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A mí me pasa como al demonio, ¿no?… que más sabe por demonio que por viejo”. Es una de las frases con las que el diseñador de moda Roberto Verino se describe cuando hace referencia a sus experiencias en este medio.

A sus 40 años de ejercicio, lo que más destaca de su personalidad y pensamientos, es la importancia que hoy le da al tiempo. Una realidad que cada vez más afecta a todos en la industria del vestir. Es decir, encontrar un poco de coherencia en la forma como las firmas de moda se han dejado llevar por una estrategia comercial que viene siendo empleada de años atrás, y que ahora no está dando la talla para los consumidores, a quienes Verino dedica principalmente su atención, pues argumenta que todo se debe a ellos, incluso los medios de comunicación.

 

 Tiempo de costuras

Hay una inmediatez en la producción de moda que empieza a preocupar a los diseñadores, y este es un punto en el que Roberto tiene una opinión muy lógica –tal y como es él-. Es que incluso agradece que cada vez haya más firmas famosas que se preocupan por este asunto; como él mismo menciona, “firmas como Tom Ford, Burberry, mucha gente empezó a decir: es que de verdad no tiene nada de lógica”.

Se va perdiendo la magia, la expectación sobre lo qué vendrá de nuevo para la próxima temporada, cuando se exhibe una colección que luego va a ser usada medio año después. De hecho, él lo describe incongruente: “ofrecer seis meses antes algo que el consumidor, que gracias a los nuevas tecnologías lo ve, lo quiere, que le tengas que decir “espérate”, se desvista… y ya no hay sorpresa…”.

La estrategia comercial que hoy emplean los diseñadores para entregar su producto, tiene más que ver con una realidad de otras décadas que se pierde en esta nueva era. Cuando un diseñador entregaba una colección en el siglo pasado, se ajustaba a las estaciones del año de cada continente. Lo que ahora no encaja es la inmediatez con la que los medios hacen vivir al mundo entero, y es de lógica que esto no se ajuste a ese viejo ritmo.

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Este es el tipo de temas que preocupa a Roberto, por lo que propone que todos deben concentrarse en a quién se deben todos, incluso los medios. Y la respuesta es: el consumidor. Porque no sirve de nada comercializar una colección de otoño-invierno en marzo: “¿para qué? ¿para guardarla en el armario?” pregunta Verino, muy oportuno.

Ahora bien, ¿qué propone? Que las firmas presenten sus colecciones en los meses correspondientes, y que entreguen a los medios las estrategias informativas que sirvan a sus intereses. Y como él lo llama, es un cambio sustantivo, pero en definitiva hay que renovarse.

El “Producto”

De esta forma denomina Verino su ropa, porque más allá de la innovación que busca como cualquier diseñador, la funcionabilidad forma parte de sus principios. Así, siguiendo las nuevas ideas que propone para hacer el cambio deseado, él salió de la semana de la moda de Cibeles, y es de los pioneros en hacer entrega de su última colección a través de la tienda OnLine de Liverpool, para hacer real esa inmediatez que idealiza para sus clientes.

Mientras, el principio que domina el estilo de Roberto Verino es que “cada prenda tiene una identidad propia”, como un perfume, que nunca tiene el mismo tono en cada persona. De un estilo atemporal, busca que sus piezas sean una expresión de tu interior, porque “la belleza está en el alma, la mejor belleza. Además que, fiel a sí mismo, sus exigencias en la calidad, hacen que sus diseños tengan una pulidez brillante, como si el saco naciera y no fuera el resultado de un proceso creativo. También explica que “si mi producto no se ve en la calle, la respuesta es negativa.

Diamante 

Así como busca ser coherente en su trabajo como diseñador de moda, consecuente con la idea de que no se debe “bombardear de forma ilógica el mercado”, así concibe Roberto Verino su línea de perfumes, conformada por la trilogía Diva, Bouquet y Daimon. Esta última es una fragancia que busca brindar identidad a esa mujer fuerte que idealiza Verino, con mucha personalidad, libre y sensual.

En cuanto a su creación, esta sigue un proceso lógico. Inicialmente aprovecharon el frasco con el que se identifica esta línea, el diamante, encumbrando la pirámide con esta última pieza. Y como todo lo que explica Roberto, bajo un proceso racional, esta fragancia tuvo dos años de concepción, la cual da comienzo en una primera etapa con un análisis, que sumará a la nueva idea lo que antes se ha venido haciendo de otros proyectos.

Finalizando con la segunda etapa, en la que los profesionales perfumistas dan un cuerpo y una personalidad a este nuevo perfume. “…se ve un perfume con cierto… a priori, grado emocional. Y bueno, creo que hemos apostado por algo que va a tener, sin duda alguna, muchísimo éxito. Yo estoy convencido de ello”.

Mujeres y vino

¿Quién se parece a quién? Para Roberto, son las cepas de las uvas las que se parecen a las mujeres, porque mientras más años pasan, mejor se ponen. Pero él admite que hasta ahora ha corrido con una gran suerte en esta área. ¿Por qué? De la forma en que lo ve, tiene toda la razón. Como buen vinicultor, entiende que hay un prueba inequívoca que se somete a la mayor disciplina que existe, porque se tiene que ser consecuente con una climatología, que te afecta para positivo o para negativo. “En el vino, tú eres consecuencia del cielo y de la tierra, y según la naturaleza te quiera premiar o no, la respuesta es lo que es”. Más explícitas sus palabras, imposible.
Como diseñador, Verino busca seducir a través de todos los sentidos. Con el vino, el gusto, su color, la vista, la caída, el tacto. “Al final estoy aportando sensaciones. Y aunque no tengan nada que ver –el vino y la ropa-, son complementarios”. De allí viene esa necesidad que lo impulsó a tener su propio viñedo, Terra do Gargalo. Y cómo él mismo dice, “hay personas que pueden disfrutar de Roberto Verino, vistiendo nuestras ropas, llevando nuestro perfume, o probando sus vinos”.

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Por Cristina Rey, Alex Velázquez y Lid Barrientos

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