Salud mental materna

Hay una pregunta que muchas madres nos hacemos en silencio, casi siempre al final del día, cuando por fin se apaga el ruido de la casa y queda solo el eco de los pendientes: ¿qué tipo de madre soy? y algunas como yo, madres por elección. Esta nota sobre salud mental materna está basada en una experiencia real, ¡no puedes perdertela!

No es una pregunta ligera. En mi caso, muchas veces llega acompañada de una lista mental de momentos que siento que pude haber hecho mejor: la paciencia que se agotó antes de tiempo, el mensaje del trabajo que respondí mientras mi hijo me hablaba o ese día en que el cansancio simplemente ganó y la energía no alcanzó para todo.

Crianza consciente

Crianza consciente

Salud mental materna, ¿de qué va? 

La maternidad, a diferencia de muchos otros roles en la vida, parece venir con una expectativa silenciosa de perfección. Una expectativa que pocas veces se dice en voz alta, pero que está presente en la cultura, en las conversaciones y, sobre todo, en nuestra propia mente. La idea de que una buena madre puede con todo: con el trabajo, con la casa, con las emociones de sus hijos, con las propias… y además hacerlo con una sonrisa.

Pero la realidad, al menos para mí, es otra.

Ser madre no elimina el cansancio, ni la incertidumbre, ni las dudas. Tampoco cancela la necesidad de descanso, de apoyo o de espacio personal. Durante mucho tiempo sentí que admitirlo podía interpretarse como una debilidad, cuando en realidad es algo profundamente humano.

La culpa materna suele aparecer justo en ese punto de tensión entre lo que creemos que deberíamos ser y lo que realmente podemos sostener.

Y es ahí donde la conversación sobre salud mental se vuelve indispensable.

En México, esta conversación también tiene una dimensión social enorme. De acuerdo con datos del INEGI y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en el país viven 38.5 millones de mujeres de 15 años y más que son madres. De cada diez mujeres, tres son mamás y además jefas del hogar, lo que representa alrededor de 11.5 millones de mujeres que no solo cuidan, sino que también sostienen económicamente a sus familias.

Autocuidado

Autocuidado

Hablando de las madres en México

Detrás de esa cifra hay realidades muy distintas. El 46.5% de las madres en México están casadas, el 20.5% vive en unión libre, el 12% son viudas, el 10.4% son solteras, el 7.5% están separadas y el 3.1% divorciadas. Es decir, no existe una sola forma de ser madre, aunque muchas veces la sociedad siga esperando un modelo único.

Durante años, hablar de salud mental en la maternidad se redujo a los momentos más críticos, como la depresión posparto. Hoy entiendo que el tema es mucho más amplio. También está en el estrés constante, en la sobrecarga emocional, en la presión por cumplir con múltiples roles y en esa sensación permanente de evaluarnos a nosotras mismas.

No creo que la solución sea dramatizar la maternidad ni convertirla en una narrativa de sacrificio permanente. Tampoco romantizar el agotamiento como si fuera una medalla de honor.

Para mí, el punto de partida es reconocer algo más simple y más poderoso: las madres también somos personas completas, con límites, emociones, aspiraciones y procesos propios.

He aprendido que cuando una madre cuida su salud mental no está fallando en su rol. Al contrario, está fortaleciendo la base desde la cual puede acompañar a otros.

Por eso, con el tiempo, la pregunta dejó de ser “qué tipo de madre soy” en términos de perfección y se transformó en algo mucho más útil: ¿desde qué lugar estoy criando?

  • ¿Desde el agotamiento permanente o desde un equilibrio más realista?
  • ¿Desde la culpa o desde la conciencia?
  • ¿Desde la autoexigencia absoluta o desde la capacidad de aprender y ajustarme?

La maternidad no es un examen que se aprueba o se reprueba todos los días. Es un proceso vivo, imperfecto y profundamente humano.

Y quizá una de las decisiones más valientes que puedo tomar como madre es permitirme responder esa pregunta con honestidad, sin castigo interno.

No para encontrar una etiqueta perfecta.

Sino para recordar que ser una buena madre no significa hacerlo todo bien, sino estar presente, aprender en el camino y cuidar también de quien cuida.

Maternidad real

Maternidad real

El mito de la madre autosuficiente: ¿Quién cuida a la que cuida?

Si aceptamos que la maternidad no es un examen de perfección, el siguiente paso lógico es derribar uno de los muros más pesados que hemos construido: el de la autosuficiencia absoluta. Culturalmente, nos han vendido la idea de que «madre solo hay una», pero esa frase, que pretende ser un homenaje, se ha convertido a veces en una condena de aislamiento. Nos hace creer que pedir ayuda es ceder el trono, cuando en realidad es ampliar el reino.

En un país como el nuestro, donde millones de mujeres sostienen el hogar económica y emocionalmente, la palabra «autocuidado» a veces suena a lujo o a concepto de revista de spa. Pero el autocuidado en la maternidad no es una mascarilla facial los domingos; es el ejercicio radical de poner límites y de reclamar espacios de identidad que no tengan que ver con ser «la mamá de».

De la supervivencia al disfrute

Es momento de cambiar la narrativa del sacrificio por la del deleite. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por el simple placer de hacerlo, sin que eso beneficiara directamente a tus hijos o a tu casa? Recuperar el hobby abandonado, la caminata en silencio o el café con amigas no son «escapes» de la maternidad, son las recargas necesarias para que el lugar desde el que criamos no sea el de la carencia, sino el de la abundancia emocional.

Bienestar emocional

Bienestar emocional

La urgencia de la tribu moderna

Ninguna mujer fue diseñada para maternar sola. Las cifras de salud mental en México nos dicen que el agotamiento (burnout) materno florece en la soledad. Por eso, el acto más valiente —y quizás el más político— que podemos hacer hoy es construir o fortalecer nuestra tribu. Validar nuestras emociones con otras madres, admitir que «hoy no puedo con todo» y permitir que otros ocupen ese espacio de cuidado.

Cuidar de nosotras no es un acto de egoísmo, es un acto de responsabilidad hacia nuestros hijos. Porque, al final del día, lo que ellos necesitan no es una madre perfecta que nunca se cansa, sino una madre real, que se respeta a sí misma, que conoce sus límites y que, sobre todo, está bien. Porque solo cuando la que cuida está a salvo, el cuidado es verdaderamente transformador.

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Salud mental materna

Salud mental materna

Fuente: Mel, modificado por Mariel Gadaleta


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