s Share, ubicado en San Anselmo, California. Contó con la presencia de su hermana Laura y amigos cercanos, como el artista del tatuaje Lyle Tuttle, el prometido de Joplin, Seth Morgan, Bob Gordon, y su mánager de gira John Cooke. Aparte de los tragos también se repartieron brownies mezclados con hachís.

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Nadie lo imaginó

Una vez leí la historia de una vieja cantante de ópera a la que un tipo le propuso matrimonio. Entonces ella lo llevó detrás del escenario, justo después de haber cantado con tremendo éxito. Mientras toda la gente la aclamaba, ella le mostró de qué se trataba este asunto de cantar, y le preguntó: ‘¿Tú puedes darme esto?’. Esa historia me llegó, viejo. Yo sé que ningún hombre me ha hecho sentir tan bien como un público”, le dijo Janis a Michael Lydon.

En general, todos sus amigos se sorprendieron con su deceso, porque muchos pensaban que Janis ya se había alejado de las drogas y no consumía nada. Estaba en la mejor época de su vida: en 1969 llevó a miles de personas a un éxtasis absoluto durante su mítico performance en Woodstock.

Lo que Janis logró en ese recital la convirtió en una leyenda viva del rock. Basta con recordar algunas de sus improvisaciones donde desnudó su alma: “Manéjame, Señor. No me dejes, por favor. Me siento tan inútil acá abajo, sin nadie a quien amar. A pesar de que he buscado por todos lados, no puedo hallar a nadie que me ame, que sienta mi cariño… Entonces, manéjame Señor, oh, ¡úsame, Señor! ¿Te puedo enseñar lo duro que es tratar de vivir cuando estás solo?”, imploraba en la canción “Work me, Lord”.

Todos los días trato de avanzar, pero algo me empuja hacia atrás. Algo está tratando de pararme. Por eso, no me olvides acá abajo, Señor, no no no no no, no me olvides, ¡Señor! No creo ser una persona excepcional acá en este mundo, lo sé muy bien. Pero no creo que vayas a encontrar a nadie, ni siquiera uno, que pueda decir que ha tratado como yo lo he hecho. Lo peor que pueden decir ustedes de mí es que nunca estoy satisfecha”, confesó en aquel concierto.

 

Verdadero frenesí

Su tercera y última banda fue The Full Tilt Boogie Band, que debutó en directo el 12 de junio de 1970 en Lexington, Kentucky. Esta agrupación solo incluía del anterior periodo creativo al bajista Brad Campbell y al guitarrista John Till, el sustituto de Sam Andrew en The Kozmic Blues Band. También estaban Richard Bell al piano, Ken Pearson al órgano y Clark Pierson en la batería. El nuevo grupo se fue de gira durante todo el verano con más de 40000 fans aplaudiéndolos en el concierto final.

Esto del éxito ha sido muy raro. Nunca había dicho ‘soy una cantante’. Solo era Janis; cantar era algo groovy que podía hacer sin comprometerme. Pero ahora miro alrededor, después de los cambios violentos que he vivido en el último año, y todo se ha vuelto tan surreal. ¿Viste la encuesta de Playboy? Mejores cantantes femeninas: Aretha Franklin, Dionne Warwick y luego yo. ¡Demasiado! Andar volando en aviones, chicos gritando, mucho dinero y gente comprándome tragos. Puedo entender 100 dólares, pero no 10000. Dinero era lo que siempre tenía en mi bolsillo. ¿Qué es esa cosa que está en los bancos? Hay una fantasía latente que de repente toma forma”, le comentó a Lydon en una de sus últimas entrevistas, como alusión del frenesí que vivía, que incluso podía hacerla ver la situación como deplorable.

Lo mejor de Janis se veía sobre el escenario.

Lo mejor de Janis se veía sobre el escenario.

Big Brother & the Holding Company (1967), Cheap Thrills (1968), I Got Dem Ol’ Kozmic Blues Again Mama! (1969) y Pearl (1971) fueron sus únicos álbumes de estudio. Sin embargo, desde su muerte no han parado de salir recopilaciones y discos con sus actuaciones en directo, que ya superan las 24 producciones.

Lo mejor de Janis se veía sobre el escenario. Elevó el nivel de la interpretación hasta topes nunca vistos, con un desgarramiento interior que sobrepasaba las necesidades del blues para convertirse en otra cosa. En esta cantante la necesidad de interpretar era el sinónimo de un rito, una ceremonia sonora, donde oficiaba cual sacerdotisa artística en medio de trances colectivos sazonados con anfetaminas, drogas psicotrópicas, opiáceos y, por supuesto, litros del whisky Southern Confort.

