Sol Romero ha pasado gran parte de su vida moviéndose entre mundos. Nacida en la Ciudad de México, con herencia mexicana y suiza, ha construido una carrera internacional como actriz, cantante y mujer creativa, con una vida marcada por los viajes, la familia, el arte y la reinvención.
Ahora, Sol entra en una nueva etapa a través de la fragancia.
Su casa de perfumes, Solveig Romero, no es un proyecto de celebridad creado desde la distancia. Es algo mucho más personal. Después de completar un año de formación profesional en perfumería y obtener su certificación con distinción, Sol comenzó a desarrollar su propio universo olfativo con la misma disciplina y emoción que han guiado su trabajo en el cine y la música.
Para Sol, el aroma siempre ha estado conectado con la memoria. Creció rodeada de fragancias, y algunos de sus primeros recuerdos están ligados a lo que aprendió de su abuelo sobre el aceite de rosa. Él tenía su propio método para extraer rosa con hielo, y ese conocimiento temprano se quedó con ella. Con el tiempo, Sol refinó lo aprendido, pero la conexión emocional siguió siendo la misma: la fragancia como algo íntimo, vivo y profundamente personal.

Ese sentimiento está en el centro de Solveig Romero.
La marca se encuentra actualmente en desarrollo, con fórmulas creadas en colaboración con casas perfumistas en Suiza y Bulgaria. La dirección creativa de Sol une dos partes de su identidad: la calidez y el instinto de México, y la precisión y estructura de Suiza. La frase Hecho en México no es simplemente una etiqueta para ella. Es un punto de origen, un recordatorio de dónde comienza el corazón emocional de la marca.
Uno de los materiales más importantes dentro de la colección es la vainilla. Sol ha trabajado con un ingrediente de vainilla personalizado, desarrollado exclusivamente a través de una de sus colaboraciones con casas perfumistas. Pero para ella, la vainilla no es solamente dulce o familiar. Es suave, cálida, envolvente y llena de posibilidades. Puede ser reconfortante, sensual, elegante o nostálgica, dependiendo de cómo se use.
Sol Romero y su proceso creativo
Su proceso es intuitivo. Antes de comenzar a componer, Sol suele pasar días pensando en una sensación, un recuerdo o un estado de ánimo. Cuando finalmente se sienta con sus materiales, puede oler 20 o 30 aceites lentamente, buscando aquel que coincida con la emoción que quiere capturar. A partir de ahí, construye la fragancia capa por capa.
Algunas de las fragancias actualmente en desarrollo forman parte de un lenguaje de nombres construido alrededor de la palabra Reina. Nombres como Reina de México y Reina de Egipto no sugieren una realeza literal, sino presencia, identidad y atmósfera.
Cada fragancia se imagina como un mundo propio, conectado con un lugar, una emoción y un estado mental.

Sol también quiere que la marca se sienta personal visualmente. Se espera que el arte de su hija, Elina, forme parte de la identidad de la marca, sumando un elemento familiar a un proyecto que ya está profundamente marcado por la herencia y la memoria.
Lo que hace diferente a Solveig Romero es su ritmo. En un mundo de belleza muchas veces impulsado por lanzamientos rápidos y visibilidad instantánea, Sol se está tomando su tiempo. Está probando, refinando, aprendiendo y construyendo la casa de adentro hacia afuera.
Su objetivo no es simplemente crear un perfume que alguien use una vez. Es crear una fragancia que permanezca. Algo que cambie un estado de ánimo, despierte una memoria o haga que una persona se sienta más conectada consigo misma.
Para Sol Romero, la fragancia no es solo belleza. Es identidad, emoción y una forma silenciosa de arte.
Sigue a Sol Romero: @solromeroofficial
Fotos: Elina Campbell cortesía de MWPR
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