“No es el veneno el que te matará, sino el miedo a que no haya cura”.

Esa frase que leí en algún post de Instagram y me hizo mucho sentido, hoy en día le tememos tanto a ser víctimas del Covid-19 que ya siente una que le tocan la marcha fúnebre si sales positiva.

Mientras escribo esto paso por mi tercer semana de recuperación (y la última según el ciclo del virus), puedo decir que soy una persona afortunada, mi único síntoma fue la pérdida de los sentidos del gusto y del olfato, toda una nueva experiencia. Les confieso que a veces no sé si mi cuerpa se está adaptando a la ausencia de sabores y olores o si está desesperada por no percibirlos. Quizás ambas.

Sin embargo y aunque me fue muy bien en los días más difíciles de la enfermedad, quiero escribir este texto para compartir algunas de las enseñanzas que me ha brindado el portar este virus.

La heroína de la historia

La primera y más importante es la apreciación profunda de mi cuerpa, maravillosa vehículo biológico tangible que nos da a todes la oportunidad de experimentar el mundo a través de los sentidos. Sé que ella se la rifó librando una batalla interna, sacó toda su fortaleza para defenderse, para defenderme, hizo armas todo lo que tenía a la mano (y tiene) y a su alcance para combatir al SARS-CoV-2 y que éste no dominara mi sistema inmune. Realmente a partir de esta vivencia contemplo y aprecio, en todo el sentido de la palabra, a mi cuerpa. Cuán equivocada he estado antes al reprocharle no ser “ideal” carecer de esto o verla sobrada de lo otro, cuánta superficialidad y castigo le impuse en el pasado. Me arrepiento, le pido disculpas, la abrazo, la apapacho, respeto sus alcances y sus límites, le digo lo perfecta que es y lo mucho que la amo y le agradezco por mantenerme sana y viva.

La mente en equilibrio

Como dice la frase que les compartí arriba, hay mucha verdad en el hecho de que estar padeciendo Covid-19 te trae un estado de ánimo de expectativa y ansias, yo me mantuve con mis meditaciones constantes, hice ejercicios de pranayama (regulación de la respiración del Yoga) y ocupé la mente en otras cosas. Lo cierto es que decidí no comunicárselo a muchas personas (solo a quienes había visto días anteriores, por responsabilidad con ellos, a mis amigos más cercanos y a familia directa), pensé y comprobé que se alarman, comienzan a darte miles de recomendaciones y comentar contigo varios casos fatales. Sí, dicha reacción es bien intencionada, sin embargo puede generar ansiedad en la persona enferma y lejos de serle de ayuda, deprime a su organismo, lo llena de miedo y el temor puede traernos ideas y sensaciones nada beneficiosas. Lo mejor es reservarse para en la medida de lo posible estar bien interiormente y manejar con la mente en equilibrio los síntomas que aparezcan.

Soy amor, soy amada

El tercer aprendizaje que tuve fue el apreciar mi comunidad. Como les comenté, a las pocas personas a quienes les dije sabía que podía contar con ellas para lo que se ofreciera y así fue. Si algo nos ha quitado esta pandemia es la cercanía física con nuestros cercanos: se llevó los abrazos, nos limitó las interacciones y la oportunidad de socializar cara a cara.

Nosotres, como casi todes los animales, requerimos de un sentido de pertenencia comunitario, de sabernos parte de un clan, de sentirnos querides por quienes nos rodean y mejor aún, vernos ayudades en momentos de necesidad para poder ejercer la reciprocidad o pagarlo más adelante con alguien más.

Gracias infinitas a quienes me acompañaron en mi aislamiento, por contradictorio que se lea, aún en la distancia física podemos encontrar formas positivas de estar presentes. ¡Les amo!

#GoVegan

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