Simplemente sexual

Estoy muy metida en esto, realmente comprometida. O sea, no creo que en este momento pueda desviarme del camino de la música por ningún amor, ni cambiar mi vida por una vida con un hombre, sin importar qué tan bueno sea. Sí, es la verdad. Aunque da miedo decirlo, ¿no?”, aseguraba hacia el final de su vida.

Y sin embargo poco antes había experimentado las sutilezas del amor normal. En febrero de 1970, se fue de viaje a Río de Janeiro por el carnaval, con la firme intención de desintoxicarse. Buscaba descansar de las drogas más duras, como la heroína.

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Allí conoció a David Niehouse y se enamoraron. Cuenta la leyenda que estuvieron viajando unos meses por la selva de Brasil, emulando a los viejos beatniks en las carreteras rústicas, y al volver a San Francisco David se instaló en casa de Janis.

Niehouse cuenta en un documental que cuando la conoció estaba tan destrozada que no paraba de temblar. Tuve que abrazarla durante dos días hasta que se calmó”, explicaba. Lo malo es que ella no estaba hecha para la vida estable: llegó a decir, conmovida, que al lado de Niehouse “parecía una mujer normal”.

No entiendo cómo te fuiste…Y no entiendo por qué la mitad del mundo aún está llorando, cuando la otra mitad también sigue llorando. No lo puedo entender. Yo digo, si tuvieras un gato por un día, pero de verdad lo quisieras tener por 365 días, ¿no? Pero no puedes, y lo tienes solo un día. Pues yo te digo que más vale que ese único día sea toda tu vida. Porque, oh bueno, puedes llorar por los otros 364 días, pero vas a perder ese único día, y eso es todo lo que tienes. Tienes que llamar a esto amor. Eso es lo que es. Y si lo tienes hoy, ya no lo quieres mañana, porque ya no lo necesitas, porque, a decir verdad y como descubrimos a lo largo de la vida, el mañana nunca sucede. Siempre es el mismo puto día”, comentaba sobre el amor en su canción “Ball and Chain”.

Joplin se definía como alguien simplemente “sexual”, por lo que tuvo muchas parejas masculinas y femeninas a las que involucró en un sistema de orgías que muchos criticaban. Peggy Caserta, ex azafata de Delta Airlines que terminó siendo dueña de una boutique de ropa en Haight Ashbury, San Francisco, fue una de sus compañeras más célebres; ambas compartían un gusto pernicioso por drogas fuertes como la heroína.

Janis Joplin y Peggy Caserta

Janis Joplin y Peggy Caserta

Sin embargo, en sus días finales sobre la Tierra, se había enamorado de Seth Morgan, un joven estudiante de Berkeley que solo tenía 21 años de edad. Morgan asistió a una fiesta en el bar de los Hell’s Angels en San Francisco y conoció a Joplin, quien le atrajo de inmediato. Aparte de sus estudios, Morgan también era un traficante de heroína que con los años se convertiría en novelista.

Parecía que Janis había conseguido una rara estabilidad. Incluso había anunciado que se casaría con Morgan en 1970, y estaba planeando una enorme fiesta llena de músicos y artistas. “Todo el mundo tiene que conformarse con algo en algún momento. No se puede tener todo y no se puede continuar sin poner en peligro su vida entera. Sin embargo, no debes conformarte con menos de lo que te hace feliz. En lugar de elegir lo que creas que es mejor, ya sabes que tienes lo que necesitas cuando la felicidad llega”, repetía siempre que explicaba su filosofía de vida.

 

Janis Joplin y Seth Morgan

Janis Joplin y Seth Morgan

 

Último legado

En 1971, seis semanas después de su muerte, salió el disco Pearl, que fue un éxito rotundo y se mantuvo en el número uno de ventas durante 14 semanas. Como homenaje, se dejó el tema “Mercedes Benz” a capella, ya que fue la última canción que Janis grabó. También se incluyó la canción “Buried Alive in the Blues” solo con música, sin su voz.

El sencillo “Me and Bobby McGee”, compuesto por Kris Kristofferson (uno de sus viejos romances) y Fred Foster, representó su mayor éxito y ha sido la única canción de Janis Joplin que alcanzó el primer lugar del Billboard Hot 100, por toda una semana en marzo de 1971. Janis murió con solo 27 años, pero su leyenda perdura hasta nuestros días.

 

 

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