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El poderoso testimonio de Jennifer Brea que, a sus 28 años, descubrió que su cuerpo y su mente no andaban bien. Todo comenzó con una fiebre de 40 grados. Tres semanas después se comenzó a golpear contra los marcos de las puertas y para llegar al baño tenía que agarrarse de las paredes. ¿El diagnóstico? Desorden de conversión, antes conocida como histeria

“Llegaron a decirme que no estaba realmente enferma, que quizá estaba deprimida y que todo estaba en mi cabeza”

Los síntomas atribuidos a la histeria eran: conducta seductora, dependencia emocional, amistades platónicas, intolerancia, frustración e irritabilidad. Durante las crisis se exhibían sentimientos exagerados como crisis de llanto y síntomas como:

  • Dolor abodminal
  • Pesadez de extremidades y calambres
  • Palpitaciones
  • Fatiga y dolor de cabeza
  • Reir o llorar sin causa aparente
  • Pérdida de conciencia, desmayos
  • Temblores
  • Convulsiones

Brea estuvo durante casi dos años postrada en la cama sin salir más de diez minutos al día. Describe su condición en aquel entonces como la “prisión perfecta”.

“No importa el tipo de persona que hayas sido antes; te despoja de tu habilidad para ser parte de este mundo”.

Brea recuerda cómo todos estos pensamientos la hicieron reflexionar si alguna vez llegaría a ser madre“Si eres contable, de repente no puedes sumar ni restar. Si eres madre, no puedes criar a tus hijos como te gustaría. Si eres atleta o una profesora, tu profesión se vuelve imposible“.

Pero la enfermedad no solo le afectó a ella, también a su marido Omar Wasow. “La persona de la que me enamoré se estaba desvaneciendo delante de mis ojos”, recuerda.

A Brea esto le causaba una culpa enorme, pero su pareja aprendió a verle el lado positivo. “Lo que obtengo de esta relación es su compañía. Su mente es tan brillante e interesante como antes”.

Las mujeres son cuatro veces más propensas a sufrirla que los hombres.

Conoce su historia…

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