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Por: la Psicoterapeuta Ariadna Pulido

Si bien cuando nos toca ser víctimas de una infidelidad el mundo se nos viene abajo y lo experimentamos como un trauma muy difícil de superar. Pero, por otro lado, las estadísticas indican que por lo menos, la mitad de las personas ha llegado a ser desleal de una manera u otra a su pareja, o al menos a fantaseado con ello.

Algo muy común

La infidelidad tiene la particularidad de ser, al mismo tiempo, extremadamente común, terriblemente devastadora y, por si fuera poco, un tema tabú del que no se habla sino hasta que ya ha provocado un gran daño. Es necesario entender que vivimos en una sociedad que fomenta la infidelidad de mil formas y hay que atrevernos a enfrentar el problema de manera preventiva, antes de que cause estragos.

La gran pregunta aquí es ¿qué nos lleva a la infidelidad?

1.- Los seres humanos tenemos una tendencia natural a la aventura

Cuando somos pequeños, tenemos gran necesidad de sentirnos protegidos y a salvo, pero también aparece una tendencia cada vez más marcada hacia la exploración, la experimentación y la novedad.

Dependiendo del estilo de apego que desarrollemos en nuestra infancia, nos resultará más o menos complicado vincularnos en relaciones de pareja exclusivas en nuestra edad adulta. Algunas personas valorarán por encima de todo la seguridad de una relación monógama y les será relativamente sencillo evitar las tentaciones, y para otras puede ser todo lo contrario.

Esta ambivalencia entre lo familiar y lo novedoso está presente en mayor o menor medida en cada uno de nosotros. Si bien se trata de impulsos muy contradictorios, cuando una persona inicia un romance extramarital o una relación paralela a la principal, durante algunos meses siente que ambas necesidades están resueltas, y eso, quizá más que la infidelidad en sí misma, es lo que resulta tan atractivo y tan placentero de las aventuras.

2.- Es difícil que una persona cubra todas nuestras necesidades sexo afectivas

Hoy en día, esperamos que nuestra pareja sea nuestro mejor amigo, el amante perfecto, el papá o mamá sustituto que nos cuida cuando estamos vulnerables, el socio que necesitamos en nuestro proyecto de vida, nuestro confidente más confiable y un largo “etc.”. Sin embargo, nadie puede cubrir por sí mismo todas nuestras necesidades interpersonales: ni es humanamente posible ni es justo que lo exijamos.

Existen algunas cosas que decidimos compartir exclusivamente en pareja, pero hay muchas otras que sólo pueden experimentarse cuando nutrimos con el mismo empeño y dedicación nuestros lazos familiares y de amistad. Sin embargo, cuando la pareja se ha centrado demasiado en sí misma, la sensación de que algo falta comienza a hacerse cada vez más fuerte y es fácil que ante alguien externo que cubre una de nuestras necesidades latente, sintamos una atracción prácticamente incontrolable.

3.- Vivimos en un “doble discurso”

Aunque por un lado la sociedad aparentemente desaprueba la infidelidad, por otro, la motiva frecuentemente, especialmente en los varones, ya que en ciertos círculos lo que está mal visto es que un hombre “desaproveche” cualquier oportunidad de estar con una mujer atractiva. Así, el tema del engaño a veces ni siquiera tiene que ver con que se sienta una particular atracción hacia otras personas, sino en querer demostrar la hombría de manera compulsiva.

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4.- Puede ser una manera inconsciente de “tomar venganza”

Otra posibilidad que se conjuga con las anteriores es que la infidelidad se de como resultado de un deseo consciente o inconsciente de venganza hacia nuestra pareja. Puede derivarse, paradójicamente de una sospecha no confirmada de que nos está siendo infiel también, o de algún enojo reprimido, como que no nos ponga suficiente atención o que no cumpla nuestras expectativas en términos sexuales, económicos o afectivos.

En situaciones así, también tenemos aventuras para volver a sentirnos deseados, valorados y atendidos, aunque de ninguna manera sea nuestra intención hacerle daño colateral a nadie.

5.- Porque repetimos patrones de nuestra infancia

Finalmente, cabe recordar que aprendemos a relacionarnos desde muy pequeños a partir de la observación y de la imitación y si en el seno familiar hemos aprendido que la infidelidad es algo inevitable, entonces tendremos mucho mayor riesgo de caer en conductas similares pues vendremos de una especie de desesperanza aprendida, es decir, no nos esforzamos por seguir siendo fieles ni por arreglar lo que no funciona en nuestra relación actual, porque sencillamente en el fondo creemos que tal cosa no es posible. 

Como puedes ver, hay más de una razón por la que llegamos a ser infieles, pero también existen muchas razones de peso para hacer todo lo que esté en nuestras manos por tener relaciones más saludables y sinceras.

Debemos aceptar que somos seres humanos y que en ocasiones engañar no significa que ya no amemos a nuestra pareja o que lo hayamos hecho con intención de lastimarla, sino que hay algo que falta en nuestras vidas de manera inconsciente, y sin embargo tiene la fuerza suficiente como para orillarnos a traicionar a quien más queremos.

Es nuestra responsabilidad realizar un balance objetivo de lo que tenemos y lo que nos falta y buscar la plenitud personal de maneras que no lastimen a quienes han confiado en nosotros. En ocasiones, este análisis nos hace ver que no estamos con la persona adecuada sino aferrándonos a un modelo de relación que en el fondo no nos hace felices o incluso que necesitamos la ayuda profesional de un terapeuta. Sea como sea, aprender a conocernos y ser honestos con nosotros mismos y con los demás siempre será lo más importante.

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